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domingo, 12 de julio de 2026

La Niña del Globo Azul y la Mujer de Sombrero Rojo - Anunciantes de Desastres

Hay una quietud muy extraña antes de que el mundo se venga abajo. Los que han sobrevivido a grandes tragedias suelen hablar de señales: los perros aúllan sin razón, los pájaros desaparecen del cielo y el aire se vuelve pesado, casi difícil de respirar. La naturaleza tiene sus formas de avisarnos que el peligro está cerca. Pero, ¿qué pasa cuando la advertencia no viene del viento ni de los animales, sino de personas que no deberían estar ahí? A lo largo de la historia, las cámaras y los testimonios han capturado cosas que escapan a toda lógica. Entre los rostros en las multitudes, horas precisas o días antes de que el caos se desate, a veces aparecen figuras extrañas. No hacen ruido. No advierten a nadie. Simplemente están ahí, como si supieran exactamente lo que está a punto de ocurrir.

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (United States Library of Congress), es una de las mayores bibliotecas del mundo, con más de 158 millones de documentos. Se encuentra en Washington D. C. y distribuida en tres edificios (el Thomas Jefferson Building, el John Adams Building y el James Madison Building). Su colección incluye más de 36,8 millones de libros en 470 idiomas, más de 68 millones de manuscritos y la colección más grande de libros raros y valiosos, incluyendo una de las únicas cuatro copias en perfecto estado de la Biblia de Gutenberg, y el borrador de la Declaración de Independencia. Además, guarda más de un millón de publicaciones del gobierno de Estados Unidos, un millón de números de periódicos de diferentes partes del mundo, de los últimos tres siglos, 500.000 rollos de microfilm, 6.000 títulos de cómics, la colección más grande de documentos legales, películas, cerca de 5 millones de mapas, partituras, 2,7 millones de grabaciones sonoras, canciones y más de 13,7 millones de grabados y copias fotográficas. El documento más antiguo es una tablilla de piedra del año 2040 a. C. También alberga obras de arte, dibujos arquitectónicos, y valiosos instrumentos como el Stradivarius Betts y el Stradivarius Cassavetti.

A inicios del presente año 2026, la Biblioteca del Congreso analizó tres fotos de tres tragedias: San Francisco antes del terremoto (1906), Nueva Orleans antes del huracán Katrina (2005) y California antes de los incendios (2021). En todas las fotos se encontraba una niña con globo azul y vestido blanco impecable que sonreía a la cámara. Los desastres ocurrieron días después. Lo que la hace destacar no es tanto su ropa, sino su actitud. En las fotos en donde se encuentra, la gente a su alrededor se ve apresurada, distraída o borrosa por el movimiento. Pero ella no. Ella siempre está quieta, mirando fijamente hacia el lente de la cámara, con una sonrisa amplia y relajada que contrasta de manera horrible con la tragedia que está por venir.

El primer registro claro de esta pequeña apareció en el 1906, justo antes del terrible terremoto de 7.9 que sacudió San Francisco, el 18 de abril. En una foto tomada en una calle que horas después quedaría reducida a escombros, se puede ver a la niña en una esquina. Mientras todos caminan rápido, ella sonríe al fotógrafo, aferrada a su globo azul. Esa catástrofe destruyó el 80% de la ciudad por los sismos y los incendios posteriores. Podría haber sido una simple casualidad, una víctima más de aquel día negro. Sin embargo, décadas después, en el año 2005, los habitantes de Nueva Orleans estaban a punto de enfrentarse a la furia del huracán Katrina. La marejada ciclónica provocó la rotura catastrófica de los diques, inundando el 80% de la ciudad y dejando un trágico saldo de más de 1.800 víctimas mortales. En un reportaje de noticias local grabado en las calles mientras la gente evacuaba bajo un cielo oscuro y amenazador, la cámara hizo un paneo rápido por la acera. Y ahí estaba. La misma niña, el mismo vestido blanco, el mismo globo azul. Intacta por el paso del tiempo. Sonriendo a la lente de la cámara de televisión mientras el viento comenzaba a soplar con fuerza.

La aparición más reciente y escalofriante ocurrió en el año 2021, durante la devastadora temporada de incendios forestales de California, donde se registraron 7.396 siniestros que consumieron 2.569.386 acres, destacando el Incendio Dixie, el más grande de ese año, que devastó vastas extensiones de terreno y pequeñas ciudades. De las fotos registradas de los incendios, unas pocas lograron captar la foto de la niña con el globo azul, pero la imagen más nítida la obtuvo una turista australiana que grabó con su celular la gigantesca nube de humo que se acercaba. Al revisar el video más tarde, notó que en el fondo, cerca de un bosque que ya empezaba a arder, estaba una niña que sujetaba un globo azul. Estaba sonriendo. Como si estuviera esperando algo.

Una mujer de nombre Sarah Landry, de 53 años actualmente, estuvo en Nueva Orleans en el año 2005 durante los acontecimientos del huracán Katrina. Ella manifestó que donde vivía su abuela quedó destruido, y ella también falleció. Pero cerca de la localidad, una pequeña niña de vestimenta muy antigua, le dijo de manera calmada: "Corre... El agua viene". Hoy en día, Sarah sigue viviendo en la parroquia de Plaquemines, Luisiana. Tiene en una de sus ventanas un globo de color azul. "No es advertencia. Es esperanza. Porque esa niña no es algo común. Parece que ella siempre aparece… antes de que el mundo cambie".

