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domingo, 12 de octubre de 2025

2° ESPECIAL DE HALLOWEEN 2025: El Proyecto Abigail

ATENCIÓN: La presente publicación es la segunda de cuatro Especiales de Halloween. ¡Disfrútenla!

En los rincones más secretos de la historia, donde la ciencia se mezcla con la ambición y el miedo, nacen relatos que parecen advertencias, siendo el Proyecto Abigail, uno de ellos. No importa si fue real o no: lo que importa es lo que revela sobre nosotros como especie, lo cruel que podemos llegar a ser por ir más allá, por una obsesión. Esta reveladora historia contará como nació un monstruo, no de la naturaleza sino de la crueldad humana.

Se cuenta que después de la Segunda Guerra Mundial y en pleno inicio de la Guerra Fría, los científicos a cargo de algunos experimentos en ambos bloques en disputa; Estados Unidos y la Unión Soviética se obsesionaron por dar los mejores resultados para que ganara su nación. Entre el enfrentamiento social, ideológico, militar y propagandístico, los investigadores de Norteamérica continuaron con uno de los proyectos secretos que en medio de la Segunda Gran Guerra quedó engavetado, y fue la creación de personas súper poderosas a nivel bélico. Para ello, fueron reunidos muchos científicos de varias nacionalidades, y eso incluía a académicos nazis que se pusieron a la orden de los Estados Unidos con el fin de ser indultados a cambio de ofrecer sus servicios y descubrimientos a la poderosa nación.

Entre ellos, se encontraba el científico noruego llamado Albert Western, un hombre conocido por ir más allá en sus proyectos y que decían en informes oficiales, que poseía poca humanidad, si se trataba de experimentar con animales, incluso humanos cuando aportaba sus conocimientos en ayuda a la organización paramilitar nazi Schutzstaffel. Sus experimentos con la genética podrían funcionar en lo que se buscaba, en los campos de la nueva tecnología. El objetivo militar era probar los límites del cuerpo humano en condiciones extremas, buscando crear una especie de súper soldado o entender la resistencia biológica más allá de lo natural. Albert se lo tomó como siempre, de manera personal. Debía ser el primero en hacer que el objetivo se alcanzara y más aún, que se tomara en cuenta su nombre finalmente por el logro de algo asombroso y famoso. Así pues, llegó al escenario su hija: Abigail Western, la cual sería la protagonista en su proyecto personal.

Abigail era una joven chica rubia de 20 años, de ojos azulados y piel caucásica que vestía ropa elegante y poseía gustos refinados para la cocina y la confección. Le tenía gran respeto y amor a su padre, más no sabía los turbios experimentos y resultados que hacía su padre Albert a nivel científico. Ella vivía en Noruega junto con su madre Hilda desde antes que iniciara la Segunda Guerra Mundial, pero solían vivir en Alemania, donde sus padres se conocieron. Ella había ido desde su Noruega natal hasta los Estados Unidos para visitar a su padre, el cual le había indicado que tenía un nuevo trabajo, uno de gran importancia para la nación norteamericana. El encuentro entre ambos fue en pleno desierto de Nevada, en la base militar estadounidense utilizada como un campo de pruebas para desarrollar tecnología avanzada: la mismísima Área 51. Allí, Abigail comenzó a ver los informes y experimentos que su padre tenía comenzó a cuestionarlo, desde los experimentos con fetos humanos y mujeres embarazadas, hasta el ritmo espantoso y acelerado de hermanos siameses. Albert se dio cuenta que su hija, lo que más amaba en el mundo, no lo perdonaría jamás pero al mismo tiempo, ella sería su impulso para lograr lo que finalmente quería.

Albert secuestró a su hija y la llevó hasta los cubículos de experimentación en niveles subterráneos para prepararla. El científico tenía a su disposición, un grupo de quince personas, que incluía a técnicos y otros doctores que anotarían el proceso pero que no debían de mencionar nada de lo que se vería en el cubículo, sería un proyecto secreto donde Albert estaría a cargo y en total control de todo. Abigail fue expuesta a dosis de radiación y recibía inyecciones químicas cada dieciséis horas. Las posteriores pruebas a las que fue puesta fueron tan crueles que deformaron su mente y su cuerpo. La ausencia de efectos adversos durante los primeros meses terminaría transformando más tarde a la joven en una criatura salvaje, agresiva y puramente primitiva. Su piel se volvió irreconocible, su comportamiento dejó de ser humano y, poco a poco, se convirtió en una criatura monstruosa, incapaz de volver a la vida normal. Albert ya no podía comunicarse con su hija pero sabía que, de alguna manera, la ahora criatura, mantenía un odio terrible y palpable hacía él.

Pronto, oficiales y personal médico, como también analistas y personal gubernamental, comenzaron a ver cosas terroríficas dentro del complejo subterráneo. Desde sombras y gruñidos, hasta grandes rasguños en las puertas blindadas y desapariciones de los miembros de la plantilla de servicio. La situación llegó a su punto más alto dos años después, cuando Albert, intentando llevar a Abigail a niveles más profundos para mantenerla oculta y evitar más desapariciones de su parte, la criatura se liberó con tanta facilidad y salvajismo que no le quedó más remedio al infame científico que huir a los niveles superiores. En los pasillos del complejo fue la primera vez que pudieron ver a Abigail, los oficiales quedaron espantados con tan horrorosa aparición y las balas de las armas parecían no hacerle daño. Treinta y siete oficiales terminaron sin vida en el enfrentamiento. Algunos triturados y destazados, otros devorados. Albert Western decidió suicidarse, no sin antes, haber dejado una carta suplicando que no acabaran con la vida de su hija Abigail, sino que pudieran devolverle su humanidad al curarla.

Durante décadas, exmilitares, científicos y trabajadores afirman haber visto una horrible aparición entre las zonas más alejadas del complejo que van desde sombras y gruñidos hasta gritos de desesperación y sonidos guturales en los largos túneles de ventilación. Algunos relatos aseguran que fue encerrada en una gran jaula electrificada creada con aleaciones de varios metales fuertes en las profundidades del Área 51, alimentada en secreto durante años, hasta que finalmente murió. Otros sostienen que aún en la actualidad, vaga en los pasillos subterráneos, un recordatorio viviente de lo que ocurre cuando la ciencia se convierte en obsesión.

