domingo, 28 de diciembre de 2025

El Dios de Baruch de Spinoza

Queridos Lectores, con esta publicación, se cierra el ciclo del año 2025. Un año que nos regaló aprendizajes, desafíos, experiencas e instantes que quedarán en la memoria. Cada encuentro en este humilde espacio es un recordatorio que nuestra curiosidad e interés por aprender es insaciable, y que las palabras pueden unirnos, acompañarnos y sembrar esperanza, ansiedad, impacto y asombro en medio de la rutina. Faltan aún unos pocos días para Fin de año, pero quiero extenderles un deseo sincero: que la salud, el bienestar y el progreso sean compañeros constantes en sus caminos, y que el Nuevo Año 2026 llegue cargado de bendiciones para ustedes y sus seres queridos. Que cada día del año que comienza sea una oportunidad para crecer, para celebrar lo vivido y para abrazar lo que vendrá con ilusión renovada. P.D.: La primera publicación del mes de Enero de 2026, se publicará el día Domingo 18.


OJO: El presente texto puede ser recibido como un llamado a la reflexión universal: para los creyentes, una invitación a profundizar en la idea de Dios más allá de lo personal y lo dogmático; para los no creyentes, una oportunidad de encontrar sentido y espiritualidad en la naturaleza y en la razón. En ambos casos, transmite una visión de unidad, armonía y contemplación que puede enriquecer la manera en que entendemos nuestra existencia y nuestro lugar en el cosmos.


Baruch Spinoza, nacido en Ámsterdam, capital de Países Bajos, el 24 de noviembre de 1632 y fallecido en La Haya, ciudad de Países Bajos, el 21 de febrero de 1677, fue un filósofo neerlandés de origen sefardí (parte del pueblo judio). Fue uno de los principales pensadores de la Ilustración,​ de la crítica bíblica moderna y del racionalismo del siglo XVII, incluyendo concepciones modernas del ser y del universo. También es considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII y uno de los filósofos más importantes de principios de la Edad Moderna. Inspirado por el estoicismo, el racionalismo judío, la obra de Maquiavelo, Hobbes, Descartes y diversos pensadores religiosos heterodoxos de su época, Spinoza se convirtió en una de las principales figuras filosóficas del Siglo de Oro neerlandés.


En el caso del tema central de la publicación, algunos han sugerido una interpretación panteísta de la filosofía de Spinoza, al sostener que existe una identificación entre la única realidad (sustancia) y Dios o Naturaleza (panteísmo). En esta interpretación, la realidad es eterna, infinita y perfecta, pero muy distinta del dios personal del teísmo clásico, y todas las cosas en el universo son simples modos de Dios, por ello, todo lo que existe tiende a perseverar en su ser, en el caso del ser humano se manifiesta como el deseo de vivir según el dictamen de su razón. Se ha sugerido también una interpretación panenteísta de su filosofía, ya que según el filósofo holandés, todo existe en Dios y el Ser supremo no se fusiona ni con el mundo ni con la totalidad de sus manifestaciones. Spinoza mantiene la distinción de Dios como principio del ser y de la vida irreductible a cualquier entidad particular y el conjunto de modos infinitos y finitos.


Eso quiere decir que el Dios expresado por Baruch Spinoza, es una única sustancia infinita, eterna y autocausada de la que todo lo existente forma parte, sin ser un ser personal externo, sino la realidad inseparable de sí misma, que se expresa a través de sus infinitos atributos y modos, como el pensamiento y la extensión. Su Dios no interviene en los asuntos humanos ni premia ni castiga, sino que es la perfección inherente a todo lo que es, y conocerlo implica comprender la razón y las leyes de la naturaleza, no la fe ciega. 


De la manera más simplificada, adorar al Dios de Baruch Spinoza es apreciar la belleza y la complejidad del universo y de la propia existencia, viviendo en armonía con las leyes naturales que son, en sí mismas, divinas. Él hubiera dicho lo siguiente:

¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho!
Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa! 
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

¡Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo!

