domingo, 18 de enero de 2026

La tormentosa vida de Christiane F.

ANTES DE COMENZAR A LEER LES INDICO QUE LA SIGUIENTE PUBLICACIÓN CONTIENE TEMAS CONTROVERTIDOS SOBRE UNA TEMÁTICA FUERTE QUE PUEDE AFECTAR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR, ÉSTA DIRIGIDO A MENTES ABIERTAS Y MADURAS, SE RECOMIENDA DISCRECIÓN.

¡Feliz y bendecido Año Nuevo Querid@s Lector@s! Espero que hayan tenido una Feliz Noche vieja 2025 y que este Nuevo Año 2026, esté cargado de mucha salud, prosperidad, bienestar y nuevas oportunidades por aprovechar. Para iniciar este año en este querido espacio de lectura, trataremos la vida de Christiane F., una celebridad alemana que ha colaborado como actriz no profesional en varias producciones cinematográficas, protagonizando dos libros autobiográficos y formando parte de una banda punk. Debe su popularidad al hecho de contribuir con su testimonio en el libro alemán del año 1978 Wir Kinder vom Bahnhof Zoo (Los Niños de la Estación del Zoo), escrito por los periodistas Kai Herrmann y Horst Rieck. En su contenido literario, describe su lucha contra la adicción a la heroína durante la adolescencia, además de que también existe una película basada en el mismo libro, mostrando lo crudo de las adicciones, las situaciones y las experiencias.

Christiane F., cuyo nombre real es Christiane Vera Felscherinow, nació el 20 de mayo de 1962, en la ciudad de Hamburgo, al norte de Alemania. Vivió en una pequeña y humilde aldea hasta el año 1968, cuando tenía seis años, se trasladó a Berlín juntos a sus padres y su hermano más joven, Michael. Vivió en un principio en el distrito municipal de Kreuzberg, de ambiente alternativo, artístico y rebelde, pero el cambio resultó un fiasco. El padre de Christiane, Klaus-Dieter Felscherinowdespués de fracasar al establecer un negocio en la ciudad, empezó a beber y regularmente comenzó a pegarle a su mujer Ursula y a sus dos hijos, sufriendo ambos niños abusos verbales y físicos. Su temperamento violento por su caída en el alcoholismo, obligo a que la madre de Christiane se divorciara de él y se llevó a Christiane con ella, mientras que Michael prefirió vivir con su padre y la amante de éste. Christiane y su madre se mudaron luego al distrito municipal y multicultural de Neukölln, al sureste de Berlín. Cabe destacar que Neukölln es conocido por su diversidad cultural y contrastes, desde zonas urbanas vibrantes hasta áreas más residenciales con casas unifamiliares y espacios verdes. El lugar está compuesto por cinco barrios (Ortsteile): Neukölln, Britz, Buckow, Rudow y Gropiusstadt, donde éste último fue un lugar clave para el inicio de su tormento. Gropiusstadt es una especie de ciudad dormitorio donde las drogas circulan en sus esquinas y grupos de amigos rebeldes se pasean, allí Christiane comenzó a andar con malas compañías y probando tabaco y alcohol, al principio. Mientras, su madre dejó de prestarle atención ya que había comenzado una aventura con un hombre que laboraba en su trabajo y quería verse bella para él, después de tanto tiempo de ser tratada como basura por su exesposo.

En el año 1974, a los 12 años de edad, comenzó a fumar cannabis y a consumir medicamentos como Valium, Mandrix y también LSD. Un año después, en 1975, Christiane empezó a frecuentar Sound, la discoteca de moda por aquel entonces en Berlín. Allí conoció a un pintoresco grupo: Detlev (el que tenía diecisiete años y sería su futuro novio), también a Axel, Babsi, Atze, Zombie y Stella, entre otros. Pronto, una nueva droga comenzó a circular en la escena berlinesa: la heroína, o simplemente llamada "H", como era más conocida. Aunque era muy temida por su alto poder adictivo y por el alto riesgo de mortalidad, todos los amigos de Christiane acabaron volviéndose adictos a ella, incluido Detlev. Christiane consumió heroína inhalada la primera vez después de asistir a un concierto de David Bowie. Tiempo después, en unos baños públicos de la Estación Zoologischer Garten de Berlín, se inyectó la droga por primera vez. A partir de ese momento, Christiane fue introduciéndose poco a poco en el consumo de heroína, necesitando cada vez más dosis diarias para calmar su síndrome de abstinencia, coloquialmente llamado "mono", por la sensación de estar cautivo, que le causaba malestar físico y psicológico.