Sin embargo, el ejército estadounidense dejó de alimentar al monstruo salvaje al inicio del milenio, esperando que terminase muriendo de hambre ya que su presencia ponía en peligro al personal, al material que albergaba el complejo y los experimentos que allí habían. La sorpresa para todos fue cuando en octubre del año 2003, la criatura que antes fue una bella chica, escapó de su gran jaula, destruyó una gran pared de las instalaciones y excavó hasta fuera del Área 51, perdiéndose en el desierto de Nevada. A las pocas semanas, campesinos y conductores de la ruta de la zona comenzaron a manifestar que habían visto una sombra enorme corriendo por las rocas acompañada de aullidos escalofriantes.

Hay un testimonio recuperado de uno de los encuentros de Abigail con oficiales y técnicos del complejo. Algunos sabían a que le hacían frente, pero otros desconocían que se encontraba allí abajo con ellos:

Nunca olvidaré el olor. No era solo el hedor metálico de los pasillos del Área 51, ni el aire seco del desierto que se filtraba por las compuertas. Era algo más denso, más vivo… como si la podredumbre respirara conmigo. Yo estaba allí. No como científico principal, ni como soldado de alto rango. Era un técnico, un engranaje más en la maquinaria del secreto. Mi trabajo era sencillo, debía vigilar los monitores, registrar los signos vitales, y no hacer preguntas. Pero en el fondo sabía que lo que ocurría en la sala de contención no era ciencia, era un sacrificio.  

Todos sabíamos quién era. Abigail Wester, la hija del doctor a cargo del proyecto. La primera vez que la vi, estaba sentada en una camilla, con los ojos perdidos y la piel pálida bajo la luz fluorescente. No parecía una voluntaria. Parecía una víctima. El doctor hablaba de avances, de resistencia humana, de un futuro donde el cuerpo sería indestructible. Pero cada día que pasaba, Abigail se alejaba más de lo humano. Su piel se agrietaba, sus huesos parecían retorcerse bajo la carne, y su voz… su voz se convirtió en un gruñido que helaba la sangre. 

La sala donde la mantenían era fría, reforzada con acero y muy por debajo de los niveles subterráneos. Yo debía observarla a través del cristal. A veces, cuando creía que nadie me miraba, ella se acercaba lentamente y apoyaba la frente contra el vidrio. Sus ojos, deformes y enrojecidos, me buscaban. No pedían ayuda. Pedían fin. Una noche, mientras registraba los datos, escuché un golpe seco. Luego otro. El vidrio temblaba. Abigail estaba allí, golpeando con una fuerza que no podía pertenecer a un cuerpo humano. Los guardias corrieron, las alarmas sonaron, y yo… yo no pude moverme. La vi sonreír. Una sonrisa rota, llena de dientes que ya no eran suyos.  

No escapó, pero si me fui y hui del proyecto. Entregué mis notas y no dije nada al respecto. No debía, no podía. En relación a Abigail, dicen que murió y que su cuerpo fue incinerado en algún horno subterráneo. Que el proyecto fue cancelado. Pero yo sé la verdad. Nadie me lo contó: lo vi con mis propios ojos. La puerta de acero nunca se abrió. Nadie entró a "retirar los restos". Abigail sigue allí abajo. Respirando.

domingo, 31 de agosto de 2025

La desaparición viral de Sara Jenkins

Diariamente, en alguna zona del planeta, miles de vidas se desvanecen sin dejar rastro. No son cifras abstractas: son rostros, nombres, historias interrumpidas. Según estimaciones internacionales, más de 8 millones de niños desaparecen cada año, unos 22.000 cada día, lo que convierte a la infancia en el grupo más vulnerable y mayoritario dentro de esta tragedia global. Desde las calles de ciudades industrializadas hasta aldeas remotas, las causas se entrelazan: secuestros, conflictos armados, migraciones forzadas, explotación, violencia doméstica o simples fugas que nunca encuentran retorno. En este océano de ausencias, hay historias que, de no ser por la era digital, se habrían perdido para siempre. Como la de Sheila Fox, una joven británica que desapareció en 1972, a los 16 años, en la ciudad de Coventry, en Inglaterra. Durante más de cinco décadas, su caso permaneció archivado, sostenido apenas por conjeturas y un par de fotografías antiguas. Hasta que, en diciembre de 2024, la policía publicó una de esas imágenes en redes sociales. La foto se viralizó y, en cuestión de horas, llegaron pistas que permitieron localizarla con vida, 52 años después. Sin esa ola de solidaridad digital, su nombre habría seguido sepultado en el polvo de los expedientes olvidados. Del mismo modo, hoy te traigo la historia de Sara Jenkins, otro caso de una joven desaparecida.

Todo comenzó en el verano de 2005. Sara Jenkins, una chica de 24 años, originaria de Columbus, Ohio, que antes de sumergirse en la vida adulta con un trabajo de oficina y una hipoteca, decidió cumplir el sueño que la había acompañado desde niña: recorrer sola una extensa parte del sendero de los Apalaches. Ella estaba recién graduada en periodismo y tenía un blog de viajes llamado Sara Sees the World, donde regstraba sus pequeños viajes por el país como una excusionista más. En su espacio se dejaba ver que no era una excursionista profesional pero, para esta nueva aventura se preparó un poco más. Pasó meses investigando rutas, leyendo relatos de viajeros experimentados, comprando equipo especializado. 

Sara era conocida por ser de caracter fuerte y decidida, rebosaba de entusiasmo y de firmes decisiones. Por algo estudió periodismo, ya que siempre conseguía lo que quería. Para su nueva aventura, su plan era documentar cada paso de su travesía con textos, fotografías y videos que compartiría en redes sociales. Así pues, a principios del mes de junio, se despidió de su familia y tomó un vuelo al estado de Georgia, donde comenzaría su aventura. Las primeras semanas fueron como las había imaginado: caminaba hacia el norte, atravesando bosques espesos, escalando picos solitarios, y encontrando otros viajeros que compartían su pasión. Su blog crecía rápidamente, y sus publicaciones transmitían una mezcla de asombro y libertad.

Pero un día, el silencio cayó como un balde de agua fría. De la noche a la mañana, ya no hubo más actualizaciones, tampoco respondió más mensajes. Al parecer su teléfono se encontraba apagado. Sus seguidores y su propia familia, se comunicaron con miembros de la policía y estos, en un tiempo prudencial, también hablaron con guardabosques de las zonas más cercanas para peinar la zona. No se halló nada, ni huellas ni restos de las cosas de Sara. Parecía que la chica había desaparecido así sin más. Su madre cayó en profunda depresión diciendo que su hija había sido devorada por los Apalaches, su padre si se negó a rendirse.

