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domingo, 7 de junio de 2026

¿Es posible convertir plomo en oro?

Con el título de la publicación, comenzamos a profundizar en el tema. Desde hace miles de años, la humanidad ha estado completamente obsesionada con la idea de transformar materiales comunes, como el plomo o el hierro, en el metal más brillante y codiciado del mundo. En la antigüedad, reyes, sabios y los primeros científicos (conocidos como Alquimistas) dedicaron sus vidas enteras y fortunas a intentar resolver este misterio. En el centro de toda esta búsqueda incansable existía un objeto legendario que todos querían encontrar: la famosa Piedra Filosofal. Las leyendas decían que no era necesariamente una roca, sino una sustancia misteriosa (a veces descrita como un polvo rojo o un líquido) que poseía dos propiedades alucinantes. La primera era la transmutación: bastaba con que esta sustancia tocara cualquier metal barato para convertirlo instantáneamente en oro puro. La segunda era aún más fascinante: se creía que de ella se podía extraer el "elixir de la vida", una poción capaz de curar cualquier enfermedad y otorgar la inmortalidad a quien la bebiera. Suena como un cuento de magia o parte del argumento de alguna película, sin embargo, la obsesión por lograrlo fue muy real y empujó a mentes brillantes a realizar experimentos alocados y peligrosos. Queda aún pendiente la pregunta, ¿Es posible convertir plomo en oro? La respuesta es sí.

Se sabe que el plomo y el oro son elementos completamente diferentes desde su origen. Pero en la antigüedad, los alquimistas creían que todos los metales estaban hechos exactamente de los mismos "ingredientes básicos" (principalmente una mezcla de azufre y mercurio). Según ellos, los metales eran como frutas que crecían bajo la tierra. El plomo, el hierro o el cobre eran simplemente metales "inmaduros" o "enfermos". El oro, en cambio, era el metal perfecto, sano y totalmente maduro porque no se oxidaba ni se dañaba con el tiempo. Por lo tanto, la transmutación no era magia negra, sino una forma de "acelerar la naturaleza". Su plan era tomar un metal barato, destruirlo hasta dejarlo en su forma más básica, y luego "curarlo" o purificarlo hasta que madurara de golpe y se convirtiera en oro.

Para lograr dicha transformación, los alquimistas pasaban día y noche en laboratorios oscuros haciendo experimentos, donde se basaban en la idea de que el fuego y los líquidos fuertes podían purificar cualquier cosa. Así pues, construían hornos especiales (llamados atanor) que debían mantener encendidos a la misma temperatura durante semanas o incluso meses. Creían que el calor constante era la clave para "cocinar" el metal barato y hacerlo evolucionar. Si el fuego se apagaba por accidente, sentían que habían arruinado meses de trabajo. Luego, mezclaban sales y minerales para crear líquidos muy corrosivos. Su objetivo era derretir y disolver los metales por completo para separar sus partes "puras" de las "impuras". Aunque no lograron crear oro así, en el proceso descubrieron ácidos reales que seguimos usando hoy en día. Proseguían a usar aparatos de vidrio para hervir líquidos, convertirlos en vapor y volver a recogerlos en forma de gotas. Hacían esto una y otra vez, cientos de veces, pensando que en cada vuelta el líquido se volvía más espiritual y poderoso. Finalmente, medían constantemente mercurio líquido y azufre ardiente. Calentaban estos elementos hasta que soltaban gases de colores extraños y luego los mezclaban con plomo.

El problema, enorme realmente, es que ellos no sabían lo peligrosos que eran estos materiales. Muchos de estos experimentos terminaban en explosiones, y al respirar los vapores tóxicos del mercurio y el plomo en habitaciones cerradas, muchísimos alquimistas perdieron la cabeza, se enfermaron gravemente o perdieron la vida persiguiendo un sueño brillante que nunca lograron alcanzar. Lo que para ellos fue un sueño casi mágico, para la ciencia moderna se convirtió en un reto fascinante hasta poder lograrse... se pudo convertir plomo en oro.

La manera de lograrlo no tiene nada que ver con calderos hirvientes, hechizos o líquidos extraños, sino con entender de qué está hecho nuestro mundo. Para poder entender mejor el proceso, es importante mencionar los átomos, que son las unidades fundamentales y más pequeñas de la materia que componen todo el universo, conservando las propiedades químicas de un elemento. Todo lo que nos rodea, desde el aire hasta el cuerpo humano, está formado por estas diminutas partículas. Imaginemos que los átomos son pequeñas piezas de Lego.

Ahora bien, la única diferencia real entre un pedazo de plomo y un pedazo de oro es la cantidad de protones, que son partículas subatómicas con carga eléctrica positiva que se encuentran en el núcleo de todos los átomos, junto a los neutrones. Son fundamentales para la química y la física, ya que definen a qué elemento químico pertenece un átomo y aportan la mayor parte de su masa. Esas diminutas piezas se encuentran en el centro de los materiales. El plomo tiene exactamente 82 protones, mientras que el oro tiene 79. La matemática es bastante simple: si se logra quitar 3 protones a un átomo de plomo, se transforma instantáneamente en oro.