Christiane, con 14 años, se volvía más adicta como todos sus amigos cada vez que usaba drogas, así pues, para seguir usándolas, empezó a prostituirse en la Estación del Zoo para comprarse heroína. Al principio, Christiane seleccionaba a sus clientes y se limitaba a masturbarlos o practicarles sexo oral. Pero al surgir la necesidad de inyectarse droga tres veces al día, Christiane pasó a aceptar a cualquier tipo de cliente y a practicar sexo dentro de los coches. La práctica de la prostitución duró desde 1976 hasta 1977, cuando fue detenida y acusada de tráfico y consumo de drogas.

Por la gravedad del asunto y ser una menor de edad, Christiane tuvo un juicio en el tribunal de infancia y juventud. Allí, los periodistas Kai Hermann y Horst Rieck quedaron impresionados con su declaración sobre la adicción y le propusieron hacerle una entrevista con una duración de tres días, la cual se extendió varios meses y sirvió de base para el famoso libro Wir Kinder vom Bahnhof Zoo (Los Niños de la Estación del Zoo)

Christiane, con 15 años, comenzó a tener su segunda vida en Kaltenkirchen, un pueblo remoto de Schleswig-Holstein, al norte del Alemania. Allí se encontraba con su familia materna, para continuar con la abstinencia y recuperarse de su intento de suicidio. Allí no hubo terapias para ella y se relacionó con profesores y compañeros de clases a los que no entendía, quizá porque había vivido demasiado para su edad, añorando la vida en Berlín, la libertad y las aventuras. El libro tuvo éxito y fue publicado en varios países. Pronto, Christiane adquirió fama mundial e incluso pasó un tiempo "limpia", asegurando estar desenganchada de las drogas. En ese punto se hizo novia de un chico llamado Alexander Hacke, que ejercía más como amigo que como pareja.

Durante casi dos años, Christiane había conservado su anonimato hasta que tuvo un momento en televisión para promocionar la banda de unos amigos, instante en que fue reconocida y se convirtió en objeto indefenso de los medios. Al finalizar la escuela secundaria, Christiane inició un módulo de formación profesional como vendedora de libros. Al no entender del todo a su conservadora, racista y estricta abuela materna, originaria de Baviera, que incluso vestía el traje tradicional de Austria llamado Dirndl, por ser una fanática, se mudó a una WG -Gesucht, un apartamento de alquiler compartido, en Hamburgo. Allí convivía con un grupo de músicos salvajes que habia conocido en el mercado cubierto (Markthalle)

Allí comenzó otra vida, donde formó bandas musicales como Final Church y Sentimentale Jugend, donde hacía punk y música experimental, pero donde también habían drogas, pero no heroína. Sin embargo, cinco años después de la publicación del libro Wir Kinder vom Bahnhof Zoo (Los Niños de la Estación del Zoo), volvió al vicio de la heroína.

En 1983, cuando tenía 21 años, Christiane fue detenida por la policía en el apartamento de un traficante en Berlín y encarcelada durante diez meses. En esta época concedió una entrevista a la revista alemana Stern, confesando que nunca había abandonado realmente la heroína y que consumía también tres gramos de cocaína al día que le ayudaban a soportar la presión de los medios. También narró su descubrimiento del éxtasis y sus estragos.

En el año 1987, Christiane conoció a un hippy griego llamado Panagiotis, en una playa de la isla de Paros, en el mar Egeo, cuando fue por primera vez de vacaciones. Él tenía 30 años, cinco más que ella, y vivía en un árbol alto y hueco. Al verlo, de inmediato supo que él perteneció a un mundo que nadie entendía, un mundo secreto y vicioso, un mundo en el que ella había estado y solía ir cuando sus fuerzas flaqueaban. Ambos compartían una niñez trágica donde predominaron los abusos, el descuido y la soledad. De él aprendió a sentirse mejor en un cuerpo maltratado por las drogas y la prostitución.

Aquellos momentos posteriores quizás fueron los mejores de su vida. Él la quiso tanto, que provocó en ella un sentimiento que no había tenido nunca; el sentimiento de empezar a quererse a sí misma. El dinero no era problema, ya que las ganancias del libro y el filme basado en su vida hacían que su cuenta bancaria alemana tuviera un monto aproximado de medio millón de marcos, pero su estilo de vida era ser libre, sin ningún tipo de preocupaciones, ni por consumos ni por dinero. 

