domingo, 28 de junio de 2026

PUBLICACIÓN ESPECIAL: Terremotos en Venezuela

Tomando en cuenta el lamentable y trágico hecho ocurrido el 24 de junio del presente año 2026, realizo esta publicación especial para hacer un paréntesis en la historia de mi país natal, Venezuela, en cuanto a un antes y un después del gran sismo. Venezuela es un país bendecido con paisajes naturales impresionantes y una rica cultura, pero más allá de eso, desde más de 100 años ha sido testigo de acontecimientos sísmicos en varios momentos de su historia, que han dejado una huella imborrable en el territorio y en la memoria colectiva de muchos. En un rincón del mundo lleno de contrastes y belleza, los terremotos han sido recordatorios de la fuerza de la naturaleza y de la fragilidad de la vida. Aquellos que han vivido la experiencia de un temblor en este país latinoamericano recuerdan con nostalgia y asombro esos momentos de incertidumbre, como si la tierra bajo sus pies les estuviera hablando.

La geografía de Venezuela es un mosaico de montañas, llanuras y costas, pero también de placas tectónicas en constante actividad. La interacción entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana ha hecho que esta región sea propensa a movimientos sísmicos. Aunque muchos temblores son leves y pasan desapercibidos, otros han tenido consecuencias devastadoras. A continuación, revisaremos algunos de los terremotos más notables en la historia de Venezuela, ya que el primer reporte que se tiene, es del siglo XVI, en el año 1530 en Cumaná, capital del Estado Sucre. Tuvo una magnitud de entre 7.1–7.5 en la escala de Richter.

  • El Terremoto de 1812

El jueves 26 de marzo de 1812, que era Jueves Santo, los líderes patriotas planificaban una campaña contra la provincia de Guayana, aún monárquica, y detener la ofensiva enemiga desde el oeste. La ciudad de Caracas estaba adornada y con el pueblo congregado en las iglesias. A las 04:05 de la tarde empezó una rápida sacudida en la tierra que duró 26 segundos. Al final de este, los edificios estaban en ruinas y miles sepultados; escenas similares se produjeron en otras ciudades y pueblos. Curiosa pero razonablemente, en la ciudad de La Guaira, conocido antes como Estado Vargas, no quedó edificación en pie, a excepción de la casa de la Aduana y las murallas. Horas antes, a las 2:30 de la tarde, tembló en Santa Cruz de Mompox, pueblo de Colombia en el distrito Bolívar, y al día siguiente en la isla San Vicente, donde el volcán La Soufrière entró en erupción. La reacción inmediata del gentilicio fue de consternación. En las plazas públicas se reunieron grupos de sobrevivientes a suplicar de rodillas a cielo, mientras otros movían los escombros para rescatar a los familiares y amigos que gemían pidiendo ayuda. Las mujeres empezaron a cambiar sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de penitencia. Muchos hombres dejaron sus trajes de gala para hacer procesiones usando únicamente una ancha correa, con los pies descalzos, sus barbas sin afeitar, en sus cuellos una cuerda sujetando una gran piedra y en sus espaldas cruces de madera. Iban a los cerros cercanos a las ciudades a implorar, hambrientos, clemencia divina y a besar reliquias de los santos.

La situación sólo empeoraba por las constantes réplicas. A la medianoche de la jornada del terremoto principal vino una fuerte réplica de entre 5 y 6 segundos, luego otra de entre 10 a 12 y una tercera más breve. El gobierno local se reunió en la plaza frente a la catedral de Santa Ana, en la Parroquia Catedral del Municipio Libertador, y envió ayudas a los extremos de la urbe, sin embargo, no había medicinas, alimentos ni provisiones. Finalmente, ese mismo día, el gobierno federal declaró la ley marcial para impedir saqueos y ordenan quemar todo cadáver que se encontrara para evitar una epidemia de cólera (en la época se creía en la teoría miasmática: antigua hipótesis médica que atribuía enfermedades como el cólera o la peste a los miasmas: emanaciones fétidas provenientes de materia orgánica en descomposición, suelos impuros y aguas estancadas). En el pánico, los vecinos se acusaron entre sí haber traído la ira de los cielos y muchos, al no encontrar sacerdotes, confesaron públicamente sus crímenes en la calle, incluyendo robos y asesinatos. En los dos días siguientes más de 2000 personas que vivían en concubinato se casaron, muchos niños ilegítimos porque sus madres eran prostitutas fueron reconocidos por sus padres y personas abandonadas por sus familias a causa de su pobreza fueron acogidos por sus parientes. Muchos empezaron a buscar a sus parientes desaparecidos o huyeron a los campos y montañas.