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu pequeño hijo...

¡No vas a encontrarme en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, no te crítico, no me enojo, no me molesto, no castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?

¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que solo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó? ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

Deja de creer en mí de la misma manera. Creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí así, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tus hijos, cuando acaricias a tu mascota cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?... 

¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que disfrutes de este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti.

domingo, 21 de diciembre de 2025

La circuncisión de Jesús y el Santo Prepucio

El nacimiento de Jesús, que en apenas cuatro días volveremos a celebrar con alegría, no solo marca el inicio de su vida en la tierra, sino también abre la puerta a tradiciones y costumbres que nos revelan mucho sobre su tiempo y su cultura. Uno de esos momentos, quizá menos comentado pero lleno de significado, es la circuncisión de Jesús. Este acto, realizado según la ley judía, nos recuerda que el Niño Dios no vino aislado de la historia, sino que se insertó plenamente en ella, compartiendo las prácticas de su pueblo.


Circuncisión de Jesús es la denominación de un episodio evangélico (Lucas 2, 21)​ y un tema iconográfico relativamente frecuente en el arte cristiano. Trata de la circuncisión que se efectuó a Jesucristo. La circuncisión es la ablación ritual del prepucio (el de Cristo se denomina Santo Prepucio, y es una de las reliquias cristianas más preciadas). La ley mosaica, por mandato divino, prescribe: Serán circuncidados a los ocho días de nacer todos vuestros varones de cada generación.​ El evangelista Lucas cuenta cómo se cumplió esta ley a los ocho días del nacimiento de Jesús; en un acto en que también le pusieron por nombre Jesús, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuera concebido (en referencia al episodio de la anunciación).


De entre los evangelios canónicos sólo Lucas lo refiere.​ Los evangelios apócrifos son mucho más pródigos en información en este sentido. Así pues, Lucas especifica el sacrificio realizado como pago de la ceremonia, y en el Evangelio árabe de la infancia, un evangelio apócrifo muy tardío, se narra cómo tras la circuncisión de Jesús, la matrona de María guardó el prepucio en una jarra de alabastro llena de nardos, un conservante, y se la dio a su hijo, perfumista de profesión pidiéndole que guardase bien la jarra y no la vendiese aunque le ofrecieran trescientos denarios.​ El Evangelio armenio de la infancia ofrece otra versión, según la cual el niño sangró durante la operación, pero sin que se produjese corte alguno.


Las representaciones de la circuncisión de Cristo aparecen en el arte hacia finales del siglo X. Suelen formar parte de una secuencia de episodios del ciclo de la vida de María o del ciclo de la vida de Cristo. Es muy común verlo en retablos. Generalmente se muestran tres personajes: María, Jesús y el ministro o mohel que realiza la operación con un instrumento cortante especial. En el siglo XIII aumentó el número de personajes con la figura de José y algunos sacerdotes. A partir del siglo XIV aparecen esporádicamente representaciones que muestran la escena como un acto de crueldad: el ministro tiene cara feroz y los padres de Jesús están atemorizados, con características antisemitas propias de la época.


Ahora bien, el Santo Prepucio (en latín Sanctum Præputium) es considerado como una reliquia asociada directamente con Jesús, ya que sería uno de los pocos restos físicos que Jesús dejó en la tierra. En el calendario romano general, el día 1 de enero se celebraba la festividad de la Circuncisión de Cristo hasta la reforma del Calendario en 1960 por el papa Juan XXIII, que dio a la celebración litúrgica el nombre de Octava de Navidad. En la actualidad se celebra como Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Cabe destacar que, en varios momentos de la historia, diferentes iglesias de Europa aseguraron tenerlo en su poder, en ocasiones simultáneamente. 