Ahora bien, el Museo Imperial de la Guerra (Imperial War Museum), es el museo militar británico, establecido en 1917 durante la Primera Guerra Mundial, fue inaugurado oficialmente el 9 de junio de 1920 por el rey Jorge V en el Crystal Palace, en Sydenham Hill, Londres. En 1924 el museo fue trasladado al Instituto Imperial en South Kensington y, finalmente, en 1936, el museo adquirió un local permanente en donde antes se encontraba el hospital psiquiátrico Real de Bethlem en Southwark. Durante 1970, el museo comenzó a expandirse hacia otras sedes. Las colecciones del museo incluyen archivos de documentos personales y oficiales, fotografías, material cinematográfico, grabaciones de historia oral, una amplia biblioteca, una colección de arte y vehículos y aviones militares.

A mediados del año 2025, el Imperial War Museum analizó tres fotos de tres tragedias: el hundimiento del Titanic (1912), las protestas de París (1968) y la coronación de Carlos III (2023). En todas las fotos se encontraba una figura que no buscaba ser el centro de atención, sino que prefiere quedarse en los bordes, observando desde la multitud. Los testigos y los analistas de fotografías la describen siempre igual: una mujer adulta, de postura firme y elegante. Lleva un sombrero rojo de ala ancha que le hace sombra sobre los ojos, impidiendo ver su rostro con claridad, y usa unos largos guantes negros. Nunca sonríe. Nunca interactúa con nadie. Solo observa.

Su leyenda oscura comenzó a inicios del año 1912. Mientras cientos de personas despedían con alegría al majestuoso Titanic en el puerto, una fotografía capturó a los pasajeros subiendo por la pasarela. En la parte inferior de la imagen, alejada de los familiares que agitaban pañuelos, estaba la mujer del sombrero rojo. Sus manos cubiertas por guantes negros descansaban sobre su bolso. Ella miraba al enorme barco no con admiración, sino con la frialdad de alguien que sabe que ese gigante de acero se convertirá en un gran ataúd de hielo. Años más tarde, el escenario cambió por completo. En mayo de 1968, París ardía en medio de intensas protestas estudiantiles y obreras. Las calles eran un caos de piedras, gases lacrimógenos y barricadas. En una famosa fotografía de los disturbios, justo detrás de una línea de jóvenes que lanzaban objetos a la policía, se puede ver a la multitud acurrucada por el miedo. Pero de pie, apoyada contra la pared de un edificio, completamente inmóvil y ajena al peligro, estaba la mujer del sombrero rojo y guantes negros. Observando el fuego y la furia humana.

Su última aparición conocida nos lleva a un evento muy reciente y de carácter global: la coronación del Rey Carlos III en 2023. En una transmisión en vivo que vieron millones de personas, mientras las cámaras mostraban a la multitud congregada bajo la lluvia en Londres, la lente enfocó por un par de segundos a un grupo de personas emocionadas. Justo en el medio, destacando entre abrigos oscuros e impermeables, había un sombrero rojo. Una mujer con guantes negros cruzada de brazos, mirando fijamente la procesión real con la misma indiferencia fría de hace más de un siglo.

Aunque esta última aparición no precedió un desastre inmediato como en los casos anteriores, muchos teóricos y curiosos se preguntan con mucho temor: ¿Qué es exactamente lo que estaba esperando ver? ¿Acaso anunció un desastre aún está por ocurrir? ¿Algo que tiene que ver con la población inglesa?

Ambas figuras, tan distintas entre sí, comparten un elemento aterrador: rompen las reglas del tiempo y de la lógica. No envejecen, no cambian de ropa y siempre están presentes cuando la historia está a punto de dar un giro oscuro y doloroso. Algunos dicen que son viajeros en el tiempo, turistas de una época lejana que vienen a ver en primera fila las mayores tragedias de la humanidad. Otros aseguran que son ángeles de la muerte, o entidades oscuras que marcan el lugar donde la desgracia va a caer.

domingo, 28 de junio de 2026

PUBLICACIÓN ESPECIAL: Terremotos en Venezuela

Tomando en cuenta el lamentable y trágico hecho ocurrido el 24 de junio del presente año 2026, realizo esta publicación especial para hacer un paréntesis en la historia de mi país natal, Venezuela, en cuanto a un antes y un después del gran sismo. Venezuela es un país bendecido con paisajes naturales impresionantes y una rica cultura, pero más allá de eso, desde más de 100 años ha sido testigo de acontecimientos sísmicos en varios momentos de su historia, que han dejado una huella imborrable en el territorio y en la memoria colectiva de muchos. En un rincón del mundo lleno de contrastes y belleza, los terremotos han sido recordatorios de la fuerza de la naturaleza y de la fragilidad de la vida. Aquellos que han vivido la experiencia de un temblor en este país latinoamericano recuerdan con nostalgia y asombro esos momentos de incertidumbre, como si la tierra bajo sus pies les estuviera hablando.