Los primeros estudios científicos del evento fueron realizados por Melchor Centeno Grau en su libro Estudios Sismológicos (1940), quien planteó que el fenómeno fue tectónico y tuvo un carácter multifocal. Basado en los registros de los daños, creía que un epicentro estaba en el mar Caribe, entre el archipiélago de Los Roques y la costa de La Guaira, y fue el que causó los daños en la capital y su puerto; otro entre San Felipe, Barquisimeto y El Tocuyo; y un tercero al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera de los Andes, causante de la destrucción de Mérida.

El hecho que ocurriera un Jueves Santo y que ciudades republicanas como Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo, San Felipe, Maiquetía, Antímano, Chacao, Baruta y La Vega acaban destruidas, que Barquisimeto, La Victoria y Valencia fueron afectadas en menor medida, y en cambio, urbes monárquicas como Coro, Siquisique, La Vela, Carora, Maracaibo y Angostura salieron relativamente indemnes. Sirvió a los frailes y sacerdotes realistas para predicar que había sido un castigo del cielo por alzarse contra Fernando VII de España. También señalaron que sucedía en el segundo aniversario de la deposición de Vicente Emparan, lo que convenció a muchos de ponerse en contra de los republicanos. Se dice que en esa situación, el coronel y Libertador Simón Bolívar dijo: "¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!", en respuesta a los clérigos realistas.

Luego, nueve días después tras el primer evento, el 4 de abril de 1812, se produjo una réplica histórica. Aunque el sismo fue más suave que el principal, el temblor destacó por registrarse casi sin pausa por ocho horas ininterrumpidas, una duración inusualmente larga. Ese día, a las 4:00 de la tarde, la tierra volvió a estremecerse con una de las réplicas más fuertes registradas en la época. Este evento prolongado terminó de derrumbar las estructuras que habían quedado en pie, sembrando el terror absoluto entre la población sobreviviente, que se vio obligada a congregarse permanentemente en plazas y espacios abiertos.

  • Terremoto de 1900

El 13 de octubre de 1900, otro terremoto significativo ocurrió. Este evento también llamado Terremoto de San Narciso, ya que ese día se celebraba el día de San Narciso, santo por la Iglesia católica, tuvo una magnitud desconocida, pero se presume que fue de entre 7.6 y 8.0, siendo uno de los eventos más destructivos en sus tiempos, sacudiendo a Caracas y sus alrededores. Comenzó a las 4:42 de la tarde, causando el colapso de 237 casas en Guatire y 72 en Guarenas, ambas ciudades pertenecientes Estado Miranda. También se produjeron deslizamientos de tierra y licuefacción del suelo en el territorio de los actuales estados de Amazonas, Bolívar, Anzoátegui, Miranda, Aragua, Carabobo, La Guaira y el Distrito Capital. Además, se reportó una enorme grieta de 300 metros de largo que se originó en el sector de Camurí en La Guaira, además de derrumbes que afectaron el ferrocarril Caracas-La Guaira. Además, se reportaron efectos de licuefacción en la zona de Barlovento, mientras que en zonas de Naiguatá y Macuto registraron un tsunami que dañó considerablemente la zona. Allí, nuevamente muchos edificios sufrieron graves daños o se derrumbaron durante el terremoto, el Archipiélago de Los Roques también sufrió fuertes efectos.

Se reportaron algunos daños leves en zonas tales como; San Antonio de Los Altos, Panaquire, Paparo, Guarenas, Capaya, Isla La Tortuga, Archipiélago de Los Roques, Güigüe, Clarines, Puerto Cabello y Caucagua. La Iglesia de San Francisco en Caracas fue severamente dañada por el terremoto y otra iglesia en Naiguatá fue completamente destruida. El pequeño pueblo de Paparo estuvo parcialmente sumergido por las olas del tsunami formado, cuya altura máxima fue de 5 metros en Barlovento, se registraron más de 250 réplicas en los meses posteriores al evento principal, las réplicas fueron perturbadoras para la población local. Las crónicas de la época indican que el sismo causó daños considerables a edificios y viviendas, así como la pérdida de vidas humanas. Aunque las cifras exactas de muertos y heridos no se registraron de manera precisa, como sucede con muchos eventos de ese periodo histórico, se estima que el gran sismo y sus consecuencias impactaron profundamente a la población. 

