domingo, 30 de agosto de 2026

El crimen de Brenda Ann Spencer

Hay mañanas que nacen con un aire pesado, como si el viento supiera que algo terrible está por pasar. El reloj avanza, el sol sale y la gente sigue su rutina sin imaginar que, en unas horas, el mundo entero hablará de ellos. Esta es la historia de una de esas mañanas. Una historia donde no hay monstruos bajo la cama, sino detrás de la ventana de una casa común y corriente. Es un relato oscuro y extraño que obliga a preguntarnos qué pasa por la mente de alguien cuando la apatía absoluta toma el control y la empatía simplemente desaparece.

Todo comenzó en San Diego, California, a finales de la década de los setenta. Era un barrio tranquilo, de esos donde los niños caminan solos a clases y los vecinos se saludan desde el jardín. Justo frente a la Escuela Primaria Grover Cleveland, vivía una chica de 16 años. Era pequeña, de aspecto frágil, con un cabello rojizo y gafas que le daban un aire ausente. Su nombre era Brenda Ann Spencer. Brenda no era como las demás adolescentes. Su vida estaba marcada por la pobreza, la separación de sus padres y una profunda soledad. Dormía en un colchón en el suelo junto a su padre Wallace Spencer, rodeada de botellas vacías de alcohol. Semanas antes, Brenda le había pedido un regalo de Navidad a su padre: quería una radio para escuchar música. Sin embargo, al abrir su obsequio, no encontró un estéreo. Encontró un fusil semiautomático Ruger 10/22 calibre 22 con mira telescópica y 500 municiones. Ella misma llegaría a decir que sentía que su padre quería que terminara con su propia vida. Pero Brenda tenía otros planes.

El lunes 29 de enero de 1979, el director de la escuela primaria, Burton Wragg, abría las puertas del recinto para recibir a los niños que llegaban temprano. De repente, el sonido seco de los disparos rompió la calma. No fue un error, no fue una advertencia. Los disparos venían de la casa de enfrente, y el blanco eran los niños que hacían fila para entrar a clases. El pánico se desató. El director Wragg corrió para proteger a los alumnos y cayó abatido. Mike Suchar, el conserje del colegio, intentó arrastrar al director a un lugar seguro y también perdió la vida. Ocho niños y un policía resultaron heridos. Durante horas, los oficiales rodearon la casa, sin saber exactamente a qué clase de atacante se enfrentaban.

Lo más escalofriante ocurrió en medio de ese caos. Un periodista logró comunicarse por teléfono a la casa de los Spencer y, para su sorpresa, Brenda contestó. Cuando le preguntó por qué lo estaba haciendo, por qué disparar contra una escuela llena de niños, la respuesta de la adolescente congeló al mundo entero. "No me gustan los lunes... Esto anima un poco el día", respondió. No hubo remordimiento, ni una causa política, ni un motivo de venganza. Solo aburrimiento. Solo el deseo de romper la rutina de un lunes cualquiera.

Después de unas horas, Brenda se entregó a la policía tras negociar que le dieran una hamburguesa. Su escalofriante frase resonó a nivel internacional y trascendió de la crónica negra a la cultura popular. El músico británico Bob Geldof quedó impactado por la noticia y compuso la famosa canción "I Don't Like Mondays" con su banda The Boomtown Rats, tema que se convirtió en un éxito mundial. 

Al ser detenida, Brenda tenía solo 16 años, pero debido a la gravedad de los crímenes, fue juzgada como un adulto. No hubo un largo juicio por jurado en el que se expusieran detalladamente los hechos. Brenda optó por declararse culpable de dos cargos de asesinato en primer grado (por las muertes del director Burton Wragg y el conserje Mike Suchar) y asalto con un arma mortal. El 4 de abril de 1980, apenas un día después de cumplir 18 años, recibió su condena: de 25 años a cadena perpetua. Fue recluida en la Institución para Mujeres, en Chino, California, donde permanece hasta el día de hoy.

Brenda Ann Spencer se volvió elegible para solicitar la libertad condicional en 1993, y desde entonces se ha presentado ante la junta en múltiples ocasiones (1993, 2001, 2005, 2009, 2022 y 2025). En todas ellas, la petición le ha sido denegada.

Desde su ingreso a prisión, han surgido diferentes versiones y diagnósticos sobre su estado. En prisión fue diagnosticada con epilepsia y ha recibido medicación para tratarla, al igual que para la depresión. También ha trabajado reparando equipos electrónicos. A lo largo de las décadas, Brenda ha cambiado su discurso en las audiencias de libertad condicional. En 1993, afirmó que el día del tiroteo estaba bajo los efectos del alcohol y las drogas, aunque los exámenes toxicológicos que le hicieron al ser arrestada dieron negativo.

Años más tarde, en 2001, argumentó que había sufrido abusos físicos y sexuales por parte de su padre y que el tiroteo fue una forma de pedir ayuda o buscar que la policía acabara con su vida. El presidente de la junta de libertad condicional dudó de esta versión, ya que ella nunca la había mencionado antes.

Su audiencia más reciente tuvo lugar en febrero de 2025. Durante esta audiencia, algunas víctimas, incluido Cam Miller, un niño de 9 años al que Brenda le disparó a un centímetro del corazón porque vestía su color favorito (azul), testificaron en su contra. La junta volvió a denegar su solicitud, señalando que Brenda aún minimizaba sus acciones y no asumía la responsabilidad total por el tiroteo. Su próxima oportunidad para solicitar la libertad condicional será en el año 2028. Hasta el día de hoy, lleva más de 45 años tras las rejas.

El crimen de Brenda Ann Spencer sigue siendo uno de los casos más extraños e inquietantes, un recordatorio de que a veces, el peligro más grande no avisa, simplemente se asoma por la ventana en una mañana que parecía igual a las demás. Un caso trágico e insólito que marcó la historia de las tragedias escolares en Estados Unidos.

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