La geografía de Venezuela es un mosaico de montañas, llanuras y costas, pero también de placas tectónicas en constante actividad. La interacción entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana ha hecho que esta región sea propensa a movimientos sísmicos. Aunque muchos temblores son leves y pasan desapercibidos, otros han tenido consecuencias devastadoras. A continuación, revisaremos algunos de los terremotos más notables en la historia de Venezuela, ya que el primer reporte que se tiene, es del siglo XVI, en el año 1530 en Cumaná, capital del Estado Sucre. Tuvo una magnitud de entre 7.1–7.5 en la escala de Richter.

  • El Terremoto de 1812

El jueves 26 de marzo de 1812, que era Jueves Santo, los líderes patriotas planificaban una campaña contra la provincia de Guayana, aún monárquica, y detener la ofensiva enemiga desde el oeste. La ciudad de Caracas estaba adornada y con el pueblo congregado en las iglesias. A las 04:05 de la tarde empezó una rápida sacudida en la tierra que duró 26 segundos. Al final de este, los edificios estaban en ruinas y miles sepultados; escenas similares se produjeron en otras ciudades y pueblos. Curiosa pero razonablemente, en la ciudad de La Guaira, conocido antes como Estado Vargas, no quedó edificación en pie, a excepción de la casa de la Aduana y las murallas. Horas antes, a las 2:30 de la tarde, tembló en Santa Cruz de Mompox, pueblo de Colombia en el distrito Bolívar, y al día siguiente en la isla San Vicente, donde el volcán La Soufrière entró en erupción. La reacción inmediata del gentilicio fue de consternación. En las plazas públicas se reunieron grupos de sobrevivientes a suplicar de rodillas a cielo, mientras otros movían los escombros para rescatar a los familiares y amigos que gemían pidiendo ayuda. Las mujeres empezaron a cambiar sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de penitencia. Muchos hombres dejaron sus trajes de gala para hacer procesiones usando únicamente una ancha correa, con los pies descalzos, sus barbas sin afeitar, en sus cuellos una cuerda sujetando una gran piedra y en sus espaldas cruces de madera. Iban a los cerros cercanos a las ciudades a implorar, hambrientos, clemencia divina y a besar reliquias de los santos.

La situación sólo empeoraba por las constantes réplicas. A la medianoche de la jornada del terremoto principal vino una fuerte réplica de entre 5 y 6 segundos, luego otra de entre 10 a 12 y una tercera más breve. El gobierno local se reunió en la plaza frente a la catedral de Santa Ana, en la Parroquia Catedral del Municipio Libertador, y envió ayudas a los extremos de la urbe, sin embargo, no había medicinas, alimentos ni provisiones. Finalmente, ese mismo día, el gobierno federal declaró la ley marcial para impedir saqueos y ordenan quemar todo cadáver que se encontrara para evitar una epidemia de cólera (en la época se creía en la teoría miasmática: antigua hipótesis médica que atribuía enfermedades como el cólera o la peste a los miasmas: emanaciones fétidas provenientes de materia orgánica en descomposición, suelos impuros y aguas estancadas). En el pánico, los vecinos se acusaron entre sí haber traído la ira de los cielos y muchos, al no encontrar sacerdotes, confesaron públicamente sus crímenes en la calle, incluyendo robos y asesinatos. En los dos días siguientes más de 2000 personas que vivían en concubinato se casaron, muchos niños ilegítimos porque sus madres eran prostitutas fueron reconocidos por sus padres y personas abandonadas por sus familias a causa de su pobreza fueron acogidos por sus parientes. Muchos empezaron a buscar a sus parientes desaparecidos o huyeron a los campos y montañas.

Los primeros estudios científicos del evento fueron realizados por Melchor Centeno Grau en su libro Estudios Sismológicos (1940), quien planteó que el fenómeno fue tectónico y tuvo un carácter multifocal. Basado en los registros de los daños, creía que un epicentro estaba en el mar Caribe, entre el archipiélago de Los Roques y la costa de La Guaira, y fue el que causó los daños en la capital y su puerto; otro entre San Felipe, Barquisimeto y El Tocuyo; y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera de los Andes, causante de la destrucción de Mérida.

El hecho que ocurriera un Jueves Santo y que ciudades republicanas como Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe, Maiquetía, Antímano, Chacao, Baruta y La Vega acaban destruidas, que Barquisimeto, La Victoria y Valencia fueron afectadas en menor medida, y en cambio, urbes monárquicas como Coro, Siquisique, La Vela, Carora, Maracaibo y Angostura salieron relativamente indemnes. Sirvió a los frailes y sacerdotes realistas para predicar que había sido un castigo del cielo por alzarse contra Fernando VII de España. También señalaron que sucedía en el segundo aniversario de la deposición de Vicente Emparan, lo que convenció a muchos de ponerse en contra de los republicanos. Se dice que en esa situación, el coronel y Libertador Simón Bolívar dijo: "¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!", en respuesta a los clérigos realistas.

Luego, nueve días después tras el primer evento, el 4 de abril de 1812, se produjo una réplica histórica. Aunque el sismo fue más suave que el principal, el temblor destacó por registrarse casi sin pausa por ocho horas ininterrumpidas, una duración inusualmente larga. Ese día, a las 4:00 de la tarde, la tierra volvió a estremecerse con una de las réplicas más fuertes registradas en la época. Este evento prolongado terminó de derrumbar las estructuras que habían quedado en pie, sembrando el terror absoluto entre la población sobreviviente, que se vio obligada a congregarse permanentemente en plazas y espacios abiertos.