Calcata, pueblo medieval en la región de Lazio, en Italia, fue la última población que afirmó haber tenido tal reliquia, lo justificaba con la siguiente historia: siete siglos más tarde después de este primer cambio de manos, la reliquia llegó a San Gregorio Magno de manos de un ángel. El papa León III lo regaló a Carlomagno la noche de navidad del año 800, cuando éste fue coronado como emperador del Sacro Imperio Romano. La reliquia debió de permanecer en la iglesia de San Juan de Letrán de Roma durante otros siete siglos, hasta el saqueo de Roma de los lansquenetes. Su rastro desaparece de las crónicas hasta aparecer en un establo de la propia Calcata, donde un soldado lansquenete hecho prisionero había logrado ocultarla durante siglos.


La abadía de Charroux, situada en Vienne, Francia, reivindicó poseer el Santo Prepucio durante la Edad Media. Se dijo que había sido regalado a los monjes por Carlomagno, del que a su vez se dice que aseguró que un ángel se lo había traído, aunque existe otra versión según la cual el Santo Prepucio fue un regalo de boda de Irene, emperatriz de Bizancio. A principios del siglo XII, se llevó en procesión a Roma, donde le fue presentado al Papa Inocencio III, al que se le pidió que asegurase su autenticidad. El Papa rechazó la propuesta. En algún momento indeterminado la reliquia se perdió y permaneció perdida hasta el año 1856, cuando un obrero que efectuaba labores de mantenimiento en la abadía aseguró haber encontrado un relicario oculto dentro de una pared, que contenía el prepucio perdido.


La abadía de Coulombs, en la diócesis de Chartres, na circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en Francia, también reivindicó en la Edad Media estar en poder del Santo Prepucio. Una leyenda dice que cuando Catalina de ValoisCatalina de Francia, reina consorte de Inglaterra, quedó embarazada en 1421, su marido, Enrique V de Inglaterra, mandó a buscar el Santo Prepucio. De acuerdo con esta leyenda, la reliquia funcionó tan bien que Enrique V no quiso devolverla tras el nacimiento del niño, que sería más tarde Enrique VI de Inglaterra. Es posible que se dirigiesen a Amberes, ciudad que conservaba una de estas reliquias mejor consideradas desde el 1100, supuestamente desde que el rey Balduino I de Jerusalén lo hubiese adquirido durante una Cruzada. Falso o no, en 1426 se constituyó en esta ciudad una hermandad destinada a la protección de la reliquia, y compuesta por 24 ilustres prelados y personalidades locales.


Por ello, se comenzó a formar un gran culto que creía en el Santo Prepucio pero, en el año 1900, gracias a un decreto, dicho culto fue derogado,​ aunque el 15 de mayo de 1954 se reunió una comisión que proponía recuperar el estatus anterior. La propuesta fue rechazada, aunque ocasionalmente la fe popular continuaría la tradición independientemente de las disposiciones de la Santa Sede: El pueblo italiano de Calcata destacó por celebrar hasta 1983 una procesión con el relicario que contenía el presunto Santo Prepucio, con ocasión de la Festividad de la Circuncisión, reconocida oficialmente por la Iglesia católica y celebrada el 1 de enero de cada año. Esta práctica acabó cuando el relicario (que tenía joyas incrustadas) fue robado.​ Tras este robo es incierto si alguno de los presuntos Santos Prepucios todavía existe.


Se ha producido disputas teológicas sobre si Jesús ascendió al Cielo con su cuerpo completo o si le faltaba alguna parte, que se resolvió decidiendo que el prepucio era prescindible, como lo eran el cabello y las uñas que se cortó durante su vida, así como la sangre que vertió. Otra cuestión teológica relacionada fue si el prepucio volvió a su cuerpo en la resurrección. El acto de la circuncisión era un rito que tenía un profundo significado para el pueblo judío, pues representaba su entrada en la comunidad. El Nuevo Testamento contiene extensas discusiones acerca de si la circuncisión era necesaria para la conversión de los gentiles, y concluye que no lo es; la razón argumentada fue que la crucifixión de Jesús estableció un nuevo trato con los cristianos en el que el rito de la circuncisión ya no era necesario.


