domingo, 26 de abril de 2026

Los Enanitos Verdes del caso Villa Montoro

Lo que empezó como un juego de niños terminó convirtiéndose en una de las historias más extrañas y comentadas de nuestra cultura popular. En Villa Montoro, la rutina se rompió de golpe. No fueron ruidos de choques de automóvil ni gritos de pelea lo que alteró a los vecinos, sino algo mucho más difícil de explicar. Pequeñas sombras que se movían entre los pastizales, figuras imposibles que aparecían en los rincones y un miedo que se contagió de casa en casa hasta llegar a las portadas de los diarios nacionales. ¿Fue una alucinación colectiva? ¿Un truco de la imaginación en un verano caluroso? ¿O realmente hubo visitantes que nadie pudo atrapar?

Durante los días finales del mes de noviembre y mediados del mes de diciembre del año 1983, una serie de extraños y supuestos avistamientos en su mayoría por parte de niños y adolescentes, se dieron en el barrio de Villa Montoro situado en las afueras del casco urbano de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina. La mayoría de los avistamientos habrían tenido lugar dentro y en las inmediaciones de una casa abandonada situada en la calle 600 entre 2 y 3 del barrio de Villa Montoro, pero también se produjeron algunos de manera aislada a varias cuadras de allí durante el mismo tiempo. En el pasado, dicha casa había sido una bella vivienda con su fachada pintada en color rojo, habitada por un hombre mayor y su sobrino. No se sabe con exactitud que ocurrio, pero sin que se pudieran establecer los motivos, los habitantes abandonaron la propiedad de un día para otro, dejando todo el mobiliario adentro. Pronto, cuando los vecinos notaron la ausencia de los residentes, comenzaron a apropiarse de los muebles y objetos dentro, también de las puertas y ventanas.

El primero de los testimonios fue del último de los saqueadores de la vivienda, el cual indicó que cuando trataba de huir del lugar con un pequeño botín de los que quedaba, cayó al suelo y escuchó una siniestra risa que provenía del interior de la casa. El hombre se levantó y prestó atención a lo ocurrido y seguidamente escuchó un inentendible murmullo que lo asustó y huyó corriendo sin que pudiese ver el origen de esos sonidos. Nadie tomó en serio sus comentarios pero la noticia se difundió por la zona. El segundo de los testimonios provino de un obrero de origen paraguayo, de nombre Augusto Prado, quien paseaba a su perro por el barrio. Cuando pasó por la casa, escuchó una serie de sonidos provenientes de la misma. Su mascota se puso alerta y se adentró a la vivienda abandonada para luego salir corriendo y aullando. El temor se adueñó del hombre y corrió detrás de su perro.

Hasta ese momento solo se hablaba de sonidos extraños como risas o murmullos sin que ninguno de los testigos hubiera visto el origen de dichos sonidos. El primer testigo en ver algo fue un vecino de la cuadra de nombre Diego Illy, quien en aquel momento tenía 7 años de edad. Él afirmó que había visto un ser de baja estatura dentro de la mencionada vivienda. Ocurrio en la tarde del domingo 27 de noviembre, cuando Diego junto a otro amigo se habían adentrado en la casa para ver qué había en su interior, cuando de repente cerca de un rincón, avistaron unos seres verdes de baja estatura, con rostros de anciano y largas uñas, sin orejas y vestidos con ropas de tonalidades similar a su piel. El amigo de Diego se asustó tanto que gritó y salió despavorido del lugar pero Diego se quedó inmóvil del miedo. Los seres se aproximaron a él con curiosidad y llegaron a interactuar un momento, luego de un rato y de alguna manera, ellos le comunicaron que tenían que irse. Diego regresó con valentía días después a la casa pero no volvió a verlos. Esa misma noche, alguien más vio algo. Se trataba de Claudia Ortiz de Viguera, una vecina de 21 años que vivía frente al terreno de la casa y fue la que dio su testimonio ocular. Esa noche, había salido a la puerta de su vivienda a fumar y fue sorprendida por unas risas similares a las de niños que venían del terreno frente a su casa. Se alarmó un poco ya que era poco habitual que los niños jugasen en esa zona a altas horas de la noche. Según su relato, vio una pequeña y fugaz figura salir de entre los matorrales.

Durante la tarde del día siguiente, lunes 28 de noviembre, un adolescente de nombre Julio César Masei, de 14 años de edad, se encontraba cruzado el terreno frente a la casa abandonada, por donde pasaba un pequeño arroyo y un terraplén. Cuando intentaba cruzarlo, notó detrás de un árbol de cina-cina o espinillo, un grupo de personas de muy baja estatura vestidos con ropas de color vede, pero el color de su piel era igual a la de cualquier otro ser humano promedio. Al saber que el adolescente los había visto, comenzaron a chillar de manera gutural y comenzaron a amenazarlo con unas ramas. Ante la situación, la respuesta de Julio César fue tratar de cruzar el arroyo de un salto pero no lo logró y cayó dentro del mismo. Aún lleno de lodo logró alcanzar el otro extremo de la orilla viendo que el grupo de enanitos se había quedado al otro lado del arroyo. Desde allí de donde se encontraba, tomó un ladrillo y se los arrojó, dándole en la pierna a uno de los pequeños seres, quien dio varios gritos agudos al ser golpeado. Rápidamente Julio César salió del arroyo y fue a donde se encontraban sus amigos para decirles que había pasado pero no se tomaron en serio la experiencia del joven. Cuando ya caía la noche, Julio César regresó al terreno con una linterna y algunos de sus compañeros. Cuando se encontraron en el lugar, todos pudieron observan a uno de los pequeños seres verdes bajo el arbol de cina-cina o espinillo. Los amigos de Julio César salieron huyendo al ver a tal criatura pero el joven pudo tocarlo sin haber sentido nada fuera de lo común.