El hombre, recorrió solo los senderos que quizás su hija camino. Durante dos años lo hizo aferrado a la esperanza de encontrarla. Su recorrido lo llevó hasta el estado de Virginia, a 584.8 millas (927 kilómetros). Allí se detuvo conversar con un granjero local en medio de un camino rural. Pero había algo más allí que llamó su atención: era un extraño espantapájaros. Se encontraba en el medio de un vasto maizal y tenía una gorra que le resultaba dolorosamente familiar. Le dijo al granjero que se acercaría a verificar algo, así que se aproximó y fue allí, frente al frente del espantapájaros que descubrió algo que lo dejo sin habla.

No se trataba de una simple figura de paja, sino que el espantapájaros estaba relleno por un esqueleto humano, con mechones de cabello largo y oscuro, y la misma gorra que Sara llevaba el día que desapareció. Su cuerpo estaba atado a una cruz de madera, entrelazado con paja podrida, expuesto al sol y al viento como si fuera parte del paisaje. La policía fue alertada de inmediato. Tras múltiples análisis forenses, se confirmó con horror que los restos pertenecían a Sara Jenkins, la excursionista desaparecida.

El caso no simplemente trata sobre la naturaleza salvaje del sendero de los Apalaches y sus peligros, sino también sobre un monstruo con apariencia humana que vivía a la vista de todos, saludando a los automóviles que pasaban y a los propios vecinos, conocidos, familia y citadinos que pasaban por su granja, mirando también fijamente cada día su horrible creación: un extraño espantapájaros que tenía restos humanos en su interior.

Recientemente, las redes sociales comenzaron a circular de manera masiva, la historia y caso de Sara Jenkins. Indicando que la chica quizás había desaparecido por falta de experiencia o porque fue víctima de un desalmado asesino serial. Para muchos se trata de un caso real, para otros es solamente una leyenda urbana más, difundida como un creepypasta moderno. El caso ganó notoriedad en internet con narraciones en video, blogs de horror y publicaciones virales. Sin embargo, medios verificaron la información y concluyeron que no existe registro oficial de una persona con ese nombre vinculada a estos hechos. Autoridades de Estados Unidos tampoco reportaron desapariciones con esas características. ¿De qué se trata? ¿Una desaparición formal que se trató de ocultar o simplemente una historia de creepypasta para alimentar el asombro por las historias de terror

Expertos en comunicación digital advierten que este tipo de relatos combinan elementos de películas de terror, como Jeepers Creepers, con recursos de ficción para ganar viralidad. Al no haber fuentes confiables ni documentos oficiales, la historia de Sara Jenkins es considerada una invención que circula únicamente en páginas sensacionalistas y perfiles de entretenimiento. El fenómeno refleja cómo los mitos en redes sociales se convierten en supuestas noticias y logran alcanzar audiencias masivas. La narrativa macabra del espantapájaros, un símbolo frecuente en el género de horror, generó debate entre usuarios que dudaron sobre la autenticidad del caso.se propagan con la velocidad de un latido en redes sociales, alimentando el miedo, la confusión y, a veces, desviando la atención de las búsquedas reales. Un rumor sin fundamento puede arruinar reputaciones, sembrar pánico colectivo o incluso incitar a la violencia. 

domingo, 3 de agosto de 2025

El Vampiro de la Línea 7

El metro... un sistema de transporte tan cotidiano se convierte en el principal escenario de esta leyenda urbana de la vasta Ciudad de México. Durante el día es la forma de viaje de cientos de usuarios que se desplazan a sus hogares y lugares de trabajo pero de noche, se transforma en un espacio de terror donde convergen historias y mitos. Desde las estaciones solitarias al apagarse la luz del sol hasta los silenciosos túneles del metro, todo se transmuta en corredores oscuros que son ideales para la creación de relatos que juegan con los miedos más profundos de sus pasajeros. 

En el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro de la Ciudad de México, hay una de sus estaciones que es muy infame por sus aterradoras leyendas, se trata de Barranca del Muerto, una terminal ubicada en la Línea 7, a cuarenta metros bajo tierra. Su nombre, que por sí solo evoca un sentimiento de inquietud y misticismo, pero no tiene relación a ningún hecho paranormal, sino que se debe a que en la zona de los alrededores había una barranca que en los tiempos de la Revolución hacía de fosa común. Ese punto ha sido el origen de muchas historias, sin embargo, ninguna es tan perturbadora como la del Vampiro de Barranca del Muerto.

Se cuenta que una noche oscura del mes de noviembre, los trenes estaban casi vacíos y recorrían su última vuelta antes de que el servicio se detuviera hasta el día siguiente. Como Barranca del Muerto es terminal, los trenes que llegaban ya estaban en resguardo por ser el último punto de la línea. Allí, se encontraba un joven llamado José que, exhausto después de una larga jornada laboral, tomó el último tren del día y con cansancio, no pudo mantenerse despierto y cesó ante el sueño. Pronto, el hombre despertó de manera abrupta en medio del vagón, el tren no se movía y él había pasado de largo su estación. No había luces, no había sonido y lo único que lo rodeaba era una densa oscuridad. Confundido y algo inquieto, se incorporó y se dio cuenta que el tren se encontraba detenido en el túnel. Ya era medianoche.

Pensó solo en esperar en la penumbra a que el servicio del metro reanudara sus actividades en la mañana pero algo lo sobresalto. Comenzó con algo suave como un siseo en la oscuridad pero luego los sonidos inquietantes se hicieron presente hasta que se escuchó un gemido, un gemido que al parecer provenía de uno de los extremos del vagón. El miedo lo invadió y sus manos comenzaron a temblar. Con el corazón palpitándole fuerte, sacó de su bolsillo un encendedor y al iluminar la pequeña zona donde se encontraba, se despejó un poco la oscuridad y observó con horror, una escena bizarra que no olvidaría jamás. 