Solían salir a bucear en busca de conchas y caracoles, y escuchar música de Gary Moore, Dire Straits, Pink Floyd. Por su parte, Panagiotis generaba algo de dinero como tatuador aficionado de turistas que se emborrachaban. 

Esta relación mantuvo a Christiane siete años en Grecia, hasta que el amor terminó de forma brutal, debido a la profunda espiral de adicción a la heroína en la que ambos estaban inmersos, las dificultades y el caos de su vida callejera, y el impacto destructivo de la droga en su vínculo, lo que llevó a una relación tóxica y su eventual separación, con Panagiotis alejándose mientras Christiane seguía en el ciclo de la adicción.

Después de aquel intervalo, en el año 1993 regresó a Berlín decepcionada y comenzó un tratamiento de desintoxicación con metadona (un narcótico usado para tratar a los drogadictos). En 1996, tres años después de su llegada y estando "limpia", dio a luz a Jan-Niklas, con un joven adicto a la heroína llamado Philip, él era 10 años menor que ella y lo vio por primera vez en la línea U8 del metro de Berlín, mientras él vendía un periódico callejero. Lo acabó conociendo poco después, por total casualidad, en la consulta donde ambos recibían metadona.

La experiencia le hizo sentirse bien, mejorando como persona, siendo responsable y dándole ganas de vivir. Ella tenía 33 años. Aunque estaba "limpia", no le dio pecho al bebé ya que tenía miedo de que su leche estuviera afectada y le hiciera daño a su hijo.

Cabe destacar que la mayoría de los amigos de Christiane fallecieron víctimas de la heroína, entre ellos su amiga Babsi, de 14 años de edad, la víctima más joven de la heroína entre su grupo de amigos, además de Andreas W. (Atze), que dejó una carta con consejos para los jóvenes alertando sobre el peligro de la heroína, y Axel, los dos con 17 años. Solo Christiane y Detlev sobrevivieron. En el caso de Detlev, comenzó a trabajar años después trabaja como conductor de autobús en Berlín, se casó y vive feliz junto a su esposa e hijos, afirmando haberse librado de las drogas en 1980. Pero Christiane nunca llegó a desengancharse completamente, pese a lograrlo durante periodos de tiempo. A los 45 años, tomaba varios medicamentos, pasaba regularmente por sesiones, intentos y terapias para abandonar el hábito, que hasta ese momento no habían tenido buenos resultados. 

En diciembre del año 2005, el servicio público de salud alemán registró dos ingresos de la paciente. Ella pasó un periodo viviendo en un apartamento en Berlín con dos de sus tíos y con su hijo. A inicios del año 2008, a los 46 años de edad, un nuevo drama se hizo presente en la vida de Christiane que la llevó nuevamente a consumir drogas duras. Ella y su novio decidieron emigrar a Holanda, llevando con ellos a Jan-Niklas, al que le canceló la matrícula escolar. Al tener conocimiento de este hecho, el Jugendamt (Oficina de protección de menores) le quitó la custodia, con la ayuda de la policía. Poco tiempo después, ella secuestró a su propio hijo de las oficinas y escapó a Ámsterdam

En la capital holandesa, Christiane volvió a consumir heroína. Después de un desencuentro con su novio, Christiane regresó a finales de junio de 2008 a Alemania, momento en el que las autoridades alemanas procedieron a retirarle temporalmente la custodia de su hijo. Luego de ello, el niño comenzó a vivir con otros cinco chicos al cuidado de sus padres tutelares en una enorme vivienda en Brandeburgo, parte occidental de Berlín. Christiane podía visitarlo y pasar con él los fines de semana. Un año después, en el año 2010, la madre recuperó la custodia de Jan-Niklas, pero no el cariño ni el perdón de su hijo.

En el 2011 la detuvieron por última vez cuando la policía le decomisó una pequeña cantidad de heroína en la maleta. Estaba a punto de tomar un tren en una estación de Berlín. En la actualidad, Christiane, con 63 años de edad, sigue luchando por su vida a pesar de la mala salud que tiene.

