ANTES DE COMENZAR A LEER LES INDICO QUE LA SIGUIENTE PUBLICACIÓN CONTIENE IMÁGENES CRUDAS SIN CENSURA Y DETALLES SOBRE UN CRIMEN, QUE PUDIERAN AFECTAR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS LECTORES. ÉSTA DIRIGIDO A MENTES ABIERTAS Y MADURAS, SE RECOMIENDA DISCRECIÓN.
Dice que uno nunca termina de conocer a las personas. La gente tiene una máscara que no vemos y nos la muestran cada día, quitándosela solamente cuando están solos. Muchos llaman esta dualidad que tiene la humanidad como dos vidas: una que se deja ver al mundo y otra que ocurre a puerta cerrada. Debajo de una superficie amable y hasta predecible, puede haber un laberinto de pensamientos inconfesables, deseos profundos y secretos similares a tesoros oscuros. Hay una parte de cada ser humano que permanece siempre en la sombra, un rincón místico donde la luz de los demás no llega. Es una verdad un poco siniestra, pero fascinante, como dije al inicio del párrafo: uno nunca termina de conocer a las personas.
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Mark Redwine y Elaine Hall eran una pareja incompatible de Estados Unidos. Juntos tenía dos hijos: Cory, quien nació en 1991, y Dylan que lo hizo el 6 de febrero de 1999. Al no congeniar más y no lograr reconciliación, el breve matrimonio se separó. Su divorcio fue conflictivo y extenso, más aún por la custodia de los hijos, que ambos padres discutían por obtener. Como Cory le llevaba casi ochos años a Dylan, se convirtió en una figura casi paterna para él, quien muchas veces lo buscaba en sus actividades de baseball o fútbol.

Finalmente, la custodia la ganó Elaine en el año 2009, con el divorcio formal y un régimen de visitas establecido. Mark los vería en las vacaciones y visitas pactadas, pero él se mudó lejos, tomando un trabajo como conductor de camiones en la comunidad de Vallecito, en Colorado, Estados Unidos. Los acuerdos de la corte continuaron para estipular los tiempos que debía de pasar el menor de los hijos para que compartiera con su padre. En el caso de Cory no, ya que tenía 21 años y ya para agosto de 2012 decidió irse a vivir solo y hacer su vida, mientras que Elaine volvió a casarse en 2011 y todo marchó bien en su familia. A finales del año 2012, por medio de un acuerdo de custodia ordenado por la corte, el menor de los hijos: Dylan Redwine, de 13 años de edad, visitaría a su padre, por el día de Acción de Gracias (Thanksgiving).

Mark fue a buscar a su hijo menor el 18 de noviembre de ese año, al aeropuerto Durango-La Plata, en el estado de Colorado, Estados Unidos. Dylan viajaba con desgano porque su padre vivía en Vallecito, un poco alejado de la ciudad de Durango. Aunque la casa de madera era muy linda y acogedora, además de que estaba en medio del bosque, el wifi no siempre funcionaba bien y el lugar era algo aislado. Para un chico de su edad eso suele ser un drama. Pero no solo eso, también andaba disgustado con su padre por cómo él solía tratar a su madre. Para entretenerse Dylan había metido en su morral, junto a un buzo con capucha y algo de ropa, su celular, un Ipad y sus auriculares. Cabe destacar que las cámaras del aeropuerto grabaron a Dylan cuando llegó a Durango vestido con una franela, bermudas y zapatos deportivos negros. Esa fue su última imagen.

La estancia del primer día fue incómoda ya que Mark se mostraba despreocupado por la presencia de su hijo en casa, más aún porque estaba de parte de su madre Elaine. Fue una tarde -noche pesada, donde Mark se tornó a la defensiva, haciendo que Dylan no le prestara más atención y solo usara su Ipad y sus auriculares. Lo que Mark no sabía era que su hijo Dylan lo confrontaría con algo, algo delicado, privado y nauseabundo que había descubierto y compartido con su hermano un año antes.

En el año 2011, Mark, como parte del acuerdo de custodia de compartir con sus hijos y verlos en vacaciones y visitas pautadas, invitó a Cory y Dylan a un viaje por la ruta para festejar el día del padre, haciendo una larga travesía hacia Kansas, Iowa, Ohio y Michigan. Cory tenía en ese entonces 20 años y Dylan 12. Una noche, estando los tres alojados en un hotel, mientras Mark dormía, Dylan usó su laptop para jugar. De pronto, descubrió algo oscuro y perturbador: unas fotos sucias y embarazosas. En las imágenes, Mark Redwine aparecía vestido con lencería femenina y comiendo materia fecal de un pañal y usando un pañal manchado con excrementos, lo cual era parte de su fetiche como coprófago.