Claro, suena fácil, pero el detalle está en que los átomos están unidos con una fuerza tan brutal que romperlos requiere una cantidad de energía casi impensable. La historia aquí da giro interesante, cuando recientemente, un grupo de físicos en Suiza lo logró por accidente. Ellos estaban haciendo experimentos haciendo experimentos de colisión de partículas, simulando condiciones similares al Big Bang, en una gigantesca máquina de aceleración de partículas. Estaban acelerando núcleos de plomo a velocidades cercanas a la luz y los estrellaban entre sí. El objetivo era estudiar el plasma de quarks y gluones. Pero en el proceso de ese choque microscópico, algunas colisiones por la fuerza del impacto arrancaron exactamente tres protones en los núcleos de plomo, convirtiéndolos en un átomo de oro.

Ahora que sabemos el proceso y que sí funciona, ¿por qué no somos millonarios? Como bien se dijo anteriormente, los átomos están unidos con una fuerza extremadamente fuerte que requiere una cantidad de energía enorme, además, el resultado del proceso con el acelerador de partículas es un producto de cantidades microscópica, apenas unos átomos. El costo energético del acelerador de partículas es absurdo comparado con el valor del oro obtenido. Pero la respuesta a la pregunta que sirve como título es un rotundo SI. La transmutación de plomo en oro, el sueño imposible de la alquimia medieval, es posible y fue lograda en un laboratorio gracias a la ciencia moderna.

domingo, 19 de octubre de 2025

3° ESPECIAL DE HALLOWEEN 2025: Robert Cornish - El Doctor Frankenstein Real

ATENCIÓN: La presente publicación es la tercera de cuatro Especiales de Halloween. ¡Disfrútenla!

Hay una frontera que la humanidad siempre ha mirado con temor y deseo: la línea entre la vida y la muerte. En ese umbral se mueven las historias de fantasmas, las leyendas de resurrección y, también, los experimentos científicos más polémicos. Uno de los nombres que encarna este misterio es Robert E. Cornish, un biólogo estadounidense que la prensa bautizó como el Doctor Frankenstein Real. Pero lo que lo hizo famoso no fueron sus logros académicos, sino su obsesión con una pregunta: ¿Es posible devolver la vida a los muertos?


Robert Edwin Cornish nació el 21 de diciembre de 1903, en San Francisco, Estados Unidos. Fue un niño prodigio que se graduó con honores en la Universidad de California en Berkeley, a la edad de 18 años y recibió un doctorado cuando tenía 22. Trabajó en varios proyectos, incluido uno que permitía leer periódicos bajo el agua con lentes especiales. En el año 1931 se interesó por la idea de resucitar a los muertos según lo formulado en el libro de ficción gótica Frankenstein, de la autora Mary Shelley, escritora y dramaturga británica. Al año siguiente, decidió iniciar uno de sus experimentos más intrigantes y complicados: resucitar a los muertos. Para ello, tenía un plan que consistía en un columpio que balancearía el cuerpo sin vida para hacer fluir la sangre en los pacientes recientemente fallecidos mientras se les inyectaba una mezcla de epinefrina (adrenalina) y anticoagulantes en su sistema circulatorio para reactivarlo. 


En el año 1933, comenzó a realizar sus primeros experimentos con tres perros, a los que llamó "Lázaro", en referencia al personaje bíblico que volvió de la tumba. Para el proceso, el científico les inyectaba éter antes de balancearlos. Con ello, morían clínicamente, y así podía poner en marcha su teoría. Estas primeras pruebas, no obstante, no tuvieron resultado. Luego, intentó revivir a víctimas de un ataque al corazón, ahogamiento y electrocución con su invención, pero no tuvo éxito. Cornish decidió perfeccionar su método en animales y logró revivir dos perros (Lazarus IV y V), muertos clínicamente el 22 de mayo de 1934 y en 1935. Los perros estuvieron vivos durante unos meses, pero tenían importantes daños cerebrales, alteraciones nerviosas y ceguera. Como sus experimentos tuvieron éxito en sus perros, Cornish deseaba ampliar sus ensayos clínicos para incluir pruebas en humanos. 


La noticia, entonces, dio la vuelta al mundo. En el año 1935, el periódico The New York Times resumía entre sus páginas: "Robert E. Cornish, biólogo californiano que sorprendió a la comunidad científica al revivir a un perro clínicamente muerto, recientemente repitió el éxito de su experimento original con resultados aún más prometedores". 