En la actualidad, el cristianismo católico terminó rechazando oficialmente la veneración de esta reliquia en el siglo XX, considerándola solo un mito, apoyándose en numerosas citas del Antiguo Testamento, subrayando el carácter espiritual de la práctica por encima de su significado ritual. El Nuevo Testamento también contiene alusiones que insisten en el sentido espiritual de la práctica, por lo que es razonable suponer que independientemente del típico y variado folclore desarrollado en torno al tema, el valor alegórico de la reliquia se sigue de una interpretación metafísica de la historia, relacionada con una histórica tradición judía y con el simbolismo del misticismo católico barroco, que trasciende el pintoresco detalle con que se puede confundir el lector poco avisado.


Pero, ¿Por qué el Santo Prepucio ha causado tanta polémica? ¿Por qué es tan importante y por qué la Iglesia rechaza la leyenda? Pues resulta que la tan adorada reliquia de Jesús se le han atribuido varios milagros. Desde hace muchos siglos, se decía que quienes veneraban la reliquia podían sanar de enfermedades graves, razón por la que se formó el culto de devoción. Algunos fieles creían que rezarle al prepucio ofrecía defensa contra guerras o calamidades. En la mentalidad medieval, tener contacto con una parte física del cuerpo de Cristo aseguraba bendiciones, salvación espiritual y gracia divina, ya que como bien se mencionó, era uno de los pocos restos físicos que Jesús dejó en la tierra.

domingo, 14 de diciembre de 2025

La higiene de la Edad Media y el infame desastre de las Letrinas de Erfurt

La Edad Media era sucia, pero a medias. Hay registros que indican que los baños con agua eran poco frecuentes, que el hedor era terrible en algunas zonas y la gente solía tener mugre en la piel. Era un escenario gris, húmedo y lleno de enfermedades. Había suciedad, si, pero la historia es más compleja y polémica, ya que es un tema lleno de contradicciones, creencias curiosas y costumbres que hoy en día nos parecería fuera de lugar, pero en esa época, tenían su lógica. 

Antes de adentrarnos en el tema, hablemos de higiene de la época... En los primeros siglos medievales, bañarse era común. Había baños públicos en muchas ciudades europeas, pero con el tiempo, la Iglesia empezó a ver estos espacios como lugares de "tentación", y su popularidad bajó. También existía la idea de que el agua caliente abría los poros y dejaba entrar enfermedades, así que muchos preferían evitarla. El resultado fue una mezcla rara: algunos se bañaban cuando podían, otros lo hacían muy poco, y otros solo se lavaban por partes. Algo curioso es que, aunque no se bañaran con frecuencia, sí cambiaban la ropa interior más seguido de lo que pensamos. Para ellos, ponerse ropa limpia equivalía a "mantenerse limpios". Para su lógica, si la ropa absorbía el sudor y la suciedad, cambiarla era una forma de higiene. No era perfecto, pero era lo que tenían.

En el caso del hedor, hay que mencionar que la Edad Media olía fuerte. Imaginemos por un instante como era el medio: calles llenas de basura, animales domésticos y no domésticos dentro de hogares o muy cerca de las casas, los sistemas de alcantarillado estaban a la vista y los perfumes se usaban para disimular olores, más no para "oler bien". Así pues, la vida cotidiana estaba rodeada de aromas intensos, y la gente estaba acostumbrada ya a ellos. Lo que hoy nos parecería insoportable, para ellos era parte de lo habitual. 