  • Terremoto de 1900

El 13 de octubre de 1900, otro terremoto significativo ocurrió. Este evento también llamado Terremoto de San Narciso, ya que ese día se celebraba el día de San Narciso, santo por la Iglesia católica, tuvo una magnitud desconocida, pero se presume que fue de entre 7.6 y 8.0, siendo uno de los eventos más destructivos en sus tiempos, sacudiendo a Caracas y sus alrededores. Comenzó a las 4:42 de la tarde, causando el colapso de 237 casas en Guatire y 72 en Guarenas, ambas ciudades pertenecientes Estado Miranda. También se produjeron deslizamientos de tierra y licuefacción del suelo en el territorio de los actuales estados de Amazonas, Bolívar, Anzoátegui, Miranda, Aragua, Carabobo, La Guaira y el Distrito Capital. Además, se reportó una enorme grieta de 300 metros de largo que se originó en el sector de Camurí en La Guaira, además de derrumbes que afectaron el ferrocarril Caracas-La Guaira. Además, se reportaron efectos de licuefacción en la zona de Barlovento, mientras que en zonas de Naiguatá y Macuto registraron un tsunami que dañó considerablemente la zona. Allí, nuevamente muchos edificios sufrieron graves daños o se derrumbaron durante el terremoto, el Archipiélago de Los Roques también sufrió fuertes efectos.

Se reportaron algunos daños leves en zonas tales como; San Antonio de Los Altos, Panaquire, Paparo, Guarenas, Capaya, Isla La Tortuga, Archipiélago de Los Roques, Güigüe, Clarines, Puerto Cabello y Caucagua. La Iglesia de San Francisco en Caracas fue severamente dañada por el terremoto y otra iglesia en Naiguatá fue completamente destruida. El pequeño pueblo de Paparo estuvo parcialmente sumergido por las olas del tsunami formado, cuya altura máxima fue de 5 metros en Barlovento, se registraron más de 250 réplicas en los meses posteriores al evento principal, las réplicas fueron perturbadoras para la población local. Las crónicas de la época indican que el sismo causó daños considerables a edificios y viviendas, así como la pérdida de vidas humanas. Aunque las cifras exactas de muertos y heridos no se registraron de manera precisa, como sucede con muchos eventos de ese periodo histórico, se estima que el gran sismo y sus consecuencias impactaron profundamente a la población. 

Los relatos de los sobrevivientes reflejan un sentimiento de temor y vulnerabilidad ante el poder de la naturaleza. Las estructuras de la ciudad, construidas en su mayoría de materiales débiles en comparación con los estándares modernos, no estaban preparadas para un evento de tal magnitud. Al igual que en terremotos posteriores, la reconstrucción fue un proceso lento y complicado. El evento de 1900 destacó la necesidad de diseñar edificaciones más seguras y de implementar medidas de prevención.

  • Terremoto de 1967

Fue uno de los terremotos más contundentes en la historia moderna de Venezuela. El 29 de julio, a las 8:05 de la noche, El Distrito Federal (actual Distrito Capital) fue sacudido por un sismo de 6.5 a 6.7, con una duración de 35 a 55 segundos. En la zona de Caracas dejó un balance de 2000 heridos y 236 muertos. Los daños materiales de más de 10 millones de dólares estadounidenses. Tuvo como su epicentro el litoral central o la zona costera de La Guaira, a 20 kilómetros de Caracas. Este fenómeno telúrico afectó mayormente a las zonas de Altamira, Los Palos Grandes y el Litoral Central. Después del terremoto, le siguieron un total de 30 réplicas de menor intensidad, todas de menor intensidad, cada una de las cuales llenaba de pánico a quienes las sentían, ya que tenían el temor del primer gran sismo. 

En los días subsiguientes funcionarios de los organismos competentes y miles de voluntarios rescataron los cuerpos que yacían entre los escombros. Los restos de los edificios y derrumbes fueron transportados a la Base Aérea de La Carlota para su revisión. Durante 6 meses los conductores que circulaban por la autopista podían ver el panorama de lo ocurrido aquel día. En Maracay, capital del Estado Aragua (ubicada a unos 80 kilómetros al suroeste de Caracas), se registraron cinco personas fallecidas y 100 heridas. En otras ciudades se reportaron únicamente daños estructurales.

La infraestructura de la ciudad, que aún estaba en desarrollo, se vio severamente afectada. Muchos ciudadanos recuerdan el sonido de los edificios crujiendo, seguidamente de una ola de pánico. En cuestión de segundos, muchos perdieron sus hogares y seres queridos. La reconstrucción de Caracas fue un esfuerzo monumental, que marcó un antes y un después en la forma en que los venezolanos ven la seguridad sísmica.