Christiane vive en un apartamento en Berlín con su perro Leon, un chow chow. Padece de hígado inflamado desde 1989, tiene hepatitis C, sufre dolores terribles por las biopsias constantes y pasa días sin poder levantarse de la cama debido a la fibrosis. Necesita ir al médico siete veces por semana para recibir su dosis de metadona y se siente constantemente perseguida por personas que, según ella, abren su correo y se turnan para vigilarla. Los médicos, después de haber afirmado que, debido a sus problemas circulatorios, podía tener una crisis si no cuidaba mejor su salud, afirmaron también que su estado era delicado. 

Como se dijo al principio el artículo, existe una película polémica basada en la historia de Christiane y el libro basado en su testimonio, llamada Christiane F. – Wir Kinder vom Bahnhof Zoo, del director Uli Edel, producida por Bernd Eichinger y con guion de los propios periodistas que redactaron el libro. El film tiene una duración de 138 minutos y se estrenó el 2 de abril de 1981. Fue crudamente protagonizada por los jóvenes no actores Natja Brunckhorst, Thomas Haustein, Jens Kuphal, Rainer Wölk, Jan Georg Effler, Jan Georg Effler, y con la participación especial de David Bowie, que dotó a la cinta con su música.

La película está ambientada entre 1975 y 1977 en Berlín Occidental, rodándose con bajo presupuesto. Se salta el principio y el final del libro y se concentra en la historia principal, comenzando cuando Christiane comienza su vida nocturna en Berlín alrededor de los 13 años, y se detiene abruptamente después de su intento de suicidio al afirmar que se recuperó. 

La película de drama biográfico es polémica ya que sus actores, al igual que los personajes reales, no tenían la mayoría de edad al momento de filmar las crudas escenas. El director Uli Edel quería traer a la gran pantalla la historia plasmada en el libro, por ello, recurrió a Natja Brunckhorst para que interpretara a Christiane. La chica de quince años de edad, no había actuado antes y el director la descubrió cuando buscaba integrantes para el filme y ella jugaba en el patio de su colegio. Natja aceptó el papel y, con el consentimiento de sus padres, participó en la película. En el caso del joven Thomas Houstein, que interpretó a Detlef, fue descubierto en un club deportivo y, en principio, rechazó el papel. Al estrenarse la cinta, Natja sorprendió a los críticos con su interpretación chocante.

Se destaca que la mayoría de los extras en la estación de tren y en Sound eran consumidores de drogas y trabajadoras sexuales. Hay una escena en la cinta donde Christiane corre por los callejones de la estación para encontrar a Babsi, allí se muestran varios drogadictos apoyados contra las paredes del paso subterráneo. 

En la escena en la que Christiane corre por los callejones de la estación para encontrar a Babsi, la cámara se detiene en detiene en varios drogadictos apoyados contra las paredes del paso subterráneo. En una entrevista en el año 2011, Thomas Haustein, quien interpretó a Detlev y todavía estaba en la escuela en ese momento, recordó lo aterrorizado que se sentía al estar rodeado de adictos en la vida real, pero que pudo copiar con éxito su comportamiento para su personaje. En la actualidad sería ilegal que menores actuaran en escenas gráficas de disparos, desnudez y sexo, como en la película. Para aquel entonces, todo lo que se necesitaba era una carta de consentimiento por escrito de los padres para continuar con la filmación.

domingo, 28 de diciembre de 2025

El Dios de Baruch de Spinoza

Queridos Lectores, con esta publicación, se cierra el ciclo del año 2025. Un año que nos regaló aprendizajes, desafíos, experiencas e instantes que quedarán en la memoria. Cada encuentro en este humilde espacio es un recordatorio que nuestra curiosidad e interés por aprender es insaciable, y que las palabras pueden unirnos, acompañarnos y sembrar esperanza, ansiedad, impacto y asombro en medio de la rutina. Faltan aún unos pocos días para Fin de año, pero quiero extenderles un deseo sincero: que la salud, el bienestar y el progreso sean compañeros constantes en sus caminos, y que el Nuevo Año 2026 llegue cargado de bendiciones para ustedes y sus seres queridos. Que cada día del año que comienza sea una oportunidad para crecer, para celebrar lo vivido y para abrazar lo que vendrá con ilusión renovada. P.D.: La primera publicación del mes de Enero de 2026, se publicará el día Domingo 18.