Uno de los puntos más interesantes es que la higiene no era solo un tema práctico, sino moral. Es decir, gracias a la Iglesia, el hecho de bañarse seguido era visto como vanidad, los baños públicos luego fueron asociados con comportamientos poco apropiados y la suciedad, en algunos casos, se interpretaba como humildad o devoción. Esto creó un choque entre lo que era saludable y lo que se consideraba correcto. Y esa tensión marcó muchas decisiones de la época. En el caso del cuidado dental, era particularmente especial. Los intentos de limpieza era el uso de paños para limpiar los dientes al frotarlos, tambien se solía masticar hierbas aromáticas o el uso de recetas caseras para el blanqueo de los dientes, aunque algunas de ellas eran abrasivas.

Dentro de la misma Edad Media, había enormes diferencias entre regiones, clases sociales y creencias. La polémica surge porque solemos mirar el pasado con ojos modernos. Pero para entender la higiene medieval, hay que verla desde su propio contexto. La Edad Media fue un periodo lleno de cambios, miedos, creencias y costumbres que hoy nos parecen raras, pero que en su momento tenían sentido. Hablar de higiene medieval es hablar de cultura, de religión, de ciencia y de supervivencia. Y aunque nos cause curiosidad, o incluso un poco de asco, también nos recuerda algo importante: la forma en que entendemos la limpieza es cultural, no natural.

Ahora bien, con ese conocimiento y perspectiva de la época que nos sirve de introducción, nos adentramos de lleno en la publicación. Como bien se dijo, la Edad Media fue sucia, a medias, pero lo que ocurrió en Erfurt, ciudad de Alemania, en julio del año 1184, supera cualquier ficción y todo límite de suciedad. El rey Enrique VI (hijo de Federico I Barbarroja y Beatriz, Condesa de Borgoña), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (nacido en la ciudad de Nimega, en Paises Bajos, en noviembre de 1165- fallecido en la ciudad de Mesina, en Silicia, el 28 de septiembre de 1197), rey de Alemania desde 1190 hasta 1197 y emperador de 1191 a 1197, además de rey de Sicilia de 1194 a 1197 por su matrimonio con Constanza I de Sicilia, convocó una reunión (Hoftag) para resolver disputas territoriales y traer la paz en la Iglesia de San Pedro (Peterskirche). A la asamblea asistieron nobles, condes y príncipes, para establecer lazos y acuerdos de armonía, tanto para los poblados como para el propio país. El lugar de encuentro sería en la corte real, en el segundo piso del monasterio.

Habían tantas personas presentes que el suelo de madera del segundo piso no aguantó el peso y cedió. Después que las vigas crujieron, el suelo colapso y los presentes cayeron, rompiendo incluso el suelo del primer piso. Los sesenta hombres fueron a caer, pero no en el sótano de la Iglesia, sino dentro del pozo negro, la enorme fosa séptica del monasterio, que estaba justo debajo de todo. Los poderosos sesenta hombres, representantes del Sacro Imperio Romano Germánico murieron ese día. 

Algunos por heridas graves por la caída de vigas y piedras, pero la mayoría por ahogamiento en excremento líquido. Solo hubieron tres sobrevivientes, entre los que se encontraba el propio rey, que sobrevivió solo porque estaba sentado en el alféizar de una ventana de piedra. Además del arzobispo Conrado de Maguncia, y el landgrave (conde de una tierra) Luis de Turingia.

domingo, 7 de diciembre de 2025

La Leyenda del Fantasma de Si Quey

Cada país guarda historias que han pasado de generación en generación: relatos que nacen entre sus montañas, sus calles antiguas o sus noches más silenciosas. Algunas leyendas sorprenden por su belleza y fantasía; otras despiertan curiosidad con personajes extraños y sucesos inexplicables. Y, por supuesto, están aquellas que erizan la piel, esas que se cuentan en voz baja para no tentar a lo desconocido. Detrás de cada historia hay un pedazo de cultura, un reflejo de los miedos y sueños de un pueblo, y una invitación a mirar más allá de lo que creemos conocer. Hoy conoceremos la Leyenda del Fantasma de Si Quey.

"Si te portas mal, el fantasma de Si Quey vendrá por ti."