Dylan le dijo Cory que quería mostrarle algo, se metieron juntos en el baño con la laptop y cerraron la puerta con seguro. Dylan le enseñó las fotos que había visto. Cory, en medio del shock, sacó fotos de la pantalla con su propio celular. El hecho hizo que la relación se deteriorara con rapidez. Varias veces los hermanos enfrentaron a su padre por estas fotografías. La relación se volvió tensa pero siguieron viéndose. En agosto de 2012, Cory pasó la noche en casa de su padre con una novia y dejó unas botellas de cerveza tiradas. Mark se enojó mucho y Dylan se lo comentó a Cory, quien enojado le dijo a su padre por mensaje de texto que él poseía también las fotos, insultándolo, además. Dylan también quería confrontar a su padre con lo que había hallado ese mes de noviembre de 2012.

Así pues, Dylan confrontó a su padre sobre las fotos, lo que originó una discusión que fue escalando al punto de llegar a la cúspide cuando amenazó en irse y contarle todo a su madre Elaine. Temiendo lo peor, Mark decidió terminar con la vida de su hijo menor. Tomó un martillo y lo atacó, dándole un golpe mortal en la cabeza, donde dos impactos le ocasionaron una fractura arriba de su ojo izquierdo. Luego de que el Dylan falleciera de manera inmediata tras la brutal embestida, Mark tomó un cuchillo enorme y filoso e hizo lo impensable: separó el cráneo de su hijo del cuerpo, cortando huesos, ligamentos y los músculos superficiales, suprahioideos y los vertebrales profundos del cuello. De inmediato, en plena noche, Mark salió con el cráneo de su hijo en su camión y lo escondió bajo tierra en un sendero lejano a tres kilómetros. Luego, cambió de ruta hacia el Lago Vallecito, a unos dieciséis kilómetros de su casa, para depositar el resto del cuerpo de Dylan.

Al día siguiente, Mark se comunicó con Elaine para preguntarle si sabía algo de Dylan, al haber una negativa, la madre del niño le indicó al sujeto que contactara a la policía para reportar la desaparición. Elaine junto a una amiga de la familia, decidieron ir a Colorado para ayudar en la búsqueda. Según el relato paterno a la policía, la mañana posterior a la llegada de su hijo, Mark había salido al centro de la ciudad para hacer unas compras. Al volver a eso de las 12 ya no lo había encontrado en la casa. Solo había hallado un bowl de cereales sin comer sobre la mesa de la cocina y la televisión sintonizada en el canal Nickelodeon. No pensó nada grave, supuso que estaría por ahí. El hombre durmió una siesta de media hora ya que no estaba preocupado en ese momento. Al no saber nada de Dylan, pensó que podría haber salido y caído en manos de algún extraño que lo hubiera lastimado o, también, podría haber sido atacado por algún animal salvaje de la zona donde viven osos, lobos, zorros y alces.

La desaparición desató una búsqueda masiva por las montañas del suroeste de Colorado. Las autoridades peinaron los bosques buscando algo que indicara qué podría haber pasado con el adolescente. Revisaron la casa de Redwine y miraron que no hubiese rastros de sangre ni algo raro. Todo lucía normal. Pasaron semanas y luego meses, en los que Mark siguió empujando a las autoridades, como un padre sumamente preocupado, para que la búsqueda continuara activa. Él mismo viajó a distintos lugares donde pegó afiches con la cara de su hijo en los camiones. Y dio varias entrevistas televisivas, entre las que se incluía la revista norteamericana People donde declaró: "Tengo una misión y es la de nacionalizar la búsqueda de Dylan. Mantengo la esperanza de que lo volveré a ver."

En febrero de 2013, casi tres meses después de la "desaparición", Mark y Elaine fueron juntos al famoso programa de televisión Dr. Phil. Allí terminaron discutiendo a gritos y con acusaciones cruzadas. El conductor del programa le propuso a Mark sentarse frente a un detector de mentiras, pero él se negó rotundamente. Muchos sintieron sospechas y ya lo miraban con desconfianza. En el mes de junio de 2013, cuando se cumplían siete meses de la desaparición de Dylan, Mark recibió una llamada de la policía. En ese momento, Mark estaba trabajando con su camión a 2.250 kilómetros de distancia y tuvo que manejar unas treinta horas para regresar. Los investigadores le mostraron una serie de fotos tomadas de cinco huesos humanos hallados en el Lago Vallecito.

