




Renunciar sistemáticamente al conocimiento de la antigüedad es renunciar a poder ir jamás a las fuentes primeras de las realidades de la vida contemporánea y condenarse a la superficialidad. Éste Blog esta realizado para ustedes, que están hambrientos de conocimientos e información. ¡Busca, cuestiona, descubre, disfruta!
















La Edad Media era sucia, pero a medias. Hay registros que indican que los baños con agua eran poco frecuentes, que el hedor era terrible en algunas zonas y la gente solía tener mugre en la piel. Era un escenario gris, húmedo y lleno de enfermedades. Había suciedad, si, pero la historia es más compleja y polémica, ya que es un tema lleno de contradicciones, creencias curiosas y costumbres que hoy en día nos parecería fuera de lugar, pero en esa época, tenían su lógica.

Antes de adentrarnos en el tema, hablemos de higiene de la época... En los primeros siglos medievales, bañarse era común. Había baños públicos en muchas ciudades europeas, pero con el tiempo, la Iglesia empezó a ver estos espacios como lugares de "tentación", y su popularidad bajó. También existía la idea de que el agua caliente abría los poros y dejaba entrar enfermedades, así que muchos preferían evitarla. El resultado fue una mezcla rara: algunos se bañaban cuando podían, otros lo hacían muy poco, y otros solo se lavaban por partes. Algo curioso es que, aunque no se bañaran con frecuencia, sí cambiaban la ropa interior más seguido de lo que pensamos. Para ellos, ponerse ropa limpia equivalía a "mantenerse limpios". Para su lógica, si la ropa absorbía el sudor y la suciedad, cambiarla era una forma de higiene. No era perfecto, pero era lo que tenían.

En el caso del hedor, hay que mencionar que la Edad Media olía fuerte. Imaginemos por un instante como era el medio: calles llenas de basura, animales domésticos y no domésticos dentro de hogares o muy cerca de las casas, los sistemas de alcantarillado estaban a la vista y los perfumes se usaban para disimular olores, más no para "oler bien". Así pues, la vida cotidiana estaba rodeada de aromas intensos, y la gente estaba acostumbrada ya a ellos. Lo que hoy nos parecería insoportable, para ellos era parte de lo habitual.

Uno de los puntos más interesantes es que la higiene no era solo un tema práctico, sino moral. Es decir, gracias a la Iglesia, el hecho de bañarse seguido era visto como vanidad, los baños públicos luego fueron asociados con comportamientos poco apropiados y la suciedad, en algunos casos, se interpretaba como humildad o devoción. Esto creó un choque entre lo que era saludable y lo que se consideraba correcto. Y esa tensión marcó muchas decisiones de la época. En el caso del cuidado dental, era particularmente especial. Los intentos de limpieza era el uso de paños para limpiar los dientes al frotarlos, tambien se solía masticar hierbas aromáticas o el uso de recetas caseras para el blanqueo de los dientes, aunque algunas de ellas eran abrasivas.

Dentro de la misma Edad Media, había enormes diferencias entre regiones, clases sociales y creencias. La polémica surge porque solemos mirar el pasado con ojos modernos. Pero para entender la higiene medieval, hay que verla desde su propio contexto. La Edad Media fue un periodo lleno de cambios, miedos, creencias y costumbres que hoy nos parecen raras, pero que en su momento tenían sentido. Hablar de higiene medieval es hablar de cultura, de religión, de ciencia y de supervivencia. Y aunque nos cause curiosidad, o incluso un poco de asco, también nos recuerda algo importante: la forma en que entendemos la limpieza es cultural, no natural.

Ahora bien, con ese conocimiento y perspectiva de la época que nos sirve de introducción, nos adentramos de lleno en la publicación. Como bien se dijo, la Edad Media fue sucia, a medias, pero lo que ocurrió en Erfurt, ciudad de Alemania, en julio del año 1184, supera cualquier ficción y todo límite de suciedad. El rey Enrique VI (hijo de Federico I Barbarroja y Beatriz, Condesa de Borgoña), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (nacido en la ciudad de Nimega, en Paises Bajos, en noviembre de 1165- fallecido en la ciudad de Mesina, en Silicia, el 28 de septiembre de 1197), rey de Alemania desde 1190 hasta 1197 y emperador de 1191 a 1197, además de rey de Sicilia de 1194 a 1197 por su matrimonio con Constanza I de Sicilia, convocó una reunión (Hoftag) para resolver disputas territoriales y traer la paz en la Iglesia de San Pedro (Peterskirche). A la asamblea asistieron nobles, condes y príncipes, para establecer lazos y acuerdos de armonía, tanto para los poblados como para el propio país. El lugar de encuentro sería en la corte real, en el segundo piso del monasterio.
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Habían tantas personas presentes que el suelo de madera del segundo piso no aguantó el peso y cedió. Después que las vigas crujieron, el suelo colapso y los presentes cayeron, rompiendo incluso el suelo del primer piso. Los sesenta hombres fueron a caer, pero no en el sótano de la Iglesia, sino dentro del pozo negro, la enorme fosa séptica del monasterio, que estaba justo debajo de todo. Los poderosos sesenta hombres, representantes del Sacro Imperio Romano Germánico murieron ese día.