Los relatos de los sobrevivientes reflejan un sentimiento de temor y vulnerabilidad ante el poder de la naturaleza. Las estructuras de la ciudad, construidas en su mayoría de materiales débiles en comparación con los estándares modernos, no estaban preparadas para un evento de tal magnitud. Al igual que en terremotos posteriores, la reconstrucción fue un proceso lento y complicado. El evento de 1900 destacó la necesidad de diseñar edificaciones más seguras y de implementar medidas de prevención.

  • Terremoto de 1967

Fue uno de los terremotos más contundentes en la historia moderna de Venezuela. El 29 de julio, a las 8:05 de la noche, El Distrito Federal (actual Distrito Capital) fue sacudido por un sismo de 6.5 a 6.7, con una duración de 35 a 55 segundos. En la zona de Caracas dejó un balance de 2000 heridos y 236 muertos. Los daños materiales de más de 10 millones de dólares estadounidenses. Tuvo como su epicentro el litoral central o la zona costera de La Guaira, a 20 kilómetros de Caracas. Este fenómeno telúrico afectó mayormente a las zonas de Altamira, Los Palos Grandes y el Litoral Central. Después del terremoto, le siguieron un total de 30 réplicas de menor intensidad, todas de menor intensidad, cada una de las cuales llenaba de pánico a quienes las sentían, ya que tenían el temor del primer gran sismo. 

En los días subsiguientes funcionarios de los organismos competentes y miles de voluntarios rescataron los cuerpos que yacían entre los escombros. Los restos de los edificios y derrumbes fueron transportados a la Base Aérea de La Carlota para su revisión. Durante 6 meses los conductores que circulaban por la autopista podían ver el panorama de lo ocurrido aquel día. En Maracay, capital del Estado Aragua (ubicada a unos 80 kilómetros al suroeste de Caracas), se registraron cinco personas fallecidas y 100 heridas. En otras ciudades se reportaron únicamente daños estructurales.

La infraestructura de la ciudad, que aún estaba en desarrollo, se vio severamente afectada. Muchos ciudadanos recuerdan el sonido de los edificios crujiendo, seguidamente de una ola de pánico. En cuestión de segundos, muchos perdieron sus hogares y seres queridos. La reconstrucción de Caracas fue un esfuerzo monumental, que marcó un antes y un después en la forma en que los venezolanos ven la seguridad sísmica.

Y es que, a raíz de este terremoto el entonces presidente de Venezuela, Raúl Leoni, dispuso la creación de dos comisiones que se encargarían de evaluar los daños producidos y, entre las conclusiones de las mismas, se planteó al Poder Ejecutivo la creación de un instituto que se encargara del estudio e investigación de los sismos en Venezuela. Posteriormente, durante la primera presidencia de Rafael Caldera, se creó (mediante el decreto N° 1053, del día 27 de julio de 1972) la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

  • Terremoto de 1997
La costa venezolana, debido a su ubicación, es susceptible a sismos y tsunamis, y el terremoto ocurrido el miércoles 9 de julio de 1997 a las 3:23 de la tarde, fue un claro ejemplo de ello. Con una magnitud de entre 6.6 y 7.0, y una duración de 51 segundos, el sismo afectó principalmente al Estado Sucre en la localidad de Cariaco, causando daños estructurales y desplazando a numerosas personas. 


Fueron 73 las víctimas fatales y este sismo en particular, resultó irregular la ruptura superficial que se produjo en el segmento de la Falla del Pilar, con desplazamientos cosísmicos de aproximadamente 0,25 m y un proceso de batición de suelos registrados en la línea de la costa. El desastre natural revivió el recuerdo del terremoto de 1967, haciendo que muchos temieran lo peor. La comunidad se unió en un esfuerzo de solidaridad y reconstrucción, reflejando la resiliencia del pueblo venezolano.
  • Terremoto de 2012
Otro episodio significativo tuvo lugar el 21 de agosto de 2012, cuando un intenso temblor de magnitud 5.6 sacudió el Estado Táchira, en la frontera con Colombia. Aunque afortunadamente no se registraron pérdidas humanas, muchas familias quedaron inquietas y los edificios sufrieron daños considerables. 