Desde mediados de los años 60, en Tailandia, los padres asustaban a sus hijos con una frase que los aterrorizaba. Pero, ¿cuál era la razón de ello? Te contaré su historia.

Si Ouey o Si Uey Sae-Ung, cuyo nombre real era Huang Lihui, fue un jardinero chino-tailandés. Se cuenta que nació en Shantou, China, en el año 1927, y que posteriormente luchó durante la Segunda Guerra en el frente chino-japones. Según registros del gobierno tailandés, Si Ouey practicó canibalismo durante la guerra, comiendo partes de sus compañeros soldados cuando escaseaban los suministros durante un asedio. Luego, emigró a Tailandia después de la guerra.

Durante la década de 1950, Si Ouey, que era muy solitario, trabajó en varios puestos de baja categoría, como su trabajo habitual de jardinero a domicilio, pero pronto se hizo conocido como un asesino en serie convicto. Si Ouey fue acusado de matar a seis niños tailandeses desde 1954 a 1958. Supuestamentes en las ciudades de Tailandia, tales como BangkokNakhon Pathom y Rayong, donde secuestró a sus vícimas, luego las destripó e hirvió, para posteriormente comerselas. 

Si Ouey fue arrestado por la policía tailandesa en 1958, mientras intentaba quemar restos del cadáver de un niño de ocho años llamado Somboon Boonyakan en Rayong, ciudad de Tailandia. Según los registros tailandeses, Si Ouey fue llevado a la prisión central de Bang Kwang, provincia de Nonthaburi, en Tailandia, donde confesó a la policía que se enfocaba en los niños, ya que eran más fáciles de atraer. También supuestamente admitió disfrutar del sabor de la carne humana, pero luego negó ser caníbal. Fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado a tiros por un pelotón de fusilamiento el 16 de septiembre de 1959 a la edad de 31 años. 

Los restos de Si Ouey fueron preservados y utilizados para pruebas médicas antes de ser embalsamado y exhibido en el Museo de Medicina Forense Songkran Niyomsane, en Bangkok, como una advertencia pública. Una muestra real del horror, pensada para desanimar a futuros criminales, ya que la nación estaba en shock. Según algunas fuentes, Si Ouey fue supuestamente el primer asesino en serie en la historia de la Tailandia moderna. Aunque muchos creen que era un hombre inocente de los cargos y una víctima del sentimiento antichino en la Tailandia del siglo XX.

Muchos han cuestionado su confesión y juicio, señalando que Si Ouey no hablaba tailandés y, como tal, es posible que no haya dado una confesión precisa ni entendible, y que se vio obligado a utilizar un traductor durante su juicio. También mencionan el sentimiento antichino, anticomunista y antiinmigrante que también pudo haber jugado un papel en el juicio de Si Ouey.

Durante décadas, los niños crecieron escuchando su nombre en susurros, entre historias que mezclaban mito y realidad, pues se había convertido en una figura de leyenda que asustaba a los niños por sus "acciones" realizadas en vida. Una leyenda de terror usada para disciplinar a los niños traviesos que no querían hacer caso a sus padres. Esto representa una de esas raras ocasiones donde una "leyenda urbana" no era solo un cuento, sino un reflejo oscuro de algo que realmente había ocurrido.

Su cuerpo momificado podía verse encerrado en una vitrina del museo, bajo un cartel que durante años le ha descrito como "hombre que come a personas"al lado de una siniestra colección de fetos, restos humanos y aberraciones diversas.

En agosto del año 2019, el cuerpo embalsamado de Si Ouey fue retirado del Museo de Medicina Forense Songkran Niyomsane, debido a la discusión de una campaña de activistas humanitarios sobre su posible inocencia. En julio de 2020, sus restos fueron incinerados en el templo Wat Bang Phraek Tai, justo en frente de la prisión central de Bang Kwang, en la provincia de Nonthaburi, en Bangkok. Hoy en día, se acepta generalmente que las acusaciones de canibalismo contra Si Ouey eran falsas.