OJO: El presente texto puede ser recibido como un llamado a la reflexión universal: para los creyentes, una invitación a profundizar en la idea de Dios más allá de lo personal y lo dogmático; para los no creyentes, una oportunidad de encontrar sentido y espiritualidad en la naturaleza y en la razón. En ambos casos, transmite una visión de unidad, armonía y contemplación que puede enriquecer la manera en que entendemos nuestra existencia y nuestro lugar en el cosmos.


Baruch Spinoza, nacido en Ámsterdam, capital de Países Bajos, el 24 de noviembre de 1632 y fallecido en La Haya, ciudad de Países Bajos, el 21 de febrero de 1677, fue un filósofo neerlandés de origen sefardí (parte del pueblo judio). Fue uno de los principales pensadores de la Ilustración,​ de la crítica bíblica moderna y del racionalismo del siglo XVII, incluyendo concepciones modernas del ser y del universo. También es considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII y uno de los filósofos más importantes de principios de la Edad Moderna. Inspirado por el estoicismo, el racionalismo judío, la obra de Maquiavelo, Hobbes, Descartes y diversos pensadores religiosos heterodoxos de su época, Spinoza se convirtió en una de las principales figuras filosóficas del Siglo de Oro neerlandés.


En el caso del tema central de la publicación, algunos han sugerido una interpretación panteísta de la filosofía de Spinoza, al sostener que existe una identificación entre la única realidad (sustancia) y Dios o Naturaleza (panteísmo). En esta interpretación, la realidad es eterna, infinita y perfecta, pero muy distinta del dios personal del teísmo clásico, y todas las cosas en el universo son simples modos de Dios, por ello, todo lo que existe tiende a perseverar en su ser, en el caso del ser humano se manifiesta como el deseo de vivir según el dictamen de su razón. Se ha sugerido también una interpretación panenteísta de su filosofía, ya que según el filósofo holandés, todo existe en Dios y el Ser supremo no se fusiona ni con el mundo ni con la totalidad de sus manifestaciones. Spinoza mantiene la distinción de Dios como principio del ser y de la vida irreductible a cualquier entidad particular y el conjunto de modos infinitos y finitos.


Eso quiere decir que el Dios expresado por Baruch Spinoza, es una única sustancia infinita, eterna y autocausada de la que todo lo existente forma parte, sin ser un ser personal externo, sino la realidad inseparable de sí misma, que se expresa a través de sus infinitos atributos y modos, como el pensamiento y la extensión. Su Dios no interviene en los asuntos humanos ni premia ni castiga, sino que es la perfección inherente a todo lo que es, y conocerlo implica comprender la razón y las leyes de la naturaleza, no la fe ciega. 


De la manera más simplificada, adorar al Dios de Baruch Spinoza es apreciar la belleza y la complejidad del universo y de la propia existencia, viviendo en armonía con las leyes naturales que son, en sí mismas, divinas. Él hubiera dicho lo siguiente:

¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho!
Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa! 
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

¡Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo!

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu pequeño hijo...

¡No vas a encontrarme en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, no te crítico, no me enojo, no me molesto, no castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?

¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que solo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó? ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

Deja de creer en mí de la misma manera. Creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí así, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tus hijos, cuando acaricias a tu mascota cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?... 

¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que disfrutes de este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti.

domingo, 21 de diciembre de 2025

La circuncisión de Jesús y el Santo Prepucio

El nacimiento de Jesús, que en apenas cuatro días volveremos a celebrar con alegría, no solo marca el inicio de su vida en la tierra, sino también abre la puerta a tradiciones y costumbres que nos revelan mucho sobre su tiempo y su cultura. Uno de esos momentos, quizá menos comentado pero lleno de significado, es la circuncisión de Jesús. Este acto, realizado según la ley judía, nos recuerda que el Niño Dios no vino aislado de la historia, sino que se insertó plenamente en ella, compartiendo las prácticas de su pueblo.


Circuncisión de Jesús es la denominación de un episodio evangélico (Lucas 2, 21)​ y un tema iconográfico relativamente frecuente en el arte cristiano. Trata de la circuncisión que se efectuó a Jesucristo. La circuncisión es la ablación ritual del prepucio (el de Cristo se denomina Santo Prepucio, y es una de las reliquias cristianas más preciadas). La ley mosaica, por mandato divino, prescribe: Serán circuncidados a los ocho días de nacer todos vuestros varones de cada generación.​ El evangelista Lucas cuenta cómo se cumplió esta ley a los ocho días del nacimiento de Jesús; en un acto en que también le pusieron por nombre Jesús, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuera concebido (en referencia al episodio de la anunciación).