Pronto, un hombre llamado Thomas Henry McMonigle, que era un recluso del corredor de la muerte de la Prisión Estatal de San Quintín, California, se puso en contacto con Cornish y ofreció su cuerpo para una posible reanimación después de su ejecución. Thomas fue acusado de la desaparición de Thora Afton Chamberlain, una estudiante de secundaria estadounidense de 14 años. Cabe señalar que Tomas fue fue condenado por el asesinato de Chamberlain, que fue reportada como desaparecida el 2 de noviembre de 1945, pero su cuerpo nunca fue encontrado. 


Robert Cornish estuvo de acuerdo con la idea de Thomas, pero las autoridades de California rechazaron la petición, debido a la preocupación de que un asesino reanimado tendría que ser liberado bajo la cláusula de "doble enjuiciamiento" o si seguiría cumpliendo condena o quedaría libre porque ya había "muerto" antes. Tras la denegación de la petición, McMonigle fue ejecutado en la cámara de gas de San Quintín el 20 de febrero de 1948.


Pero más allá del tema de la reanimación y la ciencia de por medio, muchos se preguntaban ante el tema de los experimentos de Robert Cornish, ¿y el alma? ¿qué pasa con el alma? Si alguien muere y luego regresa, ¿sigue siendo la misma persona? Para algunos, el alma abandona el cuerpo al morir y no puede regresar. Otros creen que, si el cuerpo revive, el alma podría "reinstalarse" como una chispa que nunca se apagó del todo. También existe la posibilidad inquietante de que lo que vuelve no sea exactamente lo mismo, ya que podría tratarse de un cuerpo animado, pero con otra esencia. Cornish nunca pudo responder a esto. Su trabajo quedó como un eco entre la ciencia y la filosofía, entre la esperanza y el miedo.


Robert Edwin Cornish falleció a la edad de 59 años, el 6 de marzo de 1963, en San Francisco, Estados Unidos. Él murió sin haber logrado su sueño de resucitar a un ser humano. 


Sin embargo, su figura sigue siendo recordada como un símbolo de la eterna obsesión humana: vencer a la muerte. Sus experimentos nos obligan a mirar de frente esa frontera invisible y a preguntarnos si, en caso de poder cruzarla, realmente deberíamos hacerlo.

domingo, 12 de octubre de 2025

2° ESPECIAL DE HALLOWEEN 2025: El Proyecto Abigail

ATENCIÓN: La presente publicación es la segunda de cuatro Especiales de Halloween. ¡Disfrútenla!

En los rincones más secretos de la historia, donde la ciencia se mezcla con la ambición y el miedo, nacen relatos que parecen advertencias, siendo el Proyecto Abigail, uno de ellos. No importa si fue real o no: lo que importa es lo que revela sobre nosotros como especie, lo cruel que podemos llegar a ser por ir más allá, por una obsesión. Esta reveladora historia contará como nació un monstruo, no de la naturaleza sino de la crueldad humana.

Se cuenta que después de la Segunda Guerra Mundial y en pleno inicio de la Guerra Fría, los científicos a cargo de algunos experimentos en ambos bloques en disputa; Estados Unidos y la Unión Soviética se obsesionaron por dar los mejores resultados para que ganara su nación. Entre el enfrentamiento social, ideológico, militar y propagandístico, los investigadores de Norteamérica continuaron con uno de los proyectos secretos que en medio de la Segunda Gran Guerra quedó engavetado, y fue la creación de personas súper poderosas a nivel bélico. Para ello, fueron reunidos muchos científicos de varias nacionalidades, y eso incluía a académicos nazis que se pusieron a la orden de los Estados Unidos con el fin de ser indultados a cambio de ofrecer sus servicios y descubrimientos a la poderosa nación.

Entre ellos, se encontraba el científico noruego llamado Albert Western, un hombre conocido por ir más allá en sus proyectos y que decían en informes oficiales, que poseía poca humanidad, si se trataba de experimentar con animales, incluso humanos cuando aportaba sus conocimientos en ayuda a la organización paramilitar nazi Schutzstaffel. Sus experimentos con la genética podrían funcionar en lo que se buscaba, en los campos de la nueva tecnología. El objetivo militar era probar los límites del cuerpo humano en condiciones extremas, buscando crear una especie de súper soldado o entender la resistencia biológica más allá de lo natural. Albert se lo tomó como siempre, de manera personal. Debía ser el primero en hacer que el objetivo se alcanzara y más aún, que se tomara en cuenta su nombre finalmente por el logro de algo asombroso y famoso. Así pues, llegó al escenario su hija: Abigail Western, la cual sería la protagonista en su proyecto personal.

