viernes, 8 de noviembre de 2019

La pequeña Diana

La temporada de Halloween fue la semana pasada, y para conmemorarla en este blog, les dejo esta interesante historia digna de la época. Espero que la disfruten.


La joven Amanda fue criada en una familia humilde con buenos valores éticos y morales. Creció comprometida en el bien común, teniendo una religión católica, ayudando al prójimo y brindando siempre una sonrisa a todo aquel que tuviera en frente. Estando en la universidad, fue un mundo nuevo para ella en donde nuevas experiencias se hicieron presentes, creciendo aun más su grupo social. Fue allí que conoció al amor de su vida.


Amanda tenía 20 años cuando conoció a Sergio. Un hombre  que al parecer era ideal para ella. Tenía todo lo que a ella le gustaba; era inteligente, tenía buen sentido del humor, decidido, guapo, a veces arrogante y con un toque misterioso que también la cautivaba.


Luego de un año, se casaron. Pocos meses después, nació Diana. Fue amada desde el instante que se supo de su existencia en el vientre y cuando estuvo en los brazos de su madre, fue el mejor día de su vida. Sin embargo, prácticamente todo el embarazo estuvo lleno de contratiempos. Todo comenzó cuando Amanda cumplió los tres meses de estado. Durante las noches, la mujer embarazada veía en los corredores de su casa como sombras irregulares se movían, ruidos raros similar a madera crujiendo sonaban o voces muy tenues la distraían cuando conversaba con Sergio o con sus familiares por vía telefónica. Pero.. Cuando Amanda sujetó por primera vez a Diana en sus brazos, todos esos extraños acontecimientos quedaron en el olvido... Pensaba ella.


Las formas irregulares de las sombras, los ruidos y voces que Amanda había experimentado durante el embarazo se fueron convirtiendo en su rutina diaria. Sergio se alejo un poco más de la familia motivado a su trabajo y Diana crecía poco a poco. Pronto, Amanda comenzó a notar una conducta peculiar en su pequeña hija.


Diana empezó a caminar y a hablar. Lo extraño era que parecía hablar con alguien cuando se encontraba jugando sola, hasta el punto de reírse y alzar su mano como si estuviera siendo sujetada por alguien...o por algo. A los dos años, su manera de mirar cambió radicalmente, ya no había dulzura en sus ojos. Su mirada era intensa, pesada e inquietante. Sergio optó por trabajar 16 horas al día, dejando a Amanda sola todo el día cuidando de Diana.


La madre siempre encontraba a su hija en lugares cada vez más extraños de la casa cuando jugaba sola o en momentos que parecía desaparecer. Iba de lugares como el jardín, cuartos de servicio y muebles de la casa, hasta posicionarse en el sótano, el ático o rincones oscuros del lugar. Amanda comenzó a sentir miedo cuando se hicieron regulares las madrugadas en donde Diana la despertaba con sus escandalosas y siniestras risas. Las noches en que no eran risas, eran conversaciones. Ella parecía hablar sola y recibía a veces respuestas que la hacía reírse a carcajadas. Pero una noche...Una noche fue diferente porqué, en una de sus conversaciones, Amanda escuchó la voz que le respondía a Diana. Una voz muy baja con un tono áspero y amenazador, siniestro y corrupto, pero que trataba a Diana con respeto.


A la mañana siguiente, Amanda habló con Sergio, el cual estaba más alejado y disperso que nunca, algo que los estaba separando como familia. Él no le prestó mucha atención, sugiriendo que se debía a la falta de descanso y que contrataría pronto a una sirvienta y niñera para que Amanda tuviera compañía y ayuda extra en el hogar.


El tiempo siguió pasando y a los meses, quizás año y medio, la niñera y la sirvienta que Sergio había contratado renunciaron porque "la niña tenía un aura siniestra". Diana seguía desarrollando esa extraña conducta cada vez más. A los 5 años recién cumplidos, Diana agredió a su padre Sergio. Él solo la acostó en su habitación e ignoró el suceso para seguir laborando en un trabajo que se había llevado a casa. La niña no le decía mamá a Amanda, casi no hablaba con ella. La madre le tenía algo de miedo a su propia hija.