Justo al final de ese mismo vagón, se encontraba una extraña figura, de piel de un tono amarillo pálido, alta y muy delgada, de casi de dos metros de altura que se movía con movimientos erráticos y antinaturales. La extraña forma se encontraba encorvada sobre lo que parecía ser otra persona, un indigente con exactitud. El hombre observó con horror que la criatura tenía uñas bastante largas y afiladas, además de tener ojos con un tono rojo que brillaban cuando le daban pequeños roces de luz, hasta la luz del pequeño encendedor. Al mirar con atención, el joven vio que la bestia clavaba sus colmillos en el cuello de su víctima, como si se tratara de un depredador que acabara de atrapar a su presa.

De inmediato, el joven quedó congelado del miedo y no pudo evitar soltar un pequeño jadeo. El leve sonido atrajo la atención de la criatura y sus ojos rojos se posaron directamente en su nueva y potencial víctima. Sin pensarlo dos veces, el joven lanzó su encendedor al piso y se aproximó con rapidez a una de las ventanas de emergencia del vagón. Con desespero, rompió el vidrio y se deslizó hacia el oscuro túnel. El miedo lo acompañaba pero sus piernas no se detuvieron. Con el corazón queriéndose salirse del pecho, podía escuchar a poca distancia como se iba acercando a pasos rápidos la criatura. 

El rasguño de sus garras contra las paredes del túnel y sus movimientos erráticos, dejaban ver que sus intenciones eran de perseguirlo y atacarlo. La estación estaba cerca pero el eco desesperante de los sonidos, hacía pensar que estaba a punto de ser atrapado en cualquier instante. Cuando la respiración estaba a punto de fallarle, vio las luces de la estación Barranca del Muerto, donde corrió con todas sus fuerzas.

El joven con desespero, saltó desde el túnel a la plataforma, cayendo torpemente. Al mirar hacia atrás, el sonido de la criatura se desvaneció en la oscuridad, como también sus ojos rojos en el túnel. Estaba a salvo, al menos por el momento. Pensó que hubiera pensado si esa criatura lo hubiera atrapado antes de llegar a la plataforma. Aturdido y cubierto de sudor frío, apenas tuvo tiempo de recomponerse cuando el personal de seguridad de la estación lo interceptó. El joven, con el rostro desencajado, intentó explicar lo que acababa de suceder, pero los guardias lo miraron con escepticismo. Ninguno de ellos creyó su historia, excepto una mujer de mediana edad, que se encontraba en la estación y había notado el estado de shock del joven.

La mujer interceptó al personal de seguridad y les indicó que el joven actuaba como si estuviera desesperado escapando de algo que le generó extremo terror, ellos solamente le indicaron que realizarían una investigación. Intrigada, la mujer decidió investigar por su cuenta. Armándose de valor, se dirigió hacia el tren que se encontraba a mitad del túnel. Para su sorpresa, una de las ventanas de emergencia estaba rota, tal como lo había descrito el hombre. Al entrar al vagón, no vio ninguna criatura, pero lo que sí encontró fue un charco de sangre fresca en el suelo, un rastro silencioso de la espeluznante verdad que se escondía en las profundidades del metro.

Desde ese día surgió la leyenda del Vampiro de Barranca del Muerto, una historia que ha recorrido la ciudad, contada en susurros por los pasajeros más supersticiosos y mencionada en los programas de radio locales dedicados a lo paranormal. Algunos aseguran haber visto a la criatura merodeando por los túneles a hasta horas de la noche, como si buscara a alguna persona en particular.

Recientemente, salió un cortometraje en YouTube llamado Vampiro, inspirada en la oscura leyenda. Fue dirigido por Luisan Cortes

Dicha leyenda se inspira a su vez en el cuento corto "No se duerma en el metro" del escritor Mario Mendez Acostapublicado en el año 1994 por la Revista de Revistas. Sino lo has leído, te lo dejo a continuación:

Hay cosas en la vida, y eso incluye a esta Cd de México, que más vale que nunca averigüemos. La ignorancia nos permite dormir con placidez en la noche, y concentrarnos en nuestros respectivos trabajos. Por ejemplo: ¿Se ha preguntado usted qué les sucede a las personas que se quedan dormidas en el Metro, cuando éste llega a la Terminal de una línea, lo que causa que no escuchen la advertencia que les pide abandonar el vagón y sigan adelante en el mismo, adentrándose en un profundo túnel oscuro que aparentemente no lleva a ninguna parte? 

La verdad es que esa es una de esas cosas que en realidad no nos conviene averiguar, si es que queremos mantener la ilusión de que vivimos en un universo racional.

Sin embargo, no está de más tomar algunas precauciones sencillas, que bien pueden evitarnos experiencias en verdad lamentables. Una de ellas es la de no dormirnos nunca en el Metro; en especial, después de la puesta del sol. Para Arturo Marquina, periodista ya no tan joven, y autor ocasional de relatos de ficción científica, cuentos de horror y novelitas policiacas, ese descuido le produjo un extraño desarreglo que sus amigos califican casi de locura. Se niega Arturo, quien es una persona sensata, racional y de buen humor, a acercarse siquiera a las entradas al Metro. 

Se niega también a pasar por encima de las ventilas o registros del sistema de Transporte Colectivo de esta capital. En eso puede ponerse hasta agresivo y desagradable. Marquina se niega a hablar de esa extraña fobia que lo aqueja. Siempre logra desviar la conversación cuando se le interroga al respecto. Sólo una vez, en una cantina de Bucareli, después de varias horas de consumo y animada conversación, llegó un momento en que se puso serio e hizo una advertencia a uno de los amigos, que le dijo que usaba a el Metro cotidianamente y en especial a muy altas horas de la noche. 

“¿Llegas a alguna terminal a esas horas?, preguntó Arturo. Ante la respuesta afirmativa, nuestro amigo abandonó su discreción. “¿Tú has sabido qué le ocurre a las personas que se quedan dormidas en los vagones que siguen avanzando después de la última estación?-“La verdad, no”-repuso su compañero. “Yo sí lo sé”, continuó Arturo.”Esto que te voy a contar no es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien. Nunca lo repetiré ante ustedes”.

Fue hace justo un año. Serían cerca de las once de la noche y salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé el Metro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacaba. Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora, el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido. El tren llegó sin duda a la Terminal, sin que yo despertara. No oí la distorsionada voz de advertencia que sale del sistema del sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónico que anuncia las paradas. 

Después, unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigía hacia el inquietante túnel que continúa el trayecto, alcancé a ver el letrero y la insignia de mi estación de destino la cual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver que no iba solo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejo y desastrado, en evidente estado de ebriedad que seguía dormido y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizá este tren cambiaría de vía y regresaría por el mismo trayecto en unos momento más. Pero no fue así.