De entre los evangelios canónicos sólo Lucas lo refiere.​ Los evangelios apócrifos son mucho más pródigos en información en este sentido. Así pues, Lucas especifica el sacrificio realizado como pago de la ceremonia, y en el Evangelio árabe de la infancia, un evangelio apócrifo muy tardío, se narra cómo tras la circuncisión de Jesús, la matrona de María guardó el prepucio en una jarra de alabastro llena de nardos, un conservante, y se la dio a su hijo, perfumista de profesión pidiéndole que guardase bien la jarra y no la vendiese aunque le ofrecieran trescientos denarios.​ El Evangelio armenio de la infancia ofrece otra versión, según la cual el niño sangró durante la operación, pero sin que se produjese corte alguno.


Las representaciones de la circuncisión de Cristo aparecen en el arte hacia finales del siglo X. Suelen formar parte de una secuencia de episodios del ciclo de la vida de María o del ciclo de la vida de Cristo. Es muy común verlo en retablos. Generalmente se muestran tres personajes: María, Jesús y el ministro o mohel que realiza la operación con un instrumento cortante especial. En el siglo XIII aumentó el número de personajes con la figura de José y algunos sacerdotes. A partir del siglo XIV aparecen esporádicamente representaciones que muestran la escena como un acto de crueldad: el ministro tiene cara feroz y los padres de Jesús están atemorizados, con características antisemitas propias de la época.


Ahora bien, el Santo Prepucio (en latín Sanctum Præputium) es considerado como una reliquia asociada directamente con Jesús, ya que sería uno de los pocos restos físicos que Jesús dejó en la tierra. En el calendario romano general, el día 1 de enero se celebraba la festividad de la Circuncisión de Cristo hasta la reforma del Calendario en 1960 por el papa Juan XXIII, que dio a la celebración litúrgica el nombre de Octava de Navidad. En la actualidad se celebra como Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Cabe destacar que, en varios momentos de la historia, diferentes iglesias de Europa aseguraron tenerlo en su poder, en ocasiones simultáneamente. 


Calcata, pueblo medieval en la región de Lazio, en Italia, fue la última población que afirmó haber tenido tal reliquia, lo justificaba con la siguiente historia: siete siglos más tarde después de este primer cambio de manos, la reliquia llegó a San Gregorio Magno de manos de un ángel. El papa León III lo regaló a Carlomagno la noche de navidad del año 800, cuando éste fue coronado como emperador del Sacro Imperio Romano. La reliquia debió de permanecer en la iglesia de San Juan de Letrán de Roma durante otros siete siglos, hasta el saqueo de Roma de los lansquenetes. Su rastro desaparece de las crónicas hasta aparecer en un establo de la propia Calcata, donde un soldado lansquenete hecho prisionero había logrado ocultarla durante siglos.


La abadía de Charroux, situada en Vienne, Francia, reivindicó poseer el Santo Prepucio durante la Edad Media. Se dijo que había sido regalado a los monjes por Carlomagno, del que a su vez se dice que aseguró que un ángel se lo había traído, aunque existe otra versión según la cual el Santo Prepucio fue un regalo de boda de Irene, emperatriz de Bizancio. A principios del siglo XII, se llevó en procesión a Roma, donde le fue presentado al Papa Inocencio III, al que se le pidió que asegurase su autenticidad. El Papa rechazó la propuesta. En algún momento indeterminado la reliquia se perdió y permaneció perdida hasta el año 1856, cuando un obrero que efectuaba labores de mantenimiento en la abadía aseguró haber encontrado un relicario oculto dentro de una pared, que contenía el prepucio perdido.


La abadía de Coulombs, en la diócesis de Chartres, na circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en Francia, también reivindicó en la Edad Media estar en poder del Santo Prepucio. Una leyenda dice que cuando Catalina de ValoisCatalina de Francia, reina consorte de Inglaterra, quedó embarazada en 1421, su marido, Enrique V de Inglaterra, mandó a buscar el Santo Prepucio. De acuerdo con esta leyenda, la reliquia funcionó tan bien que Enrique V no quiso devolverla tras el nacimiento del niño, que sería más tarde Enrique VI de Inglaterra. Es posible que se dirigiesen a Amberes, ciudad que conservaba una de estas reliquias mejor consideradas desde el 1100, supuestamente desde que el rey Balduino I de Jerusalén lo hubiese adquirido durante una Cruzada. Falso o no, en 1426 se constituyó en esta ciudad una hermandad destinada a la protección de la reliquia, y compuesta por 24 ilustres prelados y personalidades locales.