Y es que, a raíz de este terremoto el entonces presidente de Venezuela, Raúl Leoni, dispuso la creación de dos comisiones que se encargarían de evaluar los daños producidos y, entre las conclusiones de las mismas, se planteó al Poder Ejecutivo la creación de un instituto que se encargara del estudio e investigación de los sismos en Venezuela. Posteriormente, durante la primera presidencia de Rafael Caldera, se creó (mediante el decreto N° 1053, del día 27 de julio de 1972) la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

  • Terremoto de 1997
La costa venezolana, debido a su ubicación, es susceptible a sismos y tsunamis, y el terremoto ocurrido el miércoles 9 de julio de 1997 a las 3:23 de la tarde, fue un claro ejemplo de ello. Con una magnitud de entre 6.6 y 7.0, y una duración de 51 segundos, el sismo afectó principalmente al Estado Sucre en la localidad de Cariaco, causando daños estructurales y desplazando a numerosas personas. 


Fueron 73 las víctimas fatales y este sismo en particular, resultó irregular la ruptura superficial que se produjo en el segmento de la Falla del Pilar, con desplazamientos cosísmicos de aproximadamente 0,25 m y un proceso de batición de suelos registrados en la línea de la costa. El desastre natural revivió el recuerdo del terremoto de 1967, haciendo que muchos temieran lo peor. La comunidad se unió en un esfuerzo de solidaridad y reconstrucción, reflejando la resiliencia del pueblo venezolano.
  • Terremoto de 2012
Otro episodio significativo tuvo lugar el 21 de agosto de 2012, cuando un intenso temblor de magnitud 5.6 sacudió el Estado Táchira, en la frontera con Colombia. Aunque afortunadamente no se registraron pérdidas humanas, muchas familias quedaron inquietas y los edificios sufrieron daños considerables. 


Este evento renovó la preocupación entre los ciudadanos sobre la actividad sísmica en la región andina. Las imágenes de las grietas en las calles y los edificios inestables quedaron grabadas en la memoria colectiva.

  • Terremoto de 2026 (aun en desarrollo)

El miércoles 24 de junio a las 6:05 de la tarde, dos terremotos consecutivos (de magnitud 7,2 y 7,5) dieron un temblor enorme, no solo a la capital sino en la mayoría del país. La parte norte de Venezuela se encuentra justo en una zona donde chocan dos grandes placas de la tierra (la del Caribe y la Sudamericana). Esa tensión acumulada durante tanto tiempo, se liberó de golpe. 

Los expertos lo llamaron un doblete sísmico. Es decir, no fue un solo terremoto, sino dos golpes casi seguidos. Aunque el susto más grande empezó la tarde del miércoles, la pesadilla no terminó ahí. El viernes 26 de junio, cuando apenas los sobrevivientes asimilaban la experiencia, la tierra volvió a sacudirse con fuerza. Con el doblete sísmico, se han registrado más de 300 réplicas de magnitud moderada en varias zonas del territorio nacional. Se estima que el doble sismo, realizó una liberación de energía similar a la detonación de 260 bombas nucleares.

Por el sacudón sísmico, 250 edificios colapsaron o sufrieron derrumbes severos a nivel nacional. El desastre dejó, hasta el día de publicación de este artículo, en el reporte oficial de 1450 víctimas mortales. Al menos 27 países han desplegado con valiosa y gran solidaridad rescatistas, ayudas humanitarias y donaciones a Venezuela ante tal tragedia. La ayuda internacional incluye insumos, evaluaciones logísticas, médicos y provisiones.

La Guaira, al ser la localidad más afectada, hay muchos edificios derrumbados. También zonas como Altamira y Los Palos Grandes en Caracas. Maracay, en el Estado Aragua, también sufrió daños serios en sus edificios y vías. Las sacudidas del 26 de junio dejaron claro que no se puede bajar la guardia. Mucha gente sigue sin poder volver a sus casas, ya sea porque se dañaron o por puro miedo. El cuerpo de los venezolanos está en modo alerta, a punto tal, que no ha dado oportunidad de poder procesar con detenimiento la situación.

Si algo bueno podemos sacar de todo esto, es la gente. En cuestión de minutos se vio a vecinos ayudando a vecinos, personas sacando escombros con las manos y filas de voluntarios donando comida, agua y ropa. Desde el interior del país hasta rescatistas especializados como los Topos Mexicanos, por ejemplo, organizaciones civiles de búsqueda y rescate, integradas por voluntarios altamente capacitados, que surgieron tras el histórico terremoto de la Ciudad de México en 1985. Son reconocidos mundialmente por su valentía, especialización en el colapso de estructuras y rápida respuesta en desastres tanto nacionales como internacionales.

Los terremotos en Venezuela no solo son eventos naturales, sino que también son parte integral de la historia del país. Cada temblor deja una marca, no solo en la tierra, sino en los corazones de quienes lo experimentan. En un mundo donde la naturaleza demuestra su poder, el pueblo venezolano ha aprendido a ser resiliente, a reconstruir y a honrar los recuerdos de aquellos que han sufrido y enfrentado la adversidad.