“El vagón siguió adelante, se desvió hacia la derecha y después de avanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugar totalmente oscuro. El motor se detuvo y lo mismo la ventilación. El silencio más absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando las luces se apagaron. Ahí, empecé a sentir algo de miedo. Había un poco de claridad, proveniente de la parte posteior del túnel. Por fortuna, traía mi linterna de bolsillo y además ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aún dormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y lo sacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamente le expliqué nuestra situación. 

Respondió con una imprecación y puso su rostro contra la ventana para tratar de ver dónde nos hallábamos. Me di cuenta que este vagón se quedaría ahí toda la noche, por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas. Era inútil, me convencí que sólo saltando a través de una de las ventanas podríamos salir del carro. Fue entonces cuando oí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón y recorría el techo. De pronto, se escuchó otro ruido en el extremo opuesto del carro. Dirigí el haz de mi linterna y pude ver una sombra que caía al suelo después de haber entrado por laventana. 

“¡Vaya, al fin!… ¡Oiga, necesitamos que nos ayude a salir!” No hubo respuesta. El borracho fue más directo. Avanzó hacia el intruso y lo tomó por las ropas. “¡Sáquenos de aquí! ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!”. El extraño no respondió, sólo levantó una mano.

“A la luz de mi linterna pude ver que era blanca como la harina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas que semejaban garras. Como un rayo, esa mano rasgó la garganta del pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro del ser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojos amarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingada con dos protuberancias carnosas en la punta. Vi como abrió la boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que pronto recibió el borbotón de sangre que salía del desafortunado pasajero.

Fue en esos momentos cuando recibieron mis narices la patada del nauseabundo olor que despedía esa criatura. El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar. En medio de las arcas de la basca, escuché otro ruido metálico detrás de mí. ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana! No esperé un segundo más. Me lancé hacia el primer intruso, que aún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos llegué a la ventana por donde había penetrado el primer monstruo. 

Escuché un forcejeo detrás de mí, con el que sin duda el invisible perseguidor se abría paso también entre la pareja víctima-victimario que se interponía entre nosotros. Salté fuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarme siquiera un tobillo. Emprendí la huída, como un poseso, hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí se dejaba oír un jadeo que acompañaba rítmicamente a un penetrante chillido.

“La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidor rápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltear la cabeza… y quizá eso sea lo que más me ha desgraciado la vida de toda esa experiencia. Vi a un ser similar al que había despedazado al pobre ebrio en el vagón, nada más que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota. En la penumbra del túnel veía su tez, amarillo limón, y su larga frente con que se relamía con anticipación. Por fortuna, de frente llegaba otro tren de vagones del Metro. Salté a su paso y alcancé la parte central del túnel. Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorrí los últimos metros que me separaban ya de la iluminada estación. Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metros atrás la criatura, que se había desplazado por el techo del túnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como de pies, cayó detrás de mí y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrilla”.

Arturo nos mostró una cicatriz, que aún dejaba ver las huellas de una prolongada infección que apenas había sido dominada.

“Ya en el andén, emprendí la carrera hacia la calle. No me detuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué la puerta y me refugié en un garrafón de mezcal.

“Me expliqué por qué en los talleres del Metro se trapea y se friega con tanto esmero el piso de los vagones todas las mañanas. ¡No se duerman en el Metro! Si lo hacen, corren el peligro de, por lo menos, no volver a dormir nunca más con tranquilidad”..

domingo, 23 de febrero de 2025

Le Loyon - El Fantasma de Maules

Todo lugar posee alguna leyenda urbana sobre alguien o algo que maravilla, asombra o asusta a sus pobladores. Creencia que se ha mantenido desde la antigüedad hasta la era contemporánea y aun así sigue activa, desconcertado a los habitantes, no solo de Suiza sino a curiosos de todo el mundo durante años. Acompáñame en este viaje a través de la bruma de los bosques suizos para descubrir la verdad, o quizás más preguntas, sobre este misterioso caminante, conocido como Le Loyon.

Le Loyon, o también llamado El Fantasma de Maules, es una leyenda urbana sobre una supuesta figura humanoide que se decía que vagaba por el bosque Sâles, cerca del pueblo de Maules, en Suiza. Es descrito como una criatura humanoide alta de entre un metro con noventa centímetros de altura (6'3"), vestida con un mono u overol militar gris o negro, una capa de camuflaje verde oscuro y una máscara de gas GP-5 que le recubre toda la cabeza.

Los primeros avistamientos de Le Loyon se remontan a principios de los años 2000. En uno de los avistamientos reportados en 2003, una mujer local afirmó haber visto a Le Loyon recogiendo flores en el sendero y se sorprendió al ser vista por ella. Luego, en junio del año 2008, un vecino de la zona se encontró con Le Loyon, cuando la criatura parecía estar agarrando flores para armar un gran ramo. Otro vecino anónimo, manifestó que vio a Le Loyon de lejos recogiendo piedras y algunas flores, luego al notar que lo observaban corrió muy rápido y se perdió en el interior del bosque.

Hay varias teorías sobre la identidad de Le Loyon; por ejemplo, algunos afirman que podría ser una mujer con una enfermedad mental, un hombre gigantesco y ermitaño, alguien que sufre una enfermedad de la piel o un superviviente de guerra desfigurado. También está la opinión de algunos que afirman que se trata de un críptido extraño, con ropajes de alguien que logró asesinar en su camino y que ahora vive en algún lugar del espeso bosque.

En septiembre del año 2013, el periódico suizo en lengua francesa Le Matin publicó la primera fotografía conocida de Le Loyon, tomada por un fotógrafo aficionado llamado Patrick. La publicación tenía las siguientes palabras textuales del fotógrafo: "Me lo encontré cerca de la espesura. Me acerqué a él a una docena de metros de distancia. Quedé inmóvil. Él solo me miró fijamente, luego me dio la espalda y se fue en silencio."

A las pocas semanas, otra publicación en el periódico se hizo pública. Marianne Descloux, vecina de la zona, aseguró a Le Matin que su encuentro con él se produjo en primavera. "Era un domingo lluvioso", dijo. "Llevaba una gorra, una capa oscura y su máscara de gas. ¿Qué podía estar pasando por su cabeza? No lo sé, pero fue inolvidable y aterrador. Espero no volver a encontrarme con él."