La gran casa se había convertido en un lugar lúgubre y casi vacío, sin brillo ni esplendor. A pesar que era una casa hermosa, llamativa y espaciosa, tenía un ambiente pesado que lo hacía inquietante. Por las noches, las cosas se ponían peor. Las sillas, mesas y muebles se movían, los platos, ollas y utensilios se caían con gran fuerza. Amanda se levantaba alarmada a mitad de madrugada, casualmente las noches que Sergio no iba a dormir a la casa por asuntos del trabajo. Esas noches eran infernales para la pobre mujer.


Cuando la pequeña Diana cumplió 6 años sucedió algo que marcó la vida de Amanda profundamente. Sergio llegó tarde como de costumbre a la casa y fue directo a comer su cena, su hija lo miraba desde un rincón desde el otro lado de la sala. Amanda subió a buscar una toallas de baño y cuando regresó a la cocina encontró a su esposo muerto. El cuerpo inerte de Sergio se encontraba en la silla, frente a su cena caliente, él tenía un cuchillo enterrado en su ojo derecho y varias puñaladas en su rostro.


Amanda destrozada y aterrorizada sabía que había sido la pequeña Diana. La niña sin duda era la culpable de eso y de todo lo que ocurría en la casa, incluso desde antes de su nacimiento. Esa noche fue una noche horrenda. Risas ensordecedoras, ruidos más fuertes, crujidos más intensos. Todo eso acompañado por una lluvia torrencial llena de relámpagos furiosos.


La asustada mujer, aprovechando el día siguiente que la familia de su esposo se encontraban en casa junto a la pequeña, fue hasta el otro lado la ciudad hasta la casa de una reconocida médium. La mujer la recibió en su casa de manera muy cordial ya que sabia que Amanda necesitaba ayuda, mucha ayuda. La médium le reveló que su esposo no era el hombre que ella creía. Sergio era un desertor de una secta practicante de ritos satánicos que planeaba saciar la sed de sangre de una entidad diabólica. El problema estaba en que, después de desertar del oscuro grupo, fue maldecido para que tuviera, desde sus entrañas, un entidad maligna proveniente de su carne para que lo asesinara a él y, con el tiempo a la madre de la criatura, cuando pudiera tener la capacidad para ser alguien individual. Ese ser era la pequeña Diana, un monstruo infernal que Amanda llegó a arrullar en sus brazos.


Ella era la maldición de su familia, de su esposo, de su vida. Amanda sabía que gradualmente, Diana la arrastraría hasta el infierno con una muerte espantosa y una vida llena de terror y agonía. Muchas cosas pasaron por la mente de la espantada Amanda. Sabía que la pequeña representaba un peligro inminente para la humanidad si llegaba a crecer, si llegaba a independizarse, si llegaba a matarla y desencadenar el terror con su poder. La médium le entregó a Amanda una velas, unas extrañas hierbas y le dio unas instrucciones que debía de seguir.


La madre fue a casa decidida, dolida y enojada y esperó pacientemente que todos se fueran y las dejaran a ellas solas en la gran casa. Después de una incomoda cena, acostó a Diana y esperó con paciencia acostada en su cama con lágrimas en los ojos. Luego, pasada la medianoche, se levantó llevando en su mano un bidon de gasolina. Tomó también las velas, las hierbas y unas cuerdas. Diana debía de morir quemada. Era la única manera de detener la maldición.


Con rapidez y sigilo, Amanda fue a la habitación de la niña y la amarró. Diana parecía una pequeña bestia al despertarse, se movía con rabia y se retorcía en la cama. Con salvajismo, le arrancó un pedazo de piel a Amanda de un mordisco. Colocó ocho velas blancas alrededor de la cama separadas por cada una de las ramas. Recitó con voz firme:

Libera me, Domine, de morte æterna, in die illa tremenda.
Quando cœli movendi sunt et terra.
Dies illa, dies iræ, calamitatis et miseriæ, dies magna et amara valde.
Kyrie eleison.

Que traducido es:

Líbrame, oh Señor, de la muerte eterna en ese día temible.
Cuando los cielos y la tierra sean movidos.
Ese día, el día de la ira, la calamidad y la miseria, el día de la gran y mayor amargura.
Señor, ten piedad.