Abigail era una joven chica rubia de 20 años, de ojos azulados y piel caucásica que vestía ropa elegante y poseía gustos refinados para la cocina y la confección. Le tenía gran respeto y amor a su padre, más no sabía los turbios experimentos y resultados que hacía su padre Albert a nivel científico. Ella vivía en Noruega junto con su madre Hilda desde antes que iniciara la Segunda Guerra Mundial, pero solían vivir en Alemania, donde sus padres se conocieron. Ella había ido desde su Noruega natal hasta los Estados Unidos para visitar a su padre, el cual le había indicado que tenía un nuevo trabajo, uno de gran importancia para la nación norteamericana. El encuentro entre ambos fue en pleno desierto de Nevada, en la base militar estadounidense utilizada como un campo de pruebas para desarrollar tecnología avanzada: la mismísima Área 51. Allí, Abigail comenzó a ver los informes y experimentos que su padre tenía comenzó a cuestionarlo, desde los experimentos con fetos humanos y mujeres embarazadas, hasta el ritmo espantoso y acelerado de hermanos siameses. Albert se dio cuenta que su hija, lo que más amaba en el mundo, no lo perdonaría jamás pero al mismo tiempo, ella sería su impulso para lograr lo que finalmente quería.

Albert secuestró a su hija y la llevó hasta los cubículos de experimentación en niveles subterráneos para prepararla. El científico tenía a su disposición, un grupo de quince personas, que incluía a técnicos y otros doctores que anotarían el proceso pero que no debían de mencionar nada de lo que se vería en el cubículo, sería un proyecto secreto donde Albert estaría a cargo y en total control de todo. Abigail fue expuesta a dosis de radiación y recibía inyecciones químicas cada dieciséis horas. Las posteriores pruebas a las que fue puesta fueron tan crueles que deformaron su mente y su cuerpo. La ausencia de efectos adversos durante los primeros meses terminaría transformando más tarde a la joven en una criatura salvaje, agresiva y puramente primitiva. Su piel se volvió irreconocible, su comportamiento dejó de ser humano y, poco a poco, se convirtió en una criatura monstruosa, incapaz de volver a la vida normal. Albert ya no podía comunicarse con su hija pero sabía que, de alguna manera, la ahora criatura, mantenía un odio terrible y palpable hacía él.

Pronto, oficiales y personal médico, como también analistas y personal gubernamental, comenzaron a ver cosas terroríficas dentro del complejo subterráneo. Desde sombras y gruñidos, hasta grandes rasguños en las puertas blindadas y desapariciones de los miembros de la plantilla de servicio. La situación llegó a su punto más alto dos años después, cuando Albert, intentando llevar a Abigail a niveles más profundos para mantenerla oculta y evitar más desapariciones de su parte, la criatura se liberó con tanta facilidad y salvajismo que no le quedó más remedio al infame científico que huir a los niveles superiores. En los pasillos del complejo fue la primera vez que pudieron ver a Abigail, los oficiales quedaron espantados con tan horrorosa aparición y las balas de las armas parecían no hacerle daño. Treinta y siete oficiales terminaron sin vida en el enfrentamiento. Algunos triturados y destazados, otros devorados. Albert Western decidió suicidarse, no sin antes, haber dejado una carta suplicando que no acabaran con la vida de su hija Abigail, sino que pudieran devolverle su humanidad al curarla.

Durante décadas, exmilitares, científicos y trabajadores afirman haber visto una horrible aparición entre las zonas más alejadas del complejo que van desde sombras y gruñidos hasta gritos de desesperación y sonidos guturales en los largos túneles de ventilación. Algunos relatos aseguran que fue encerrada en una gran jaula electrificada creada con aleaciones de varios metales fuertes en las profundidades del Área 51, alimentada en secreto durante años, hasta que finalmente murió. Otros sostienen que aún en la actualidad, vaga en los pasillos subterráneos, un recordatorio viviente de lo que ocurre cuando la ciencia se convierte en obsesión.

Sin embargo, el ejército estadounidense dejó de alimentar al monstruo salvaje al inicio del milenio, esperando que terminase muriendo de hambre ya que su presencia ponía en peligro al personal, al material que albergaba el complejo y los experimentos que allí habían. La sorpresa para todos fue cuando en octubre del año 2003, la criatura que antes fue una bella chica, escapó de su gran jaula, destruyó una gran pared de las instalaciones y excavó hasta fuera del Área 51, perdiéndose en el desierto de Nevada. A las pocas semanas, campesinos y conductores de la ruta de la zona comenzaron a manifestar que habían visto una sombra enorme corriendo por las rocas acompañada de aullidos escalofriantes.

Hay un testimonio recuperado de uno de los encuentros de Abigail con oficiales y técnicos del complejo. Algunos sabían a que le hacían frente, pero otros desconocían que se encontraba allí abajo con ellos:

Nunca olvidaré el olor. No era solo el hedor metálico de los pasillos del Área 51, ni el aire seco del desierto que se filtraba por las compuertas. Era algo más denso, más vivo… como si la podredumbre respirara conmigo. Yo estaba allí. No como científico principal, ni como soldado de alto rango. Era un técnico, un engranaje más en la maquinaria del secreto. Mi trabajo era sencillo, debía vigilar los monitores, registrar los signos vitales, y no hacer preguntas. Pero en el fondo sabía que lo que ocurría en la sala de contención no era ciencia, era un sacrificio.  