Después de que la foto comenzó a circular en línea, Le Matin informó que la capa y la máscara de gas de Le Loyon fueron encontradas en el bosque de Maules, junto con una nota críptica titulada "Certificado de defunción y testamento del fantasma de Maules". La nota fue, supuestamente escrita en francés por Le Loyon indicaba "Le risque d'une chasse à la Bête", que significa "El riesgo de una cacería de la Bestia" y afirmaba que Le Loyon sabía de la fotografía viral y estaba disgustado con la atención no deseada que trajo al bosque. Desde entonces, no ha habido más avistamientos reportados de Le Loyon en el bosque de Maules. 

Esta carta se publicó en el boletín municipal de Sâles. Le Loyon acusa a "Le Matin" de asesinar a un "ser inofensivo" al revelar su existencia. Escribió: "El riesgo de una cacería de la Bestia se volvió demasiado grande...". La nota expresaba las preocupaciones de Le Loyon de que la reciente revelación conduciría a una mayor atención, lo que obligaría a la persona debajo de la ropa a abandonar los paseos, a los que la carta se refería como "terapia de la felicidad".

Algunos opinan que la figura era solo un local excéntrico de Francia que tenía miedo de ser vinculado a Le Loyon y abandonó sus paseos disfrazados como resultado. Sin embargo, la forma en que estaba redactada la nota llevó a algunos a creer que Le Loyon se había suicidado. Una vez más, el humano dañando algo que estaba bien como se encontraba y afectando en el proceso a alguien inocente que no había hecho nada malo.

"Querido Patrick de Le Matin, no sólo eres un idiota, sino que eres sobre todo un asesino.

Has asesinado a un ser muy inofensivo, que encontró en sus paseos una auténtica terapia de felicidad, una recarga cerebral que le permitió afrontar las responsabilidades y las vicisitudes de su vida "normal". Eres un asesino de libertades. Ustedes además ¿Se toman el tiempo de meditar y para pedir un mundo mejor?. Estoy aquí pero no aterrorizo ​​a los niños ni daño a nadie. ¿Por qué no se aterrorizan ante los horrores y los crímenes reales que ven en la televisión y en los medios de comunicación?

¿Quién se encarga de colocar el botón de Tolerancia y Libertad en el mundo? ¡Estas hermosas ideas benefician a más traficantes, proxenetas, ladrones, violadores y vándalos!

Suiza es pequeña, todo lo que no esté de acuerdo con sus creencias debe ser erradicado. Estaba bien estando aquí solo, hasta que llegaste tú, que estos sentimientos de descubrimiento y evolución y por desgracia debo desaparecer. Eres un bestia y el riesgo de que la bestia me cace ahora, que me considero un fantasma, es un riesgo muy grande. Volveré ahora para atormentar las mentes estrechas de tu especie, porque, en última instancia, un fantasma nunca muere.

Al amable caminante o recolector de setas que descubra mis pertenencias, entregue por favor, entregue esta carta a algún señor síndico, o incluso a un periodista, capaz, sin embargo, de discutir sobre libertad y tolerancia."

Le Loyon

domingo, 30 de junio de 2024

Max Schreck... ¿Era un vampiro?

Recientemente fue liberado al público del trailer de Nosferatu, la esperada película de terror gótico del cineasta Robert Eggers, donde se cuenta la historia de obsesión entre una joven y su esposo, y el vampiro que la acecha. 

Dicha cinta será la nueva versión a modo de reimaginación del largometraje expresionista alemán clásico mudo llamado Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una Sinfonía del Horror) del año 1922, que a su vez, es una adaptación de la novela Drácula de Bram Stoker (1897). Aprovechando dicho trailer, realizo la presente publicación para contarte que el actor principal del film alemán, que interpretó a Nosferatu se llamaba Max Schreck y todos llegaron a pensar que se trataba de un vampiro real... ¿Era Max Schreck un vampiro? Aquí te contaré todo.

Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una Sinfonía del Horror) se estrenó en el año 1922. Fue dirigida por el cineasta alemán Friedrich Wilhelm Murnau, uno de los más influyentes de la época, con la producción de Victor Warner y Albin Grau y un guion de Henrik Galeen, inspirado en la novela de Bram Stoker titulada Drácula de 1897.

Rápidamente la cinta fue censurada por plagio tras una demanda de Florence Balcombe, viuda de Stoker, pero a pesar de tratarse de una adaptación "no autorizada y no oficial", se convirtió con el tiempo en una película de culto. Al principio no tuvo mucho éxito por la polémica ante la denuncia de plagio, pero el personaje, la atmósfera, los planos, la línea narrativa y los supuestos mensajes ocultos, sumados a la propia historia trágica del filme, convirtieron Nosferatu en una obra para el público y profesionales del cine.

La película se desarrolla en el año 1838 y consta de cinco actos que fraccionan la cinta por momentos, donde se cuenta que en la ciudad alemana ficticia de Wisborg, viven felices y enamorados el joven Thomas Hutter (Gustav von Wangenheim) y su amada novia Ellen (Greta Schröder). Hutter trabaja para Heer Knock (Alexander Granach), un agente inmobiliario que informa que hay un potencial cliente llamado Graf Orlok, un conde de Transilvania que desea comprar una propiedad en Wisborg. Desea una amplia y solitaria casa y está dispuesto a pagar una importante suma de dinero, y para ello debe de viajar hacia las montañas de Transilvania, en los Montes Cárpatos, para ultimar el negocio. Antes de partir, Hutter deja a su esposa bajo la protección del rico armador Friedrich Harding (Georg H. Schnell) y de su hermana Annie Harding (Ruth Landshoff). Tras emprender su largo viaje llega finalmente a los Montes Cárpatos, hospedándose en una posada para descansar, observando que, con solo pronunciar el nombre de Orlok todos le miran asustados y le dicen que no debe seguir camino, pues el hombre lobo ronda por el bosque. Ya en su habitación, encuentra un libro "De espíritus aterrorizados por vampiros, sortilegios y los siete pecados capitales", donde lee que de la semilla del demonio Belial surgió el vampiro Nosferatu que vive y se alimenta de sangre humana viviendo en cuevas terroríficas, cámaras funerarias y ataúdes llenos de tierra maldita. 