Los peritajes forenses determinaron con estudios de ADN que pertenecían a Dylan. La policía le comunicó que posiblemente, el resto del cuerpo del menor había sido mutilado por animales salvajes. Los agentes pensaban en realidad que el lugar del hallazgo era un sitio inaccesible para que alguien de la edad de Dylan llegara por casualidad. Junto a los restos que habían encontrado también había un calzoncillo, unos auriculares Kicker, un zapato deportivo Nike Air Jordan, una media Fila y una franela blanca con inscripciones. Todos los objetos fueron reconocidos por su madre Elaine. La desaparición se había vuelto ahora una investigación criminal.

A principios del año 2014, la policía analizó una vez más la casa de Mark en busca de pruebas. Esa vez usaron luminol (un compuesto químico que demuestra la presencia de sangre). Encontraron rastros hemáticos diminutos en distintos lugares de la casa, como debajo de la alfombra en la sala de estar, en una punta de un almohadón, en el borde de una mesa de madera. Todo parecía indicar un pequeño sangrado itinerante por el ambiente. El perro especializado en búsqueda de cadáveres olfateó algo cerca del lavarropas, en la cocina y en la ropa que había usado Mark ese día. Otro de los perros siguió el rastro hasta el camión del padre. No habían pruebas suficientes para incriminar con certeza a Mark Redwine quien era el principal sospechoso, además de que continuó colaborando con la policía, indicando que quería darle a su hijo un funeral decente. En ese momento, Mark estaba en la mira de los detectives de homicidios y era considerado una "persona de interés" en el caso. Los investigadores no entendían por qué no estaba el cráneo junto a los huesos.

En el mes de noviembre de 2015, durante un recorrido deportivo, dos senderistas encontraron un cráneo en un camino de ruta. De inmediato comunicaron su descubrimiento a la policía, que lo mandó a analizar con los peritos forenses y se comprobó que era la cabeza perdida de Dylan. Los impactos que tenía el cráneo no pudieron haber sido provocados por acciones de un animal salvaje. Además, los expertos aseguraron que no existía ningún tipo de animal de la zona que pudiera transportar un cráneo tan lejos del cuerpo. Ya en este punto, el hombre era el animal que debían de tener en cuenta. Cory, el hermano mayor de Dylan se sumó a la investigación, indicando un indicio claro para el caso: lo acontecido en el descubrimiento de las fotos en la laptop de su padre. Él siempre sospechó que el responsable había sido su padre.

Ya para el año 2017, todos estaban convencidos de la culpabilidad de Mark Redwine en el crimen de su hijo, pero aún el caso estaba basado en evidencia circunstancial. Los fiscales decidieron seguir adelante y lo presentaron ante un gran jurado para ver si tenían suficiente prueba para ir a juicio. El caso fue admitido y Mark Redwine fue arrestado dos días después en Bellingham, Washington. El hombre estaba acusado de haber asesinado a su hijo Dylan. El proceso judicial estuvo lleno de retrasos sobre todo por la pandemia del COVID-19. El juicio terminó llevándose a cabo entre junio y julio del año 2021. El fiscal Fred Johnson presentó los hechos y explicó que la tensión familiar, después de los comprometedores hallazgos de Dylan, había sido intensa. El contenido explícito de la conducta desviada de su padre había impactado demasiado en los hijos.

La acusación sostuvo que el móvil del acusado había sido acallar al menor. En un momento de furia y desesperación, Mark le habría dado brutales golpes en la cabeza con una herramienta y, una vez muerto, le habría cortado la cabeza. Luego se habría deshecho de ambas partes en sitios diferentes. Sin embargo, la defensa del acusado argumentó que los rastros hallados de sangre eran insignificantemente pequeños y que podría deberse a cualquier sangrado accidental de alguien que viviera en la casa. Y descalificaron la tarea de los perros especialistas en detectar cadáveres.

Después de un juicio de cinco semanas con docenas de testigos y centenas de piezas de evidencia, Mark Redwine, de 60 años de edad, fue declarado culpable por el jurado, de asesinato en segundo grado y abuso de un menor que resultó en su muerte. En el mes de octubre de 2021, fue condenado a pasar cuarenta y ocho años en prisión.









