P.D. Me encuentro bien, estoy en compañía familiar y estamos a salvo. Agradezco grandemente por ello. Esta publicación es particularmente especial porque se trata de mi país, un país que amo y admiro, por su cultura y su gente, sus lugares y su clima, sus costumbres y el día a día en donde uno aprende algo nuevo. Esta publicación es personal también, porque fue una experiencia aterradora para mí y los míos, para mis vecinos, conocidos y ciudadanos en general. Hago esta publicación en honor a los que tristemente ya no nos acompañan físicamente... Aquellos que sobrevivieron y perdieron todo en cuestión de segundos... Aquellos que perdieron a algún familiar y/o amigo y que la tristeza está allí, latente... Aquellos que quedaron sumamente afectados física y mentalmente... Aquellos que están, hasta el día de hoy, desaparecidos, pero pueden ser próximos a ser encontrados... Esta publicación es en honor a ustedes, y desde este humilde pero muy querido espacio, quiero decirles que saldremos adelante una vez más.

domingo, 24 de mayo de 2026

¿Fue Noé el primero en construir el Arca?

Todos sabemos la historia de ese hombre que comenzó a construir una barcaza gigantesca para salvarse a él mismo, su familia y a los animales de par en par. El personaje de Noé es uno de esos casos que conocemos desde que somos pequeños, convirtiéndose en esa figura de paciencia, de fe y esperanza frente a un mundo que literalmente se hundía. Sabemos detalles; desde la inmensa tormenta cuarenta días y cuarenta noches, hasta ese arcoíris final que trajo la promesa de un nuevo comienzo. Es un relato de supervivencia universal que pasa de generación en generación mayormente por el tema religioso. Pero, ¿Y si te dijera que Noé no fue el primero en construir un Arca para salvarse de un diluvio enviado por Dios?

Noah o Noé es un personaje de la Biblia y es considerado por las religiones abrahámicas y el noajismo, como el padre de la humanidad a través de los descendientes de sus tres hijos. Su vida y obra se relatan en el libro del Génesis cuya autoría se atribuye tradicionalmente a Moisés. Según los escritos sagrados, fue el décimo y último de los más longevos patriarcas antediluvianos a quien Dios mismo le advierte sobre un gran diluvio universal con el que va a destruir a todos los seres vivientes por sus pecados. La familia de Noé estaba conformada por su esposa (Naamá o Emzar), sus tres hijos varones; Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas, cuyos nombres no son mencionados en la Biblia. Por mandato divino, Noé y su familia construyen un arca con unas medidas especificadas por el Señor, que sirvió para albergarlo a él y a su familia, así como a todas las especies de animales, durante el Diluvio.

La narración del diluvio universal es una de las historias más conocidas de la Biblia. En este relato, Dios "se arrepiente" de haber creado a la humanidad porque esta llenó el mundo de maldad. Noé, quien es un labrador de la tierra, se esfuerza fielmente por construir el Arca siguiendo las órdenes de Dios, y finalmente salva no solo a su propia familia, sino a la humanidad entera y a todos los animales terrestres de la extinción durante el Diluvio. Después del diluvio, Dios hace una alianza con Noé y promete no volver a destruir la Tierra con un diluvio, ordenando a Noé y a sus hijos que sean fructíferos, se multipliquen y repoblen la tierra.

Según las sagradas escrituras, Noé murió 350 años después del diluvio, a la edad de 950 años. Esto lo convierte, solo detrás de Matusalén (que vivió 969 años) y Jared (de 962 años), en el tercer hombre más longevo de toda la Biblia, más aún que Adán (que murió a los 930 años). Después de Noé, la esperanza de vida se precipita drásticamente hasta los "escasos" 120 años de Moisés. En proporción con su larga vida, engendró a sus tres hijos cuando tenía 500 años. 

Ahora bien, ¿cómo es que Noé no fue el primero en construir un Arca? Bueno, la historia de Noé es similar a la narración del diluvio de la Epopeya mesopotámica de Gilgamesh, compuesta alrededor de año 1800 a. C., en la que un héroe construye un arca para sobrevivir a un diluvio enviado por los dioses. Los estudiosos sugieren que el relato bíblico fue influenciado por tradiciones mesopotámicas anteriores, con notables paralelismos en los elementos de la trama y la estructura. También se establecen comparaciones entre Noé y el héroe griego Deucalión, quien, al igual que Noé, es advertido de un diluvio, construye un arca y envía un pájaro para comprobar las consecuencias del diluvio.

Gilgamesh, también conocido como Istubar, es un héroe de la mitología mesopotámica, y el protagonista del Poema de Gilgamesh, un poema épico considerado la obra literaria más antigua del mundo y escrito en acadio a finales del segundo milenio a. C. Fue hijo de la diosa Ninsun y de un sacerdote llamado Lillah, fue gobernante del distrito de Kulab y rey de Uruk (actual Warqa, en Irak), donde fue deificado póstumamente. Hacia el año 2750 a. C. sucedió a Lugalbanda, reinó durante 126 años y dejó el trono a su hijo Ur-Nungal, quien gobernó durante 30 años.

En el poema se relatan sus logros, acompañado por su amigo Enkidu, y su búsqueda de la inmortalidad tras la muerte de este. Las legendarias hazañas de Gilgamesh se narran en cinco poemas sumerios que se conservan. El más antiguo de ellos probablemente sea Gilgamesh, Enkidu y el Inframundo, en el que Gilgamesh acude en ayuda de la diosa Inanna y ahuyenta a las criaturas que infestan su árbol huluppu. La diosa le entrega dos objetos desconocidos, un mikku y un pikku, que Gilgamesh pierde. Tras la muerte de Enkidu, su sombra le habla a Gilgamesh de las sombrías condiciones del Inframundo. El poema Gilgamesh y Aga describe la rebelión de Gilgamesh contra su señor supremo, Agga de Kish. Otros poemas sumerios relatan la derrota del gigante Huwawa y del Toro celestial a manos de Gilgamesh, mientras que un quinto poema, mal conservado, narra el relato de su muerte y funeral.