Por ello, se comenzó a formar un gran culto que creía en el Santo Prepucio pero, en el año 1900, gracias a un decreto, dicho culto fue derogado,​ aunque el 15 de mayo de 1954 se reunió una comisión que proponía recuperar el estatus anterior. La propuesta fue rechazada, aunque ocasionalmente la fe popular continuaría la tradición independientemente de las disposiciones de la Santa Sede: El pueblo italiano de Calcata destacó por celebrar hasta 1983 una procesión con el relicario que contenía el presunto Santo Prepucio, con ocasión de la Festividad de la Circuncisión, reconocida oficialmente por la Iglesia católica y celebrada el 1 de enero de cada año. Esta práctica acabó cuando el relicario (que tenía joyas incrustadas) fue robado.​ Tras este robo es incierto si alguno de los presuntos Santos Prepucios todavía existe.


Se ha producido disputas teológicas sobre si Jesús ascendió al Cielo con su cuerpo completo o si le faltaba alguna parte, que se resolvió decidiendo que el prepucio era prescindible, como lo eran el cabello y las uñas que se cortó durante su vida, así como la sangre que vertió. Otra cuestión teológica relacionada fue si el prepucio volvió a su cuerpo en la resurrección. El acto de la circuncisión era un rito que tenía un profundo significado para el pueblo judío, pues representaba su entrada en la comunidad. El Nuevo Testamento contiene extensas discusiones acerca de si la circuncisión era necesaria para la conversión de los gentiles, y concluye que no lo es; la razón argumentada fue que la crucifixión de Jesús estableció un nuevo trato con los cristianos en el que el rito de la circuncisión ya no era necesario.


En la actualidad, el cristianismo católico terminó rechazando oficialmente la veneración de esta reliquia en el siglo XX, considerándola solo un mito, apoyándose en numerosas citas del Antiguo Testamento, subrayando el carácter espiritual de la práctica por encima de su significado ritual. El Nuevo Testamento también contiene alusiones que insisten en el sentido espiritual de la práctica, por lo que es razonable suponer que independientemente del típico y variado folclore desarrollado en torno al tema, el valor alegórico de la reliquia se sigue de una interpretación metafísica de la historia, relacionada con una histórica tradición judía y con el simbolismo del misticismo católico barroco, que trasciende el pintoresco detalle con que se puede confundir el lector poco avisado.


Pero, ¿Por qué el Santo Prepucio ha causado tanta polémica? ¿Por qué es tan importante y por qué la Iglesia rechaza la leyenda? Pues resulta que la tan adorada reliquia de Jesús se le han atribuido varios milagros. Desde hace muchos siglos, se decía que quienes veneraban la reliquia podían sanar de enfermedades graves, razón por la que se formó el culto de devoción. Algunos fieles creían que rezarle al prepucio ofrecía defensa contra guerras o calamidades. En la mentalidad medieval, tener contacto con una parte física del cuerpo de Cristo aseguraba bendiciones, salvación espiritual y gracia divina, ya que como bien se mencionó, era uno de los pocos restos físicos que Jesús dejó en la tierra.

domingo, 14 de diciembre de 2025

La higiene de la Edad Media y el infame desastre de las Letrinas de Erfurt

La Edad Media era sucia, pero a medias. Hay registros que indican que los baños con agua eran poco frecuentes, que el hedor era terrible en algunas zonas y la gente solía tener mugre en la piel. Era un escenario gris, húmedo y lleno de enfermedades. Había suciedad, si, pero la historia es más compleja y polémica, ya que es un tema lleno de contradicciones, creencias curiosas y costumbres que hoy en día nos parecería fuera de lugar, pero en esa época, tenían su lógica. 