Este evento renovó la preocupación entre los ciudadanos sobre la actividad sísmica en la región andina. Las imágenes de las grietas en las calles y los edificios inestables quedaron grabadas en la memoria colectiva.

  • Terremoto de 2026 (aun en desarrollo)

El miércoles 24 de junio a las 6:05 de la tarde, dos terremotos consecutivos (de magnitud 7,2 y 7,5) dieron un temblor enorme, no solo a la capital sino en la mayoría del país. La parte norte de Venezuela se encuentra justo en una zona donde chocan dos grandes placas de la tierra (la del Caribe y la Sudamericana). Esa tensión acumulada durante tanto tiempo, se liberó de golpe. 

Los expertos lo llamaron un doblete sísmico. Es decir, no fue un solo terremoto, sino dos golpes casi seguidos. Aunque el susto más grande empezó la tarde del miércoles, la pesadilla no terminó ahí. El viernes 26 de junio, cuando apenas los sobrevivientes asimilaban la experiencia, la tierra volvió a sacudirse con fuerza. Con el doblete sísmico, se han registrado más de 300 réplicas de magnitud moderada en varias zonas del territorio nacional. Se estima que el doble sismo, realizó una liberación de energía similar a la detonación de 260 bombas nucleares.

Por el sacudón sísmico, 250 edificios colapsaron o sufrieron derrumbes severos a nivel nacional. El desastre dejó, hasta el día de publicación de este artículo, en el reporte oficial de 1450 víctimas mortales. Al menos 27 países han desplegado con valiosa y gran solidaridad rescatistas, ayudas humanitarias y donaciones a Venezuela ante tal tragedia. La ayuda internacional incluye insumos, evaluaciones logísticas, médicos y provisiones.

La Guaira, al ser la localidad más afectada, hay muchos edificios derrumbados. También zonas como Altamira y Los Palos Grandes en Caracas. Maracay, en el Estado Aragua, también sufrió daños serios en sus edificios y vías. Las sacudidas del 26 de junio dejaron claro que no se puede bajar la guardia. Mucha gente sigue sin poder volver a sus casas, ya sea porque se dañaron o por puro miedo. El cuerpo de los venezolanos está en modo alerta, a punto tal, que no ha dado oportunidad de poder procesar con detenimiento la situación.

Si algo bueno podemos sacar de todo esto, es la gente. En cuestión de minutos se vio a vecinos ayudando a vecinos, personas sacando escombros con las manos y filas de voluntarios donando comida, agua y ropa. Desde el interior del país hasta rescatistas especializados como los Topos Mexicanos, por ejemplo, organizaciones civiles de búsqueda y rescate, integradas por voluntarios altamente capacitados, que surgieron tras el histórico terremoto de la Ciudad de México en 1985. Son reconocidos mundialmente por su valentía, especialización en el colapso de estructuras y rápida respuesta en desastres tanto nacionales como internacionales.

Los terremotos en Venezuela no solo son eventos naturales, sino que también son parte integral de la historia del país. Cada temblor deja una marca, no solo en la tierra, sino en los corazones de quienes lo experimentan. En un mundo donde la naturaleza demuestra su poder, el pueblo venezolano ha aprendido a ser resiliente, a reconstruir y a honrar los recuerdos de aquellos que han sufrido y enfrentado la adversidad.

P.D. Me encuentro bien, estoy en compañía familiar y estamos a salvo. Agradezco grandemente por ello. Esta publicación es particularmente especial porque se trata de mi país, un país que amo y admiro, por su cultura y su gente, sus lugares y su clima, sus costumbres y el día a día en donde uno aprende algo nuevo. Esta publicación es personal también, porque fue una experiencia aterradora para mí y los míos, para mis vecinos, conocidos y ciudadanos en general. Hago esta publicación en honor a los que tristemente ya no nos acompañan físicamente... Aquellos que sobrevivieron y perdieron todo en cuestión de segundos... Aquellos que perdieron a algún familiar y/o amigo y que la tristeza está allí, latente... Aquellos que quedaron sumamente afectados física y mentalmente... Aquellos que están, hasta el día de hoy, desaparecidos, pero pueden ser próximos a ser encontrados... Esta publicación es en honor a ustedes, y desde este humilde pero muy querido espacio, quiero decirles que saldremos adelante una vez más.

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