Todos sabíamos quién era. Abigail Wester, la hija del doctor a cargo del proyecto. La primera vez que la vi, estaba sentada en una camilla, con los ojos perdidos y la piel pálida bajo la luz fluorescente. No parecía una voluntaria. Parecía una víctima. El doctor hablaba de avances, de resistencia humana, de un futuro donde el cuerpo sería indestructible. Pero cada día que pasaba, Abigail se alejaba más de lo humano. Su piel se agrietaba, sus huesos parecían retorcerse bajo la carne, y su voz… su voz se convirtió en un gruñido que helaba la sangre. 

La sala donde la mantenían era fría, reforzada con acero y muy por debajo de los niveles subterráneos. Yo debía observarla a través del cristal. A veces, cuando creía que nadie me miraba, ella se acercaba lentamente y apoyaba la frente contra el vidrio. Sus ojos, deformes y enrojecidos, me buscaban. No pedían ayuda. Pedían fin. Una noche, mientras registraba los datos, escuché un golpe seco. Luego otro. El vidrio temblaba. Abigail estaba allí, golpeando con una fuerza que no podía pertenecer a un cuerpo humano. Los guardias corrieron, las alarmas sonaron, y yo… yo no pude moverme. La vi sonreír. Una sonrisa rota, llena de dientes que ya no eran suyos.  

No escapó, pero si me fui y hui del proyecto. Entregué mis notas y no dije nada al respecto. No debía, no podía. En relación a Abigail, dicen que murió y que su cuerpo fue incinerado en algún horno subterráneo. Que el proyecto fue cancelado. Pero yo sé la verdad. Nadie me lo contó: lo vi con mis propios ojos. La puerta de acero nunca se abrió. Nadie entró a "retirar los restos". Abigail sigue allí abajo. Respirando.

domingo, 6 de julio de 2025

¿Qué son los Payasos Planeadores del Plexo Solar?

Hay un fenómeno reciente, poco conocido pero relativamente popular en círculos de discusión sobre la Nueva Era y la parapsicología relacionada a la mente. Su origen ocurre en cadenas de e-mails enviadas a fines de los años noventa, que eran enviadas a manera de broma y sugerían que ciertas personas podían ser infectadas por entidades extradimensionales solo con escuchar el nombre del fenómeno o ver una serie de fotos adjuntas al mensaje o conjuntos de imágenes espeluznantes en blanco y negro que circulaban en línea.

Pero antes de adentrarnos en el tema, hay que dejar claro que es el Plexo Solar. El plexo solar o plexo celiaco es una densa red nerviosa que rodea a la arteria aorta ventral en el punto de donde salen la arteria mesentérica superior y el tronco celíaco, a nivel de la primera vértebra lumbar, detrás del estómago.​ Procede especialmente del sistema nervioso simpático y del nervio vago derecho. En él se combinan las fibras nerviosas del gran simpático y del parasimpático.​ El plexo solar contribuye a la inervación de las vísceras intraabdominales. La cultura hindú y las prácticas del Nueva Era sostienen que el plexo solar, es el chakra que contiene emociones positivas y negativas; y es importante porque en él se concentran emociones que incluyen la perseverancia, el deseo de ganar, la ira, la irritación, el egoísmo, la agresividad, la destructividad, la violencia, la crueldad, el resentimiento, la preocupación, la ansiedad y el miedo; entre otros. 

The Solar Plexus Clown Gliders (o SPGC por sus siglas), es el nombre colectivo que se da a una amplia gama de fenómenos paranormales atribuidos a una entidad corruptora que infecta a personas débiles y vulnerables a través del chakra del plexo solar. Más que un críptido material, el SPCG es efímero y opera a nivel del lenguaje, y se da a conocer mediante imágenes y palabras. El SPCG parece alimentarse de la miseria humana, bombardeando a su huésped con alucinaciones realistas, fallos en la realidad, y debilitándolo emocionalmente. Luego, simplemente lo llevan más allá de su capacidad máxima de dolor psicológico. El malestar que produce el contacto con SPCG se describe como similar a los síntomas de paranoia por abstinencia que experimentan los adictos a la metanfetamina, incluyendo alucinaciones corporales casi constantes y psicosis. Los efectos reportados también son similares a estados de delirio.

No existe un origen concreto del término, aunque se sugiere que fue ideado a partir de un concepto establecido por el cineasta David Lynch en su libro de 1973 "Catching the Big Fish: Meditation, Consciousness and Creativity"; donde habla sobre ansiedad, depresión y furia; y la forma en que lidió con ellas meditando. En el libro, Lynch explica que a todo ese negativismo le otorgó el nombre del "Suffocating Rubber Clown Suit of Negativity" (en español: Traje sofocador de payaso de goma de negatividad); y lo describía como sentirse metido en un traje sólido y pútrido hecho de goma caliente que desaparece una vez que se medita y recapacita en torno a sus problemas. Y aunque se sugiere que en la década de 1980 se popularizó la frase entre círculos de practicantes de la Nueva Era, algunos más sugieren a que puede ser parte de un experimento de control mental de la CIA, o algo relacionado al MK Ultra. 

