viernes, 29 de diciembre de 2017

Annone - El elefante del Vaticano

Annone es el nombre del elefante del Vaticano. Fue encontrado en el año 1962 en el patio de Belvedere, un espacio encima de la colonia del Palacio Apostólico, durante la instalación de un sistema de climatización en el Vaticano. Al remover la tierra, se encontró una mandíbula gigante, cuatro enormes piezas dentales, huesos de gran tamaño. Se pensó inicialmente que se trataba de un esqueleto de dinosaurio, pero el encargado de la Biblioteca Vaticana hizo una aclaración en la situación, era el esqueleto de un mamífero. Un elefante.


Silvio Bedini, el historiador emérito del Smithsonian Institute, investigo en la década de los 90 y publicó sus resultados en el año 1997 en un trabajo titulado "El elefante del Papa". Aquellos restos encontrados eran de Annone, un paquidermo albino que perteneció al papa León X, papa 217° de la Iglesia Católica desde el año 1513 a 1521.


Bedini incluye en su trabajo otros datos importantes, como que Annone es el equivalente español de Hannón, uno de los líderes de la antigua Cartago, enemigo político de los Barca -Amílcar y Aníbal- al preferir expandirse por el norte de África en vez de enfrentarse a Roma en la primera y segunda guerras púnicas que acabaron en derrota. 


El elefante había llegado a Roma en el invierno del año 1512, causando sensación porque era el primero de su especie que pisaba la ciudad. No era un paquidermo muy grande, ya que se trataba de un ejemplar traído desde La India, donde la especie es más pequeña que la africana. Portugal controlaba entonces varias ciudades en ese subcontinente y ya habían traído numerosos animales exóticos a la casa de fieras de Lisboa. Annone fue un regalo fue un regalo del Rey Manuel I (Rey de Portugal) a Giovanni di Lorenzo de Medici, que subió al trono de San Pedro con el nombre de León X. Ambos habían acordado una alianza estratégica para potenciar la ruta marítima de las especias que mantenían los portugueses, ante la inestable situación de la franja sirio-palestina. El Rey Manuel I lo recibió como regalo de parte del Rey de Kochi, un estado indio de Kerala, en asociación con el virrey de la India, Afonso de Albuquerque.


Así que el pontífice bendijo el expansionismo luso, recibiendo a cambio una oleada de regalos en forma de oro, joyas, brocados -tejidos de lujo de seda y oro- y Annone, que tras su largo viaje por mar desembarcó en el puerto de Hércules (Port Hercule) el único puerto en aguas profundas en Monaco, y realizó el trayecto a Roma andando, seguido de una multitud de curiosos. Un centenar de kilómetros durante los cuales se vivió emoción, asombro y fascinación. Al entrar por fin en la Ciudad Eterna, debidamente engalanado, se le presentó al Papa: sus cuidadores le hicieron arrodillar sus patas delanteras y bajar la cabeza para luego barritar potentemente tres veces. El magnífico espectáculo pudo no haber terminado bien porque, a continuación, el elefante llenó su trompa de agua en una fuente cercana y regó a todos los presentes, incluido León X. Por suerte, éste no se lo tomó a mal.


El Sumo Pontífice se mostró entusiasmado con exótico animal, tal como muestran las cartas que escribía al Rey Manuel I, y mandó trasladarlo del aquel entonces huerto de Belvedere, a un alojamiento ex profeso construido entre la Basílica de San Pedro y el Palacio Apostólico, permitiendo que el pueblo entrara a visitarlo los fines de semana. A veces incluso lo sacaba de paseo por las calles romanas, algo que ocasionalmente resultaba conflictivo, como una vez que se asustó al momento de un cañonazo y en su intento de huir hirió a algunos espectadores, o cuando en un desfile también se asustó por el estruendo de trompetas y tambores, derribando a un famoso poeta que llevaba encima.


Lamentablemente, el invierno europeo no le sentó bien. Pronto comenzó a tener problemas respiratorios, dolores articulares y estreñimiento por una alimentación inadecuada. El tratamiento médico, a base de un supositorio con alto contenido en oro según la costumbre de la época, fue fatal. Tenía cuatro años cuando llegó y sólo había podido sobrevivir otros tres, muriendo en en año 1516. Dicha muerte fue profetizada por un monje  que solían azotar por sus continuos discursos en donde manifestaba sus profecías. Dicho monje tenía miles de devotos fanáticos por sus profecías certeras.


El Papa León X lamentó mucho el fallecimiento de su mascota y escribió un epitafio en su honor, que dice:

Bajo esta gran colina yazco enterrado
Poderoso elefante que el Rey Manuel
Habiendo conquistado el Oriente
Envió cautivo al Papa León X
Donde al pueblo romano maravilló,
Una bestia no vista en largo tiempo.
En mi vasto pecho percibieron sentimientos humanos.
El Destino me envió a mi residencia en la bendita Latium
Y no tuvo la pacienia de dejarme servir a mi señor tres años completos.
Pero deseo, oh dioses, que el tiempo que la Naturaleza me asignó,
y el Destino me arrebató
Lo añadáis a la vida del gran León.

He vivido siete años
He muerto de angina
He medido doce palmos de altura
Giovanni Battista Branconio dell'Aquila
Chamberlán privado del Papa
Y preboste de la custodia del elefante,
Ha erigido esto en 1516, el 8 de junio,
En el cuarto año del pontificado de León X.

Lo que la Naturaleza ha arrebatado
Rafael de Urbino con su arte ha restaurado.

Además, le encargó una pintura al arquitecto y pintor italiano Rafael Sanzio de Urbino. Esa afección desató la burla de sus críticos, como la del escritor, poeta y dramaturgo italiano Pietro Aretino, quien publicó una obra satírica titulada "El testamento del elefante Annone", en la que proponía sarcásticamente que se conservarían los restos del animal en plan reliquias sagradas. El animal fue enterrado en ese espacio de Beldeverde.


Como dato curioso, el paquidermo no fue el único animal exótico que vivió en Roma en el siglo XVI, puesto que Portugal, dos año antes de traer al elefante, envió un rinoceronte indio. Procedía de la casa de fieras de Lisboa y tenía entrenamiento en arena para enfrentarse a elefantes, pero mayormente su sola presencia amenazante le ayudaba a ganar sin combatir. El barco que lo trasladaba a Italia se hundió y el animal se ahogó porque iba atado con una cadena a la cubierta. El cadáver se rescató por órdenes del Papa León X y luego fue exhibido en el museo de Florencia.

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