Al día siguiente, todo parece ser menos terrorífico y sigue su camino en un coche de caballos hacia su destino, aunque el camino es largo y comienza a anochecer, los cocheros se niegan a continuar ya que dicen que pasando el puente vive el Diablo, por lo que debe seguir su camino a pie. Tras cruzar el puente, aparece un extraño cochero conduciendo un carruaje cubierto de telas, al igual que los caballos que tiran de él y lleva a Hutter hasta el castillo, a una gran velocidad, observando que al entrar las puertas se cerraban con rapidez. Una vez allí, son recibidos por el Conde Orlok, que le dice que como ha tardado tanto y es casi medianoche, ya duermen sus sirvientes.

El anfitrión le tiene preparada una cena a Hutter, que se sobresalta al escuchar una campana de reloj que hace sonar un pequeño esqueleto, y se corta un poco el dedo por el susto. Hutter se asusta aún más cuando ve la reacción del Conde ante el corte y observar la sangre, que se acerca impulsivamente a chupar el dedo al hombre. El Conde le dice que pueden estar un rato más juntos, pues todavía falta tiempo para la salida del sol y él por el día duerme profundamente. Cuando se despierta al día siguiente, está en efecto solo, observando que tiene dos pequeñas heridas en su cuello a las que no da importancia, asociándolas con picadas de plagas de zancudo. Hutter observa que le han preparado una gran comida y aprovecha para escribirle a su novia. Por la noche, mientras está con el Conde hablando de negocios, a Hutter se le cae el retrato de su novia y el Conde la ve, comentándole que tiene un lindo cuello. De inmediato, Orlok firma el contrato para comprar una propiedad, una que se encuentra justo en frente a la de Hutter y su amada novia.

Ya en el cuarto, Hutter vuelve a leer el libro de vampiros que tomó en la posada, donde explican que Nosferatu se alimenta de sangre humana, empezando a sospechar que Orlok es Nosferatu, por lo que se esconde en su habitación, pese a lo cual esa noche entrará allí Nosferatu, viendo horrorizado cómo este avanza despacio hacia él. Y justo a la misma hora, aunque a cientos de kilómetros, Ellen se levanta sonámbula y comienza a caminar por una barandilla, debiendo recogerla Harding antes de que caiga de la misma, devolviéndola a su cama donde aún sonámbula grita el nombre de su novio. Al día siguiente, Hutter decide investigar la razón de sus pesadillas nocturnas, bajando hasta una cripta donde descubre durmiendo dentro de un ataúd a Nosferatu. Y por la noche observa desde la ventana de su cuarto cómo carga varios ataúdes en un carro, metiéndose él mismo en uno de ellos antes de hacer partir su carruaje. 

Se puede notar la similitud con la obra de Stoker. Ya en este punto, ocurren situaciones como la aparición de Bulwer (John Gottowt), un profesor paracelsiano similar al profesor Abraham Van Helsing de la obra original, que investiga los secretos de la naturaleza les enseña a sus alumnos las plantas carnívoras, y que el el agente inmobiliario Knock enferma de hidrofobia por el influjo del ya cercano Nosferatu, comenzando a delirar y a comer moscas, tal como el personaje de R. M. RenfieldEllen sigue como sonámbula, parece presentir la llegada del vampiro, al igual que Knock, que encerrado en un asilo ve cómo llega el fantasmagórico barco a la ciudad. Cuando el barco llega al muelle, emerge la figura de Nosferatu desde la bodega. Hutter recuerda que leyó que los vampiros extraen su fuerza de la tierra maldita en la que fueron enterrados, y es por ello que Nosferatu viajaba con sus ataúdes cargados con esta. También Hutter consigue llegar pese a todas las dificultades junto a Ellen. Finalmente, Orlok desembarca y llega junto con su ataúd hasta la que será su nueva residencia, pasando inadvertido, mientras los ratones que viajaban en la bodega salen también. Por la mañana las autoridades inspeccionan el barco y leen el cuaderno de bitácora desde que el barco partió, comprobando que al décimo día aparecieron ratas y con ellas el peligro de peste. Al temer que este haya llegado con el barco a la ciudad, las autoridades ordenan que ningún enfermo salga a la calle.

Ellen lee el libro sobre los vampiros pese a que Hutter le dijo que no lo hiciera, enterándose así de que el único modo de librarse del vampiro es lograr que una mujer libre de pecado le haga olvidar el primer canto del gallo, entregándole su sangre voluntariamente. Entretanto el terror se apodera de la ciudad, por la que cada día desfilan los ataúdes cargados de personas muertas. Llegada la noche, Ellen siente una fuerza que la atrae hacia la ventana, frente a la cual está Nosferatu. Despierta a Hutter, que duerme a los pies de su cama, y le pide que busque rápidamente al profesor Bulwer. Cuando el novio sale, el vampiro aprovecha la ausencia para succiona el cuello de Ellen, escuchándose justo en ese momento el canto del gallo. Nosferatu se acerca ala ventana y la luz del sol le da de lleno a su cuerpo, muriendo lenta y dolorosamente. Hutter llega a casa justo a tiempo de poder ver morir a Ellen en sus brazos. A la misma hora cesa la mortandad en la ciudad, tras lo que se puede observar el castillo del conde en los Cárpatos destruido.

El nombre completo del actor que interpretó a Nosferatu era Friedrich Gustav Max Schreck, pero en su particular interpretación fue tan convincente que, en los momentos entre escenas, nunca se desmaquillaba, no interactuaba con sus compañeros y solicitaba que lo llamaran todo el tiempo como Conde Orlock. Al poco tiempo de que la cinta se estrenó, comenzaron a circular rumores. Se argumentaba que el papel protagónico no fue interpretado por un actor humano, sino por un antiquísimo vampiro real. Su postura, apariencia e incluso la forma en que el actor eligió interpretar al monstruo resultaba muy extraño y demasiado creíble. 

Antes de interpretar el papel, el actor Max Schreck puso sus condiciones: "Si voy a realizar este papel, requiero libertad para actuar de la manera que considere más apropiada", el director alemán Friedrich Wilhelm Murnau aceptó los términos y tuvo a su protagonista. Schreck exigió inmersión total en el papel y estableció ciertas reglas que debían seguirse al pie de la letra. Dentro y fuera de escena se referirían a él como Orlock, siempre aparecería maquillado y no tendría ningún tipo de relación con sus compañeros actores. 