Se volvió más prevalente en la década de 1990, cuando un virus troyano del mismo nombre se diseminó por Estados Unidos y Europa. El virus era de los primeros en usar screamers, pues se activaba al azar y mostraba la imagen de un rostro aterrador de forma rápida; llevando a los usuarios a creer que su PC estaba embrujada. 

Los SPCG se convirtieron en la base para otros memes de fenómenos que se distribuían de manera digital y herían a quien los veía. Ejemplos de estos incluyen una imagen fractal conocida como El Perico, el cual incluía una descripción sobre que con solo ver esa imagen producía la muerte; el famoso Smile.jpg, las fotografías de fantasmas y las maldiciones de correos en cadena. Estos fenómenos son denominados Basiliscos, en referencia a los reptiles mitológicos que mataban con la mirada. 

Al igual que ocurre con ciertas entidades ficticias como Pennywise o los dioses de Lovecraft, el saber de la existencia de los SPCG vuelve a la víctima susceptible a una infección o posesión demoniaca. La idea es que básicamente, el solo recitar las palabras Solar Plexus Clown Glider genera una reacción en el cerebro y el meditar o pensar sobre estas entidades provoca el comenzar a experimentar encuentros con ellas. En hilos archivados de 4chan se maneja la posibilidad de que como ocurre con los Basiliscos, los SPCG pueden llevar al desarrollo de un Síndrome Neuroléptico Maligno, en el cual el cerebro comienza a autodestruirse en respuesta a estímulos repetitivos; llevando a la mente a creer que algo muy terrible ha ocurrido y debe responder de manera acorde.

Uno de los ejemplos más conocido es el del presentador del podcast de conspiraciones y temas paranormales Dead Rabbit Radio, llamado Jason Carpenter, quien tras investigar sobre estos seres empezó a ver lo que describe como una cobra gigante en los pasillos de una corte. 

Luego de este fenómeno, Carpenter experimentó ansiedad y una degradación en su calidad de vida; por lo que considera a los SPCG como un parásito memético que existe solo para perpetuar el sufrimiento humano. 

Además de la cobra vista por Carpenter, los SPCG son reportados con la forma de payasos o mimos demoniacos comparables a Pennywise o el Joker, pero hay quienes sostienen que realmente son entidades similares a babosas o serpientes hechas de sustancias más allá de los límites de la tercera dimensión; algo similar a los Black Stick Men o el fenómeno de la Gente de Sombras. 

Qué opinas tú, ¿Será verdad o solamente una creencia ya convertida en una leyenda urbana? De ser verdad, ya con leer la publicación, ¿Entonces estarías infectado?

domingo, 15 de diciembre de 2024

El experimento social de Norah Vincent

La transición de género es un tema polémico en la actualidad. Dicho proceso es complejo y multifacético que implica el cambio de género de una persona con el fue asignada al nacer con el se identifica. El camino de cambio abarca aspectos sociales, médicos y legales, y pueden llevarse a cabo de maneras muy diferentes, según las necesidades y deseos de cada individuo. Ahora bien, la identidad de género es la percepción interna y personal que una persona tiene sobre su propio género, que puede o no coincidir con el género asignado al nacer, y aquellas personas cuya identidad de género no se alinea con su género asignado, pueden identificarse como transgénero, no binarias, genero fluido, entre otras identidades. Uno de los aspectos relevantes es la transición social, que toca la forma en la que la persona presenta su vida diaria, que puede incluir el cambio de nombre, pronombres, vestimenta y apariencia, así como se relaciona con el mundo. 

Así pues y entre la controvertido del tema, entra en escena Norah Vincent, una escritora y periodista que llevó a cabo un experimento social único con la finalidad de saber cómo era vivir como hombre durante dieciocho meses.

Norah Mary Vincent nació en Detroit, Estados Unidos, el 20 de septiembre de 1968. Allí pasó la mitad de su infancia y la otra mitad en Londres, donde su padre trabajaba como abogado para Ford Motor Company. Estudió en la universidad Williams College, donde se licenció en filosofía en el año 1990, antes de realizar estudios de posgrado en la universidad Boston College. También trabajó como editora para Free Press, columnista semanal en Los Angeles Times y columnista trimestral sobre política y cultura en la revista informativa estadounidense gay y lesbiana The Advocate. Sus artículos aparecieron en The New Republic, The New York Times,​ New York Post, The Washington Post y otras publicaciones periódicas.​ Ganó especial reconocimiento en 2006 por su libro Self-Made Man, que cuenta en detalle su experiencia y anécdotas, al pasar dieciocho meses viviendo como varón. 