Ya en el mes de diciembre, con cercanía a las fiestas navideñas un grupo de niños también habrían avistado a estos seres de pequeña estatura frente a la vivienda. Se trataba de Guillermo Insaurralde de 11 años y Beatriz Pyñeiro de 8, quienes se dirigieron hacia la casa abandonada y escucharon murmullos provenir de su interior. Ya para ese momento, era mucho lo que se decía al respeto y los catalogaban como unos seres humanoides relacionados con seres extraterrestres. El interés y la preocupación de los habitantes de la zona era casi palpable, además la policía local que cada vez más se hacían presentes en las inmediaciones para investigar más a fondo los hechos. Varios efectivos de la comisaría octava, que estaban a cargo de esa jurisdicción, se acercaron a la zona en diversas oportunidades alertados por los vecinos, bien sea por presuntos avistamientos o por incidentes que se suscitaban en torno al fenómeno social que estaban ocurriendo en el barrio. Cabe señalar que la policía no logró encontrar indicio alguno de lo que los testigos afirmaban a ver visto, aunque sí se habían hallado con personas preocupadas por el asunto, otras explorando con linternas la zona y diversas denuncias de vecinos que se quejaban de que algunos grupos de gentes arrojaban piedras contra las casas porque aseguraban que había vecinos que se encargaban de ocultar ellos mismos a los extraños seres en sus viviendas. Por otra parte, los testimonios despertaron también el interés del periodismo, que se encargó de investigar y principalmente de popularizar el tema durante varios días. 

El caso de los Enanitos Verdes llegó a tal nivel de difusión que además de ser un tema de conversación diario, también fue usado como excusa para obtener alguna ventaja a nivel personal, al punto de que una maestra se ausentó de la escuela con licencia médica porque supuestamente había sido atacado por uno de esos seres. También los dichos de un grupo de alumnos de una escuela de la zona alegaron haber visto enanitos verdes en los baños y otros lugares dentro del establecimiento y las clases fueron suspendidas ese día. Transcurrido el mes de diciembre de 1983, los medios se dejaron de interesar en el tema con una nota del diario local que decía: "los enanitos verdes ya se fueron".

Las hipótesis sobre el misterioso caso era pocas. Las pruebas sobre la existencia de dichos seres se remitía solamente a los testimonios de la gente de la zona o a escasas fotografías de mala calidad o dudosa credibilidad como la tomada por un cerrajero con una cámara Kodak Pocket a un supuesto enano que se le habría atravesado en el camino o las presuntas marcas que habría dejado uno de esos seres en un árbol según el relato del adolescente Julio César Masei. También, la totalidad de los testigos alegaban haberse encontrado con seres de baja estatura, el resto de las descripciones no tenían mayores coincidencias ya que mientras algunos parecían describir a un gnomo como es el caso del joven Diego Illy. Cabe destacar que con la sola excepción de Claudia Ortiz de Vigera, el resto de los testigos eran niños y adolescentes que no siempre coincidían en las características de lo que supuestamente habían visto. En algunas ocasiones el testimonio de haber encontrado a estos seres en el interior de una escuela primaria resultó el pretexto oportuno para suspender las clases en el establecimiento. A la situación también se le suma que a las cercanías del lugar de los posibles avistamientos, se había instalado un circo que fue protagonista de algunas controversias, como el robo de un disfraz de vaca o que algunos de los trabajadores tenían baja estatura, siendo comparados con enanitos, lo cual podría haber sido el origen de los testimonios de Claudia Ortiz de Vigera o Julio César Masei. Otras personas indicaban haber visto a un diminuto ser con escamas y de color verde, como por ejemplo el testigo Guillermo Isaurralde, lo que hizo suponer a algunos medios que pudo tratarse de una confusión visual, sinedo comparado con alguna lagartija o lagarto overo, hasta con un animal desconocido no descubierto antes.

El Caso de lo Enanitos Verdes de Villa Montoro sirvió para potenciar las ventas de productos, en especial muñecos, con la temática de Luciano el marciano, un personaje que había sido diseñado en ese mismo año y que hizo suponer incluso a fuentes policiales, que podía ser el origen de dichos avistamientos con fines puramente comerciales. Además de las figuras de Luciano el marciano que solían venderse en la zona, el caso atraía a infinitud de gente, además de investigadores, que solían pasar allí algunas horas fomentando ventas de productos alimenticios en los comercios de las cercanías.

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