En tiempos babilónicos posteriores, estas historias se entretejieron en una narrativa conectada. En la epopeya, Gilgamesh es un semidiós de fuerza sobrehumana que se hace amigo del hombre salvaje Enkidu. Juntos, se embarcan en muchos viajes, el más famoso es derrotar a Huwawa y al Toro celestial, que es enviado a atacarlos por Inanna después de que Gilgamesh rechaza su oferta para convertirse en su consorte. Después de que Enkidu muere de una enfermedad enviada como castigo por los dioses, Gilgamesh teme su propia muerte y visita al sabio Utnapishtim, el sabio sobreviviente del Gran Diluvio, con la esperanza de encontrar la inmortalidad. Gilgamesh fracasa repetidamente en las pruebas que se le presentan y regresa a su hogar en Uruk, dándose cuenta de que la inmortalidad está fuera de su alcance.

El mencionado personaje Utnapishtim (Ziusudra, como era conocido por los sumerios o Atrahasis por los acadios), es nieto de Ubartutu o Ubara-Tutukin, e hijo de Sukurlam. Según la leyenda indicada en un episodio del poema épico Epopeya de Gilgamesh, hubo una época en que los dioses vivían junto a los humanos en la ciudad de Shuruppak. Allí, los Dioses trabajaban la tierra desde antes de la existencia del hombre. Pronto, el Dios Easeñor de la sabiduría, el agua dulce, la magia, la artesanía y la creación, propone la creación del hombre para que realicen el trabajo de los Dioses. Primeramente se creará un hombre y posteriormente catorce más (siete hombres y siete mujeres). Sin embargo, la humanidad comenzó a multiplicarse y el ruido que hacía era cada vez mayor, de tal forma que el Dios Enlil, señor del viento, no podía dormir. Intentaron reducir su número con una epidemia y con una sequía, pero ni de esta manera conseguían los dioses reducir notablemente el número de hombres. Como último recurso, los Dioses decidieron acabar a la raza humana con una inmensa inundación. 

El Dios Ea tuvo piedad, y a través de las paredes de la choza de Utnapishtim, le dio la orden de destruir su casa, construir un barco y subir a este a todas las especies vivientes conocidas. La tierra fue asolada por una tempestad que duró seis días y seis noches hasta que el séptimo todo se calmó. Utnapishtim se asomó desde su barco y vio como toda la humanidad se había convertido en arcilla y como en el paisaje, solo emergía el pico del monte Nisir, lugar donde estaba posada el arca. Después de una semana, Utnapishtim soltó una paloma que pronto regresó. Después soltó una golondrina que también volvería. Por último soltó un cuervo que no volvió, indicando a Utnapishtim de que las aguas había bajado, ya que el pájaro había encontrado un lugar donde posarse. Sólo entonces salió del arca, hizo un libación, ritual religioso o ceremonia de la antigüedad que consiste en derramar un líquido (como vino, agua, aceite o leche) sobre el suelo, un altar o el fuego, como ofrenda a una divinidad, y después quemó cañas y maderas de cedro y mirto como ofrendas. Al fracasar el plan del diluvio ideado por los Dioses, se enfurecieron con Ea, pero este defendió su causa y la de los hombres. El Dios Enlil se emocionó y bendijo a Utnapishtim y su mujer, los cuales -según palabras de Enlil- desde ese momento serían semejantes a los dioses.

Como curiosidad literaria, en la clásica historieta argentina Gilgamesh el inmortal, de Lucho Olivera, se retrata a Utnapishtim como un extraterrestre de avanzado intelecto y conocimiento científico. Él queda varado brevemente en el planeta Tierra, y a cambio de la ayuda del rey sumerio Gilgamesh, este le regala la vida eterna antes de volver a viajar por el espacio exterior. De esta forma, el cómic mantiene cierta semblanza y parecido a la historia original que forma parte del mito de Gilgamesh y su poema correspondiente. El relato de Utnapishtim es miles de años anterior al Génesis bíblico, lo que ha llevado a muchos estudiosos a pensar que ambas historias comparten una raíz común en las tradiciones mesopotámicas, incluso que fue copiado.

domingo, 5 de abril de 2026

El caso del naufragio del submarino K-141 Kursk y el Szalinc

El sábado 12 de agosto de 2000, en el mar de Barents, tuvo lugar el naufragio del submarino insumergible K-141 Kursk. Fue durante el primer ejercicio naval importante de Rusia en más de diez años. Los barcos cercanos registraron una explosión inicial y, dos minutos y quince segundos más tarde, una segunda explosión que fue mucho mayor, de magnitud suficiente como para quedar registrada en sismógrafos tan lejanos como en Alaska. La marina rusa no se dio cuenta de que el submarino se había hundido, por lo que no suspendió el ejercicio, demorando unas seis horas en iniciar la búsqueda porque la boya de emergencia había sido inutilizada, por lo que se tardó 16 horas en localizar el submarino.

