lunes, 16 de septiembre de 2019

Rosarito Sánchez - La Niña Caníbal del Metro de México

El Metro de la Ciudad de México es un sistema de transporte público tipo tren metropolitano que sirve a extensas áreas de la Ciudad de México. Su operación y explotación está a cargo del organismo público descentralizado denominado Sistema de Transporte Colectivo (STC),​ y su construcción está a cargo de la Secretaría de Obras y Servicios del Distrito Federal. El metro cuenta con 12 líneas, cada una con un número o letra y color distintivo, y la longitud total de la red es de 226.49 km. con 195 estaciones. 


El sistema tiene aproximadamente 3.333 vagones con una capacidad estándar de 1.530 personas por tren; 15.239 empleados directos; 1.685 viajes anuales por pasajero; 859.59 millones de kWh en consumo de energía y 114.03 millones de kilómetros por vagón al año. El metro está construido de forma subterránea (115 estaciones), superficial (54 estaciones) y viaducto elevado (26 estaciones). 184 estaciones se encuentran en la Ciudad de México y 11 en el Estado de México.


Tacubaya es una de sus estaciones y corresponde a la línea 1 (inaugurada el 20 de noviembre de 1970), la línea 7 (inaugurada el 22 de agosto de 1985) y la línea 9 (inaugurada el 29 de agosto de 1988). Se ubica al poniente de la capital, en la alcaldía Miguel Hidalgo. Tacubaya en náhuatl (una macrolengua de la lengua amerindia yuto-nahua) significa lugar donde se junta el agua y hace referencia a Atlacohuayan, pueblo prehispánico fundado por la zona donde se encuentra la estación.


En la línea 1 de la estación, el 7 de septiembre de 1972, exactamente en la denominada hora pico, en donde se producen más congestiones, se cuenta que una madre iba con su hija como transportistas de dicho transporte público cuando, entre la cantidad de gente, la madre soltó a la niña y ésta se perdió. La madre, una humilde empleada doméstica de la colonia Jardín Balbuena, sumida en llanto y desesperación, recurrió de inmediato al persona del metro pero no pudieron encontrarla. 


Los civiles se aglomeraron y prestaron su apoyo para buscar, llegando luego los policías, quienes buscaron en áreas cercanas sin obtener resultados. Puede que haya tenido que ver que, antes de su desaparición, la madre le dijo a su hija que de no portarse bien, la iba a abandonar en la estación y que tendría que comer de lo que encontrara.


La pequeña Rosario Sánchez Sierra de ocho años de edad, no bajón del vagón y éste la llevó a los túneles de Tacubaya, hacia los garajes de resguardo de los trenes donde, al ser la línea 1, contaba con varios espacios que serían conexión para las futuras líneas que se construirían. Mientras el tren cumplía su tiempo para regresar a servicio, la niña bajo de él, teniendo el cuidado correspondiente, tal como le decía su madre sobre la gran cantidad de corriente que recorrían los rieles. Los ruidos en la oscuridad la llenaron de horror, internándose cada vez más dentro de la jaula de concreto. Las horas fueron pasando y el calor y el hambre se hicieron presentes. La niña se llenaba de odio y de repulsión, rechazando a la humanidad, culpando a su madre de su desdicha y abandono.


La niña estuvo dos días sin comer. Desesperada, pudo alcanzar una rata de las alcantarillas y, tomando una piedra, la destazó con el filo. Con gran apetito, devoró la rata, que calmó su apetito por unas horas. Al estar tan alejada de las vías, perdió la noción del tiempo y no sabía que hora y día eran. Por los túneles que transitaba no pasó un solo tren, ya que se había alejado de las vías al transitar por los diversos espacios que se hicieron para futuras líneas. Rosarito solo se guiaba por la poca luz del entorno, tocando las paredes de los túneles para caminar y tratar de buscar algo de comida y agua.


En el transcurso del sexto día, justo cuando pensaba en morir de hambre, escuchó a escasos metros algo pesado caer acompañado de un grito de dolor que solo duro unos pocos segundos. El miedo la invadió y luego, al retomar valentía, se aproximó. Las ratas se encontraban alrededor de un bulto con la intención de devorarlo. La niña se dio cuenta de que el bulto era una persona. Al parecer, una persona en situación de calle había abierto una alcantarilla para pasar la noche pero no midió la profundidad y cayó directo al pavimento. Había muerto por las múltiples fracturas y heridas, especialmente la de la vena orta de su pierna que quedo expuesta, dejando ver el hueso y su carne. Rosario se acercó y su primer impulso, motivado por el hambre fue comer también, y así lo hizo. Para no morir de hambre, la niña se alimentó junto con las ratas del cadáver, bebiendo también la sangre para no morir de sed. La carne cruda y amarga, junto con la viscosa sangre la habían salvado de una muerte temprana.