Las palabras fueron dichas por Amanda pero al momento de quemar a Diana, la policía llegó a la gran casa. Al parecer, algunos de los familiares de Sergio que se encontraban temprano en la casa avisaron a los miembros policiales para verificar si se encontraba todo bien en casa ya que notaron que Amanda se encontraba un poco perturbada. Amanda se apresuró, siguió las instrucciones de la médium y derramó la sangre de la niña al clavarle un cuchillo en su estómago. Luego tomó las velas encendidas y se las arrojó a Diana. Los policías escucharon los gritos de la niña y corrieron a su habitación, allí extinguieron el fuego del cuerpo de Diana pero ésta murió por la puñalada recibida.


Amanda fue incapacitada mentalmente. Cuando manifestó todo lo que había ocurrido y porqué había hecho lo que había hecho. Ella fue recluida en un hospital psiquiátrico. La mujer aun se sentía inquieta, sabía que la pequeña Diana volvería porque el ritual no se había completado. La maldición no había terminado pues la niña no fue quemada. Para desgracia de la mujer, lo acontecido fue solo una pausa. 


Después de unas noches, la pequeña Diana venía cada madrugada para atormentar a Amanda. Se asomaba por la ventada de su habitación del segundo piso del hospital psiquiátrico y con voz dulce la llamaba "mamá", para terminar diciendo "llegará la noche en que te mataré".


Dentro de tres días, el 11 de noviembre, sería el cumpleaños número siete de la pequeña Diana. En cada cumpleaños algo sucedía y puede que ese día sea el momento en que vaya por la vida de Amanda. Ella lo sabe, sabe que el fin de su vida se acerca. Lo supo de inmediato cuando hoy vio su brazo derecho en donde la niña le había arrancando el pedazo de piel de un mordisco hace un año. El brazo se encontraba perfectamente sano pero de la nada empezó a sangrar y a caerse su piel. La niña viene por su vida, para arrastrar su alma al infierno. La pequeña Diana es un demonio menor, es Jezbet.


Jezbet o Jezebeth es un conocido demonio mentiroso, de milagros imaginarios y fraudulentos que inicialmente fue una reina de Israel que aparece en los libros de los Reyes de la Torah judía I y II, en el Tanaj (las Escrituras hebreas) y el Antiguo Testamento cristiano. La reina de origen fenicio, hija del rey Ithobaal I de Sidón, se casó con el rey Acab del Reino del Norte durante la época en que el pueblo hebreo estaba dividido en los reinos del Norte (Israel) y el Sur (Judá). Ella se alejó del culto henoteísta a Yahvé (el Dios nacional de Israel y Judá) del rey Acab y reinstaura el culto politeísta, cuyas figuras principales son, El, Baal y Asherah, a quien adoraban los fenicios y otros pueblos semíticos. Finalmente fue arrojada desde los muros de su palacio por sus propios sirvientes, que estaban hartos de su opresión y costumbres exageradamente libertinas.


El espíritu de Jezebeth quedó pervertido por los siguientes "pecados": la tolerancia a los ídolos, la falsa profecía, la enseñanza que se desvía de Dios, el espíritu de seducción para fornicar, la entrega y sacrificio de los hijos, el control de las cosas y la búsqueda de ser el centro de atención. Se le considera una mujer perversa que su influencia llevó a que su pueblo tolerara la maldad. Hizo que sus falsas enseñanzas desviaran a la gente. Ella usaba su influencia para manipular y controlar a la gente. Solo quería satisfacer sus deseos.


Su espíritu es considerado tóxico por la Iglesia y muy difícil de detectar en las primeras etapas. Puede esconderse en personas ungidas, dotadas, amistosas, trabajadoras, que parecen ser una respuesta a la oración. Pero cuando se le quita la fachada, esa capa superficial, debajo de todo eso aparece la manipulación, la mentira, la rebelión, las ansias de control, los celos, la astucia y la ira. Características que son bien tomadas por la Iglesia como ingredientes vitales para un demonio de la hechicería.

1 comentario:

  1. ¡Saludos amigo Nathan! Interesante comentario y agradezco mucho por él, pero a pesar de, hablamos de personajes diferentes. De igual modo, gracias por mencionarla.

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