Imaginen pasar más de cuarenta años sin tocar a otro ser humano. Sin sentir el sol en el rostro, sin ver el cielo abierto, viviendo cada día exactamente igual al anterior. En las profundidades oscuras de una de las prisiones más seguras del mundo, existe un hombre que respira, lee y duerme dentro de una caja transparente, construida exclusivamente para él. Es el único habitante de una jaula de cristal. Muchos dicen que es el monstruo definitivo; otros, un producto roto que la sociedad misma creó. No es un personaje de ficción ni el villano de una película de terror, aunque su historia sirvió de inspiración para algunos de los asesinos más famosos del cine, como el infame Hannibal Lecter. Si buscamos el origen de su oscuridad, no encontraremos pactos con el diablo ni un niño que nació siendo malo. Encontraremos a una víctima.

El protagonista de esta historia se llama Robert Maudsley. Nació el 26 de junio de 1953, en el barrio de Toxteth, cerca de Liverpool, en Inglaterra. Robert creció en una familia de doce hermanos, donde el era el cuarto. Su madre era una adicta a la cocaina y su padre era un hombre violento y abusivo. Durante un tiempo, Robert y tres de sus hermanos mayores fueron llevados a Natzaret House, un orfanato religioso en Crosby, un lugar que él recordaría como el único hogar feliz que tuvo. Pero esa paz duró poco. A los ocho años, su padre los reclamó de vuelta, volviendo a la tormentosa casa y sufriendo regularmente abusos físicos. Robert en particular, era encerrado en una habitación pequeña y oscura durante meses. Sufría golpes diarios y abusos que destrozaron su mente. Esta infancia llena de dolor y odio sembró una semilla: un profundo desprecio hacia las personas que lastimaban a los débiles, especialmente a los niños. Su vida fue un infierno hasta que finalmente se les retiró la custodia.

En su adolescencia, Robert huyó a Londres. Era un joven roto, perdido y con problemas de drogas, como la cocaína y la marihuana. Para sobrevivir, comenzó a vender su cuerpo en las calles. Fue forzado a buscar ayuda psiquiátrica después de varios intentos de suicidio. Durante su charla con los doctores, recriminaba que oía voces diciéndole que matase a sus padres. Maudsley comentó a sus psiquiatras que fue violado por su padre en su niñez en varias ocasiones, quienes sospecharon que tales abusos físicos y sexuales pudieron haberle dejado secuelas psicológicas.

En el mes de marzo de 1974, a los 21 años de edad, llegó el punto de quiebre. Mientras ejercía la prostitución, un cliente llamado John Farrell, de 30 años, lo contrató. Durante su encuentro, Farrell le mostró a Robert unas fotografías de unos niños de los cuales había abusado sexualmente. En ese instante, todos los fantasmas del pasado de Robert explotaron. Vio en Farrell a su propio padre, a todos los monstruos de su niñez. Robert no lo dudó. Lo estranguló hasta matarlo. Luego, fue a la policía y se entregó tranquilamente, diciendo que necesitaba ayuda psiquiátrica.

Debido a su inestabilidad mental pero a pesar de tener un coeficiente intelectual muy superior a la media, Maudsley fue declarado no apto para ser juzgado y fue enviado al hospital de Broadmoor para criminales con problemas psicológicos. Allí, la violencia no se detuvo, sino que se volvió más bizarra. En el año 1977, Maudsley junto con el paciente David Cheeseman, que cumplía condena por la agresión y violación de una joven de 16 años, retuvieron a un tercer paciente, David Francis, un pederasta de 26 años quien había sido condenado por abusos a menores. Después de encerrarlo en una celda, lo torturaron hasta la muerte durante un periodo de nueve horas.

Cuando los guardias finalmente lograron entrar, encontraron una escena sacada de una pesadilla: el cráneo de Francis estaba destrozado, y Robert tenía una cuchara en la mano. De inmediato, corrió el rumor por todo el país de que Robert se había comido parte del cerebro de su víctima. Aunque él siempre lo negó y las autopsias nunca lo confirmaron, la prensa ya tenía su titular. Había nacido "Hannibal el Caníbal", mucho antes de que el famoso personaje del cine se hiciera mundialmente conocido. A raíz de este incidente, las autoridades decidieron que Robert era demasiado peligroso para estar con pacientes psiquiátricos, por lo que fue condenado por torturas y trasladado a la prisión de máxima seguridad de Wakefield, en West Yorkshire, operada por el Servicio Penitenciario de Su Majestad.