Otra de sus condiciones fue que no se revelara su nombre real (ni siquiera en los créditos). Siempre que alguien lo cuestionaba sobre su identidad, aseguraba que era Orlock. "Me encontraron y trajeron aquí para contar mi historia", advertía con su extraño tono de voz. El método del actor para entrar en personaje terminó afectando a los otros actores, quienes ansiaban conocer la identidad de su colega. El director optó por seguirle la corriente, asegurando que Orlock era un vampiro de verdad, invitado a participar en la película para contar su propia historia. Le pagaban con sangre y requería total respeto a su privacidad.

La película finalmente terminó de producirse con un equipo reducido de profesionales y varios actores confesaron sentirse aliviados de que las grabaciones concluyeran. Sobre todo, porque no tendrían que ver nuevamente al sujeto extraño de apariencia cadavérica, mirada fija y sospechosa postura. Pese a su extensa y exitosa carrera, Max Schreck siempre será recordado por su interpretación del siniestro Conde Orlock, especialmente fuera de Alemania. Se volvió un icono para el cine de terror, algo totalmente merecido. Fue él quien dio vida a uno de los primeros monstruos en el cine y el responsable por las pesadillas de muchas personas, y todo a través de expresiones y miradas, sin decir una sola palabra.

Cabe señalar que la película Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una Sinfonía del Horror), tiene dos cintas remakes, la mencionada película a estrenarse en diciembre de 2024 del director Robert Eggers, y una llamada Nosferatu: Phantom der Nacht del año 1979 que sirvió de homenaje a la versión original, donde se revisa casi escena por escena la cinta de 1922 y hay algunas variaciones entre situaciones y nombres de los personajes. 

Esta vez, el actor alemán Klaus Kinski interpreta a Nosferatu y el alemán Werner Herzogel ejerce como director y escritor. Fue un éxito en la crítica y consiguió actualizar la versión original sin caer en una falta de creatividad interpretativa. La producción de Herzog supo mantener un elemento de terror con varias muertes y un ambiente onírico y espectral.

Pero también hay una película más llamada Shadow of the Vampire, una película independiente de misterio de vampiros del año 2000, escrita por Steven Katz y dirigida por Edmund Elias Merhige

La cinta es un relato ficticio de la realización de la clásica película de vampiros Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una Sinfonía del Horror), dirigida por Friedrich Wilhelm Murnau, durante la cual tanto los actores como el equipo de filmación comienza a tener inquietantes sospechas sobre su actor principal, a quien consideran un real vampiro. Tal como en la vida real, se deja ver la incomodidad de los actores con Max Schreck, quien es interpretado por el gran actor Willem Dafoe, y la curiosidad de todos los involucrados en el filme en saber de dónde había salido y cuál era su nombre real. A pesar de que está basada en hechos reales, la película da un gito al terror fantástico al señalar que Max si era un verdadero vampiro y le pagaban con sangre.

La cinta nos ubica en el año 1921, donde el director Friedrich Wilhelm Murnau (interpretado por John Malkovich) está rodando Nosferatu en la Europa del Este. El director está decidido a hacer la película más auténtica jamás vista. Para este fin, Murnau ha contratado a un vampiro auténtico, Max Schreck (interpretado por Willem Dafoe) como protagonista. Murnau explica a su equipo que el peculiar comportamiento de Schreck se debe a que es un actor con método, formado por el mismísimo Konstantín Stanislavsky, director escénico y pedagogo teatral ruso. Ahora bien, si Schreck realiza la actuación que Murnau busca tan desesperadamente y controla hasta el final de la producción sus necesidades más indecorosas, el premio de Schreck será el sabroso cuello de la estrella de la película, Greta Schröder (interpretada por Catherine McCormack)

La película toma prestadas las técnicas del cine mudo, incluido el uso de intertítulos para explicar la acción elidida y lentes de iris. Estuvo nominada al Premio de la Academia al Mejor Maquillaje. Por su actuación, Dafoe fue nominado al Premio de la Academia al Mejor Actor de Reparto.

Hay que mencionar que en la película se muestra a varios de los personajes principales asesinados por el vampiro; sin embargo, históricamente estos individuos continuaron viviendo vidas largas después de la producción de la película. Fritz Wagner y Albin Grau, a quienes Max Schreck les rompe el cuello, vivieron hasta los años cincuenta y setenta, respectivamente. Greta Schröder, que tampoco murió, continuó su carrera cinematográfica hasta los años 1950 y murió en 1980. También se la describe en el filme como una actriz famosa, pero en realidad era poco conocida y en los años 1930 sus papeles ya se habían reducido a sólo apariciones ocasionales. De todos los personajes, Murnau fue el que murió más pronto después de la producción de Nosferatu, muerto en un accidente automovilístico en California en 1931. La descripción que hace la película de Murnau como despiadado y dictatorial también es inexacta, ya que era conocido como un director con una sensibilidad poco común.

Max Schreck no era un vampiro, solo un gran actor que desde el comienzo dejó claro con una serie de condiciones para interpretar su papel en la película, teniendo libertad para actuar de la manera que le pareció más adecuada. Sus términos implicaban la inmersión total en el papel para que todo fuera lo más real posible. Todo salió tal como se estipuló y, más allá de allí, lo convincente del proceso hicieron que se "convirtiera" en un vampiro real a los ojos de los demás.

Como dato curioso, cabe señalar que en la película de Batman Returns de 1992 del director Tim Burton, el caballero de la noche no tiene dos villanos de turno a vencer, sino que tiene tres. El tercer antagonista se llama Max Schreck, un despiadado y ambicioso empresario interpretado por el gran actor Christopher Walken. Su nombre completo es Maximilian Schreck y es dueño de varios negocios, entre ellos una cadena de tiendas por departamento Shreck's

Shreck no es un personaje oficial de los cómics de Batman sino un personaje creado enteramente por Daniel Waters, guionista de Tim Burton, para la película como homenaje al actor homónimo Max Schreck de Nosferatu. En los guiones preliminares, Shreck era un medio hermano de The Penguin, otro guion tenía previsto que Shreck era en realidad Harvey Dent y que al ser electrocutado por Catwoman se convertiría en el villano Two Face, quien ya había hecho su aparición como fiscal de distrito de la ciudad de Gotham en Batman (1989), siendo interpretado por Billy Dee Williams.

Si quieres seguir leyendo curiosidades de las películas de Batman, presiona Lo que pudo haber sido Batman Forever (1995) y sus secuelas.