En dicho libro, Vincent describe un experimento de dieciocho meses a principios de los 2000 en el que se disfrazó de hombre. Allí describió sus experiencias en las relaciones interpersonales entre hombre y hombre y hombre y mujer. Se unió a un club de bolos solo para hombres, asistió a bares, entró en un grupo de terapia para hombres, fue a un club de striptease,​ salió con mujeres y aprovechó lo que sabía cómo católica no practicante para visitar monjes en un monasterio.

Vincent escribió que la única vez que la han visto demasiado femenina fue en su etapa como hombre. Más de una vez creyeron que su nueva identidad llamada Ned, era homosexual. Los rasgos que parecían "poco femeninos" cuando se presentaba como mujer eran considerados extrañamente femeninos cuando se presentaba como hombre. Vincent afirmó en una entrevistada por la periodista Juju Chang en el programa 20/20 de la cadena ABC News, que, tras el experimento, se había dado cuenta de los beneficios de ser mujer y de las desventajas de ser hombre. Dijo: "Me gusta mucho ser mujer. ...Me gusta más ahora que lo veo más como un privilegio"​. Vincent también afirmó que ahora tenía más simpatía y comprensión por los hombres y la condición masculina: "Los hombres están sufriendo. Tienen problemas diferentes a los de las mujeres, pero no lo tienen más fácil ya que muchos enfrentan rechazos constantes. Necesitan nuestro apoyo, necesitan nuestro amor porque tienen la presión de ocultar sus emociones, y se necesitan el uno al otro más que cualquier otra cosa. Necesitan estar juntos".

A Vincent la describieron como una libertaria que criticaba el posmodernismo y el multiculturalismo. Vincent no creía que las personas transgénero pertenecieran al sexo con el que se identificaban, por lo que la acusaron de intolerancia.​ En un artículo para The Village Voice, escribió: "La transexualidad significa la muerte del uno mismo, el alma, ese buen "yo" indudable y anticuado que tanto amaba el filósofo, físico y matemático francés René Descartes, cuyo gran proverbio "Pienso, luego existo" se ha convertido en un chiste ontológico".

Sin embargo, el experimento tuvo un alto costo emocional para Vincent. La tensión de mantener una identidad falsa y las revelaciones sobre las dificultades de ser hombre provocaron una profunda depresión que la llevó a buscar tratamiento psiquiátrico luego de culminar el experimento. Más adelante, escribió otro libro sobre su experiencia en hospitales mentales, tales como Voluntary Madness (2008), donde cuenta sus vivencias como paciente hospitalizada en tres centros para pacientes con enfermedades mentales. Allí criticó a los médicos que, según ella, eran inaccesibles, y señaló que demasiados dependían de terapias basadas en los medicamentos, mientras que otros solo se ocupaban de los síntomas en lugar de las causas que los provocaban.

De igual modo, Vincent trató de hacerle frente a los problemas de salud mental que poseía y el efecto grave que había ocasionado el experimento. En el año 2023, con 53 años de edad, Norah Vincent eligió la eutanasia asistida en una clínica de Suiza el 6 de julio de 2022, cerrando una vida marcada por la exploración de los límites sociales y personales. No se informó de su muerte hasta agosto de 2022.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El experimento Filadelfia - Un proyecto de gran secreto

Durante el año 1930, el inventor e ingeniero mecánico y eléctrico, Nikola Tesla indico de manera pública que había completado una teoría de gravedad derivada de Albert Einstein, superponiéndola de manera dinámica para su funcionamiento. Básicamente se explica que la gravedad es una mezcla de ondas electromagnéticas longitudinales y transversales. Éstos estudios fueron investigados por un grupo de la Universidad de Chicago quienes experimentaban con los campos electromagnéticos con la finalidad de usarlos para la teletransportación mediante el uso de la manipulación de campos magnéticos y eléctricos, una posibilidad muy viable en la investigación del tema. Para el año de 1939, los estudios se convirtieron en un proyecto muy sólido que fue trasladado a Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, Nueva Jersey.


Unos meses después aplicaron sus anotaciones de investigación y experimentaron en la manipulación de campos, el resultado fue asombroso ya que se afirmó que habían logrado conseguir que algunos objetos de tamaño mediano se volvieran invisibles. Se dice que el Gobierno de los Estados Unidos fue testigo de algunas de esas pruebas y se intereso, enfocándose en el plano militar y el potencial de lo que ésta nueva tecnología representaría. El Gobierno de ese modo decidió sufragar el curso de las investigaciones para direccionarlas en el ámbito de la industria bélica.


Todo lo relacionado al tema, investigaciones, estudios y pruebas estaban destinadas al llamado Proyecto Arcoíris o Experimento Philadelfia, un alias que recibió el asunto para mantenerse secreto y hacer armamento activo invisible para aplicarlo en futuras confrontaciones, tomando en cuenta el conflicto militar global de La Segunda Guerra Mundial. El nombre se debió al lugar de las pruebas, la Base Naval de Filadelfia.