En 1978, Maudsley demostró que ninguna reja normal podía contenerlo. Esa tarde, Robert asesinó a otros dos prisioneros. En principio se había propuesto matar a siete. Su primera víctima fue Salney Darwood, de 46 años, condenado por la tortura y asesinato de su mujer. Darwood había estado dando clases de francés a Maudsley. El método fue el siguiente: había invitado a Darwood a su celda, donde lo golpeó con un garrote y finalmente lo acuchilló, para luego esconder su cuerpo bajo su cama. Intentó atraer a más prisioneros hacia su celda, pero todos rehusaron. Ante la negativa, Maudsley merodeó por el ala de la prisión hasta que acorraló y acuchilló a William "Bill" Roberts, de 56 años, condenado por la agresión sexual a una niña de siete años, destrozando su cráneo con una daga casera y estrellando su cabeza contra la pared.

Posteriormente, Maudsley entró tranquilamente en la oficina del ala y colocó el arma homicida sobre la mesa del jefe de la sección, avisando que en la próxima llamada a lista de prisioneros habrían dos cenas menos. Maudsley afirmó que sus víctimas eran violadores, pedófilos o delincuentes sexuales, y que esas son las personas que para él representaban una amenaza. Robert Maudsley había matado a cuatro personas. Todos ellos eran abusadores o asesinos. Él sentía que estaba "limpiando" la basura que el sistema no podía arreglar.
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El sistema penitenciario británico entró en pánico. Robert no podía estar con otros presos, pero tampoco era seguro para los guardias. ¿La solución? Construir algo nunca antes visto. En 1983, construyeron una celda especial en el sótano de la prisión de Wakefield. Una caja de cristal blindada, una uidad de dos habitaciones de apenas unos pocos metros cuadrados que presentan grandes ventanas antibalas para poder ser observado, similar a la que luego se vería en la película The Silence of the Lambs (El Silencio de los Inocentes) del año 1991, protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster. Los muebles estaban hechos de cartón comprimido, el inodoro y el lavabo están atornillados al piso y la cama es en realidad una losa. La puerta era de acero sólido y se abría a una celda pequeña dentro de su confinamiento, fabricada con grueso vidrio acrílico (perspex), que contaba con una pequeña ranura en el fondo a través de la cual los guardias le pasaban el alimento y otros elementos. La luz natural era un lujo inexistente.

Allí ha vivido Robert Maudsley durante más de cuarenta años. Pasa 23 horas al día encerrado en su caja transparente. Solo puede salir una hora a hacer ejercicio bajo estricta vigilancia de varios guardias, sin tener contacto físico con nadie. Le encanta leer, escuchar música clásica y escribir cartas, en las que a veces ruega por una pastilla de cianuro para acabar con su encierro, petición que siempre le es denegada.

En marzo del año 2000, Maudsley abogó sin éxito por una rebaja en los plazos de su solitario confinamiento. También ha solicitado a un loro como mascota, lo cual fue igualmente desestimado. En 2010, Maudsley hizo una petición para serle permitido jugar a juegos de mesa con el personal de la prisión para aliviar su aburrimiento en el confinamiento solitario. Hoy en día, ese joven roto por los abusos de su padre es un hombre de la tercera edad. Su mente sigue habitando la misma jaula subterránea. Se ha convertido en el prisionero que más tiempo ha pasado en aislamiento solitario en la historia de Gran Bretaña. Un asesino de asesinos, un hombre que fue devorado por sus propios demonios y al que la sociedad decidió sepultar bajo un cristal a prueba de balas.

Durante una entrevista el año 2003, Maudsley indicó: "lo que más recuerdo de esos momentos eran las palizas. Una vez estuve encerrado en mi habitación por seis meses. Mi padre sólo abría la puerta para golpearme y violarme. Creo que lo hacía entre cuatro y seis veces por día. Una vez rompió un rifle de aire comprimido en mi espalda." Terminó la entrevista señalando que: "Si hubiera matado a mis padres en 1970, ninguna de esas personas hubiera muerto."







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