Durante cuatro días, la marina rusa utilizó dispositivos sumergibles para intentar acoplarse a la escotilla de emergencia sin éxito. Al quinto día, el entonces presidente Vladímir Putin autorizó a la marina para aceptar ofertas de asistencia británica y noruega. Siete días después del hundimiento, los buzos noruegos abrieron finalmente la escotilla en el noveno compartimento del submarino, esperando localizar supervivientes, pero lo encontraron inundado. Las 118 tripulantes a bordo: 111 miembros de tripulación, 5 oficiales de la 7.ª División de Submarinos de Misiles y 2 ingenieros de diseño, fallecieron.

Una vez analizados la mayor parte de los restos del naufragio, se realizó una investigación que concluyó que la tripulación del Kursk se preparaba para cargar un torpedo Tipo 65 cuando una soldadura defectuosa en la carcasa del proyectil causó una fuga de peróxido de hidrógeno, lo que provocó que el combustible de queroseno explotara. La explosión inicial destruyó la sala de torpedos matando a todos allí, se incendió, dañando severamente la sala de control, incapacitando o matando a su vez la segunda sección con la tripulación de la sala de control e hizo que el submarino se hundiera. El intenso fuego resultante de esta explosión desencadenó a su vez la detonación de entre cinco y siete ojivas de torpedo después de que el submarino tocara fondo. Esta segunda explosión, de una potencia equivalente a entre 2 y 3 toneladas de TNT, la onda explosiva y expansiva comprimió y destrozó los primeros tres compartimentos y todas las cubiertas, hizo un gran agujero en el casco, destruyó los compartimentos cuatro y cinco, y mató a todos los que aún vivían que estaban adelante del reactor nuclear en el quinto compartimento. 

Luego de las operaciones de rescate, los analistas concluyeron que 23 marineros ubicados entre los compartimentos seis y nueve sobrevivieron a las dos explosiones, se refugiaron en el noveno compartimento y sobrevivieron más de seis horas. Cuando el oxígeno se agotó, los miembros de la tripulación intentaron reemplazar un cartucho de oxígeno químico de superóxido de potasio volátil. Cuando se puso en contacto con el agua de mar mezclada con aceite que se había filtrado en el compartimiento, provocó una explosión y un incendio que consumió el oxígeno restante. La investigación concluyó que la marina rusa no estaba preparada para afrontar el desastre.

El proceso de acoplamiento de escotilla inicial fue criticado posteriormente por haber sido lento e inepto. El gobierno manipuló al principio la información acerca de la hora de los hechos, llegando a declarar que se había establecido comunicación con la nave y que la operación de rescate estaba en marcha, y rechazó ayuda de gobiernos extranjeros.

¿Qué hundió realmente al gigante de acero? K-141 Kursk había desapareció en las gélidas aguas del Mar de Barents. A simple vista, la explicación parece lógica, aunque dolorosa. Se habla de falta de preparación estratégica, de equipos que no habían recibido mantenimiento en años y de una cadena de mando que tardó demasiado en reaccionar. En el papel, el Kursk pudo haber sido víctima de la propia arrogancia humana: una pieza oxidada, una prueba mal ejecutada y un rescate que llegó cuando el oxígeno ya se había agotado.

Sin embargo, cuando bajas a más de cien metros de profundidad, la lógica de la superficie empieza a desdibujarse. El Mar de Barents no es solo un tablero de ajedrez militar; es un abismo oscuro donde el hombre es siempre un extraño. Aunque los informes oficiales señalan la explosión de un torpedo defectuoso, hay detalles que no terminan de encajar para quienes conocen los secretos del océano. ¿Fue realmente un fallo técnico lo que causó aquel estruendo que sacudió los sismógrafos de medio mundo? ¿O acaso el Kursk, en su ruidosa maniobra militar, se topó con algo que habita en las profundidades desde antes de que existieran los mapas?

Existen leyendas antiguas sobre criaturas que no necesitan pulmones ni acero para dominar el frío, seres que consideran nuestra tecnología como una intrusión intolerable. Quizás, mientras los ingenieros buscan culpables en los planos de construcción, la verdad esté escondida en ese rincón del mar donde la luz no llega y donde algo, oculto entre las corrientes, decidió que el gigante de acero no debía volver a subir.

Muchos de los analistas, y hasta los familiares de varios de los tripulantes opinan que, lo que acabo con el insumergible K-141 Kursk, no fue otra cosa que Szalinc (o Szolińc es eslavo), una deidad marina de la mitología casubia, de la tradición eslava occidental del norte de Polonia, rica en criaturas demoníacas y espíritus ligados a la naturaleza, el mar Báltico y la navegación. Es descrito como un hombre grande y fuerte sin cabeza, con algas en lugar de cabello y aletas en lugar de extremidades, de carácter colérico que vive en cuevas de hielo en el norte, Läänemeri (profundidades del Mar Báltico), en tierra de vikingos. Es representado como uno de los seres más peligrosos de las profundidades de los abismos marinos por causar tormentas peligrosas, hundir barcos y poner trampa a los pescadores inconscientes. Se cuenta que es iracundo y furioso por ser despertado por los humanos que se encuentran en el mar.