Así pues, para finales de año 1942 de autorizó la construcción de un destructor de escolta que serviría para la Armada de los Estados Unidos llamado USS Eldridge (DE-173), el cual recibía su nombre en honor al teniente comandante John Eldridge Jr., héroe de la invasión de las islas Solomon. 


En julio de 1943 comenzaron las pruebas que en ciertos aspectos lograron un avance y un éxito hasta cierto punto. Éste evento resultaría el paso definitivo para la prueba bélica.


El 22 de febrero se comenzó su construcción y entró en servicio en el Astillero Naval de Nueva York el 27 de agosto de 1943. Se dice que hubo una prueba el 22 de julio a las 09:00 horas, cuando no estaba completa su construcción y casi totalmente la estructura quedó invisible, una niebla de color verde rodeo casi todo y los miembros de la tripulación reportaron náuseas posteriores. De éste acto hubieron muchos testigos que afirmaron y corroboraron lo antes indicado. Luego de lo sucedió el experimento fue alterado a petición de la Armada de los Estados Unidos con el objetivo de hacer al navío invisible solamente a los radares.


En un punto del mes de septiembre se decidió hacer una prueba en un medio de guerra y se modifico el navío para transportar toneladas de equipamiento electrónico, entre el que se incluían dos enormes generadores de 75 kV cada uno, montados en el lugar que debería ocupar la torreta de proa, distribuyendo su potencia a través de cuatro bobinas montadas en cubierta. Tres transmisores RF de 2 megavatios cada uno, 3.000 tubos amplificadores 6L6 que serían empleados para canalizar los campos de las bobinas de los dos generadores, circuitos de sincronización y modulación para generar campos electromagnéticos masivos que, correctamente configurados, serían capaces de curvar las ondas de luz y de radios alrededor del buque, todo eso con la intención de hacerlo invisible.


El 28 de octubre se volvió a realizar el experimento con el equipo recalibrado. En ésta ocasión el USS Eldridge (DE-173) no se volvió casi invisible como la vez pasada, sino que de hecho desapareció totalmente del área en lo que parecía ser un relámpago de color azul claro y muy brillante. Dicho relámpago se trato de una descarga de plasma ionizada conocida desde hace algún tiempo como Fuego de San Telmo. A los pocos minutos, en la base naval en Norfolk, Virginia, a 640 kilómetros de distancia, un marinero en sus costas declaró haber visto al Eldridge durante 15 minutos para luego desaparecer nuevamente. 


Después apareció otra vez en Filadelfia, en sus coordenadas originales. Se declaro de manera oficial que fue un caso accidental de teletransportación, pero para la Marina de Estados Unidos, el proyecto nunca existió y no se tiene documento alguno de pruebas realizadas con campos electromagnéticos y para el ojo público fue informado como una continua farsa.


Un marino mercante llamado Carl Meredith Allen fue testigo de lo ocurrido cuando desapareció el navío y reapareció. Éste afirma que 22 tripulantes entraron y solo seis salieron con mareos muy fuertes, náuseas insoportables que terminaron con problemas mentales como esquizofrenia severa, amnesia total o sin alguna extremidad. 


El resto de la tripulación se dice que desaparecieron pero lo cierto fue que cinco de ellos terminaron fundidos con la estructura de metal de la proa del buque y los demás sufrieron la desmaterialización de alguna parte de su cuerpo momentos después de la teletransportación, de los cuales solo dos sobrevivieron.  


Los sobrevivientes, entre los momentos de normalidad mental, informaron que un poco antes de sufrir "la teletransportación", se escucho un ruido extraño que algunos los afecto hasta perder el equilibrio y quedar en el piso. Al reaparecer los que se encontraban en el suelo se habían combinado con el navío. Otros perdieron partes de su cuerpo; como manos, brazos enteros, piernas, cabezas completas o partes de su cráneo, la mitad de su torso o de su cuerpo. Se explico que habían estado expuestos a un hiper-campo que había penetrado en el espectro de su cuerpo, un equipo electrónico espacial era necesario para re-hacerlos aparecer.


Se dice que el proyecto habría sido reactivado en el año 1947 bajo el nombre de Phoenix y enviado al Laboratorio Nacional de Brookhaven en Upton, Long Island, con un doctor llamado Von Neumann como líder de equipo junto a sus asociados. 


Lo que sí fue seguro es que el 15 de enero de 1951, el USS Eldridge (DE-173) fue transferido bajo el programa de asistencia a la defensa mutua a Grecia, donde sirvió con el nombre de León (D-54). El navío abandonó el servicio el 5 de noviembre del año 1992, y el 11 de noviembre de 1999 fue vendido a V&J Scrapmetal Trading Ltd, un desguace donde terminó sus días pacíficamente.