Los días fueron pasando y la niña fue considerada extraviada, hasta el punto en que el caso quedó en el descuido. Un policía de investigación judicial escuchó sobre el caso y lo reabrió, dándole seguimiento. Al investigar más a fondo, se aproximó varios días al lugar de los hechos, en donde recogió testimonios de algunos indigentes que informaron que una de las noches anteriores, habían visto a una niña de 10 años quizás, subir al drenaje del metro y tirar del cuerpo de un indigente que había muerto producto de un fuerte impacto al golpearse contra el suelo. La niña tenía un comportamiento extraño ya que no caminaba recta como cualquiera, sino que se arrastraba por el piso como un roedor.


Esa fue la segunda víctima que devoró. La niña Rosarito se había adaptado a la oscuridad y humedad de los túneles del metro, de donde por gusto propio, no quiso salir más. Había encontrado el modo de sobrevivir allá abajo comiendo de lo que encontraba, tal como le había dicho su madre cuando le dijo que la abandonaría.


Hay reportes policiales sobre el testimonio de un hombre que una noche fue echado de su casa por parte de su esposa por una posible infidelidad, que se durmió en el piso de la calle cerca del drenaje del metro y en medio de la noche, recibió un mordisco profundo en la espalda. Al darse vuelta con rapidez, se dio cuenta de que se trabaja de una niña que se movió ágilmente por la acera, con movimientos similares a una rata y se refugió en el drenaje. Este dato fue de gran importancia para el policía de investigación judicial, el cual comenzó a armar su rompecabezas. El hombre solicitó al departamento del Distrito Federal un recorrido por los túneles de esa área y les manifestó la razón. Esa misma noche hubo una nueva desaparición. Con una persona lesionada por un mordisco y tres personas desaparecidas y presumiblemente muertas por los testimonios recibidos, el permiso fue otorgado.


Después de cuatro horas de recorrido por los túneles, la policía y personal de vigilancia del metro encontraron restos de ropas y calzados, los recogieron para investigaciones y siguieron adentrándose. Metros adelante encontraron restos humados carcomidos de uno de los desaparecidos, de inmediato pensaron que las ratas habían producido aquella nefasta vista, nunca llegaron a imaginar que se encontrarían con uno de los casos más difíciles de creer. Al encontrarse casi al final del túnel de Tacubaya, alumbraron con las lámparas hacia los espacios más oscuros y, en uno de los rincones, se encontraba una niña de aspecto descuidado y sucio, de cabello largo y mugroso que estaba devorando con gran facilidad los restos de piel de un pie humano. Al sentirse acechada, Rosarito trató de huir por los túneles pero el persona del metro se encontraba desplegado y lograron capturarla.


Ese mismo día, 22 de septiembre de 1972, la niña fue "rescatada de su encierro". Por tratarse de una menor de edad, fue ingresada en el instituto mexicano de investigación psiquiátrica del departamento del distrito federal hoy Ciudad de México, un hospital de enfermedades mentales para tratar su desorden psicológico. Pronto su madre, Rosario Sierra Martínez,  fue puesta en aviso y de acercó al lugar para ver a su hija pero su reacción fue de horror y miedo al ver el estado de su hija. La que una vez fue su hija, una alegre y traviesa niña, se había convertido en un engendro malévolo que se movía como un roedor de quien se le acusaba la desaparición y posterior muerte de tres indigentes. Constantemente era visitada por su madre, quien no sabía si prefería verla muerta ya que su condición de locura y daño físico parecía irreversible.


Ella siempre recordó todo lo ocurrido en esos días oscuros que la trastornaron. Expresaba su experiencia con lujo de detalles, indicando que le había agarrado afecto a las ratas y que llegaron a aceptarla como una más o como utilizaba sus dientes para despellejar la piel de partes del cuerpo humano. No era agradable escucharla manifestar además su odio y resentimiento contra todos, enfatizando que su madre la había perdido y olvidado allí abajo.


En la década de los 80', una de las enfermeras murió en extrañas circunstancias, una situación perturbadora que terminaron relacionándola con Rosario. Su fama hizo que los doctores le tuviera miedo a partir de ese momento. Su madre falleció a principios del año 1997 y nada pudo hacer por su hija. Rosario paso su vida en en ese centro psiquiátrico recibiendo tratamiento pero sin ningún avance aparente. 


Rosario murió a los 46 años de edad a finales del año 2010 mientras dormía. Jamás logró recuperar la cordura ni la razón. Tuvo un funeral triste y simple en donde nadie lloró. Su caso es uno de los más controversiales que fue quedando en el olvido con el paso del tiempo. El Terror de las Alcantarillas o La Niña Caníbal son los apodos que se le dieron a Rosario Sánchez, una niña que tuvo la infancia más cruda y cruel de esos tiempos y, un caso que quedó guardado en la historia de la que es ahora la gran ciudad de México.


"No morí de hambre esos días porque llegué a comer ratas y carne humana... Su sabor es agradable.. La sangre ayudó a que no me deshidratara... Me dio fuerza para seguir... Fue duro pero el hambre me llevó a hacer eso.... Pero yo no mate a esos hombres, ellos ya habían muerto cuando me los comí..."

Rosario Sánchez (1984)

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