Antes de adentrarnos en el tema, hablemos de higiene de la época... En los primeros siglos medievales, bañarse era común. Había baños públicos en muchas ciudades europeas, pero con el tiempo, la Iglesia empezó a ver estos espacios como lugares de "tentación", y su popularidad bajó. También existía la idea de que el agua caliente abría los poros y dejaba entrar enfermedades, así que muchos preferían evitarla. El resultado fue una mezcla rara: algunos se bañaban cuando podían, otros lo hacían muy poco, y otros solo se lavaban por partes. Algo curioso es que, aunque no se bañaran con frecuencia, sí cambiaban la ropa interior más seguido de lo que pensamos. Para ellos, ponerse ropa limpia equivalía a "mantenerse limpios". Para su lógica, si la ropa absorbía el sudor y la suciedad, cambiarla era una forma de higiene. No era perfecto, pero era lo que tenían.

En el caso del hedor, hay que mencionar que la Edad Media olía fuerte. Imaginemos por un instante como era el medio: calles llenas de basura, animales domésticos y no domésticos dentro de hogares o muy cerca de las casas, los sistemas de alcantarillado estaban a la vista y los perfumes se usaban para disimular olores, más no para "oler bien". Así pues, la vida cotidiana estaba rodeada de aromas intensos, y la gente estaba acostumbrada ya a ellos. Lo que hoy nos parecería insoportable, para ellos era parte de lo habitual. 

Uno de los puntos más interesantes es que la higiene no era solo un tema práctico, sino moral. Es decir, gracias a la Iglesia, el hecho de bañarse seguido era visto como vanidad, los baños públicos luego fueron asociados con comportamientos poco apropiados y la suciedad, en algunos casos, se interpretaba como humildad o devoción. Esto creó un choque entre lo que era saludable y lo que se consideraba correcto. Y esa tensión marcó muchas decisiones de la época. En el caso del cuidado dental, era particularmente especial. Los intentos de limpieza era el uso de paños para limpiar los dientes al frotarlos, tambien se solía masticar hierbas aromáticas o el uso de recetas caseras para el blanqueo de los dientes, aunque algunas de ellas eran abrasivas.

Dentro de la misma Edad Media, había enormes diferencias entre regiones, clases sociales y creencias. La polémica surge porque solemos mirar el pasado con ojos modernos. Pero para entender la higiene medieval, hay que verla desde su propio contexto. La Edad Media fue un periodo lleno de cambios, miedos, creencias y costumbres que hoy nos parecen raras, pero que en su momento tenían sentido. Hablar de higiene medieval es hablar de cultura, de religión, de ciencia y de supervivencia. Y aunque nos cause curiosidad, o incluso un poco de asco, también nos recuerda algo importante: la forma en que entendemos la limpieza es cultural, no natural.

Ahora bien, con ese conocimiento y perspectiva de la época que nos sirve de introducción, nos adentramos de lleno en la publicación. Como bien se dijo, la Edad Media fue sucia, a medias, pero lo que ocurrió en Erfurt, ciudad de Alemania, en julio del año 1184, supera cualquier ficción y todo límite de suciedad. El rey Enrique VI (hijo de Federico I Barbarroja y Beatriz, Condesa de Borgoña), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (nacido en la ciudad de Nimega, en Paises Bajos, en noviembre de 1165- fallecido en la ciudad de Mesina, en Silicia, el 28 de septiembre de 1197), rey de Alemania desde 1190 hasta 1197 y emperador de 1191 a 1197, además de rey de Sicilia de 1194 a 1197 por su matrimonio con Constanza I de Sicilia, convocó una reunión (Hoftag) para resolver disputas territoriales y traer la paz en la Iglesia de San Pedro (Peterskirche). A la asamblea asistieron nobles, condes y príncipes, para establecer lazos y acuerdos de armonía, tanto para los poblados como para el propio país. El lugar de encuentro sería en la corte real, en el segundo piso del monasterio.

Habían tantas personas presentes que el suelo de madera del segundo piso no aguantó el peso y cedió. Después que las vigas crujieron, el suelo colapso y los presentes cayeron, rompiendo incluso el suelo del primer piso. Los sesenta hombres fueron a caer, pero no en el sótano de la Iglesia, sino dentro del pozo negro, la enorme fosa séptica del monasterio, que estaba justo debajo de todo. Los poderosos sesenta hombres, representantes del Sacro Imperio Romano Germánico murieron ese día. 

Algunos por heridas graves por la caída de vigas y piedras, pero la mayoría por ahogamiento en excremento líquido. Solo hubieron tres sobrevivientes, entre los que se encontraba el propio rey, que sobrevivió solo porque estaba sentado en el alféizar de una ventana de piedra. Además del arzobispo Conrado de Maguncia, y el landgrave (conde de una tierra) Luis de Turingia.