Algunos por heridas graves por la caída de vigas y piedras, pero la mayoría por ahogamiento en excremento líquido. Solo hubieron tres sobrevivientes, entre los que se encontraba el propio rey, que sobrevivió solo porque estaba sentado en el alféizar de una ventana de piedra. Además del arzobispo Conrado de Maguncia, y el landgrave (conde de una tierra) Luis de Turingia.

Cada país guarda historias que han pasado de generación en generación: relatos que nacen entre sus montañas, sus calles antiguas o sus noches más silenciosas. Algunas leyendas sorprenden por su belleza y fantasía; otras despiertan curiosidad con personajes extraños y sucesos inexplicables. Y, por supuesto, están aquellas que erizan la piel, esas que se cuentan en voz baja para no tentar a lo desconocido. Detrás de cada historia hay un pedazo de cultura, un reflejo de los miedos y sueños de un pueblo, y una invitación a mirar más allá de lo que creemos conocer. Hoy conoceremos la Leyenda del Fantasma de Si Quey.

"Si te portas mal, el fantasma de Si Quey vendrá por ti."
Desde mediados de los años 60, en Tailandia, los padres asustaban a sus hijos con una frase que los aterrorizaba. Pero, ¿cuál era la razón de ello? Te contaré su historia.

Si Ouey o Si Uey Sae-Ung, cuyo nombre real era Huang Lihui, fue un jardinero chino-tailandés. Se cuenta que nació en Shantou, China, en el año 1927, y que posteriormente luchó durante la Segunda Guerra en el frente chino-japones. Según registros del gobierno tailandés, Si Ouey practicó canibalismo durante la guerra, comiendo partes de sus compañeros soldados cuando escaseaban los suministros durante un asedio. Luego, emigró a Tailandia después de la guerra.

Durante la década de 1950, Si Ouey, que era muy solitario, trabajó en varios puestos de baja categoría, como su trabajo habitual de jardinero a domicilio, pero pronto se hizo conocido como un asesino en serie convicto. Si Ouey fue acusado de matar a seis niños tailandeses desde 1954 a 1958. Supuestamentes en las ciudades de Tailandia, tales como Bangkok, Nakhon Pathom y Rayong, donde secuestró a sus vícimas, luego las destripó e hirvió, para posteriormente comerselas.

Si Ouey fue arrestado por la policía tailandesa en 1958, mientras intentaba quemar restos del cadáver de un niño de ocho años llamado Somboon Boonyakan en Rayong, ciudad de Tailandia. Según los registros tailandeses, Si Ouey fue llevado a la prisión central de Bang Kwang, provincia de Nonthaburi, en Tailandia, donde confesó a la policía que se enfocaba en los niños, ya que eran más fáciles de atraer. También supuestamente admitió disfrutar del sabor de la carne humana, pero luego negó ser caníbal. Fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado a tiros por un pelotón de fusilamiento el 16 de septiembre de 1959 a la edad de 31 años.

Los restos de Si Ouey fueron preservados y utilizados para pruebas médicas antes de ser embalsamado y exhibido en el Museo de Medicina Forense Songkran Niyomsane, en Bangkok, como una advertencia pública. Una muestra real del horror, pensada para desanimar a futuros criminales, ya que la nación estaba en shock. Según algunas fuentes, Si Ouey fue supuestamente el primer asesino en serie en la historia de la Tailandia moderna. Aunque muchos creen que era un hombre inocente de los cargos y una víctima del sentimiento antichino en la Tailandia del siglo XX.

Muchos han cuestionado su confesión y juicio, señalando que Si Ouey no hablaba tailandés y, como tal, es posible que no haya dado una confesión precisa ni entendible, y que se vio obligado a utilizar un traductor durante su juicio. También mencionan el sentimiento antichino, anticomunista y antiinmigrante que también pudo haber jugado un papel en el juicio de Si Ouey.

Durante décadas, los niños crecieron escuchando su nombre en susurros, entre historias que mezclaban mito y realidad, pues se había convertido en una figura de leyenda que asustaba a los niños por sus "acciones" realizadas en vida. Una leyenda de terror usada para disciplinar a los niños traviesos que no querían hacer caso a sus padres. Esto representa una de esas raras ocasiones donde una "leyenda urbana" no era solo un cuento, sino un reflejo oscuro de algo que realmente había ocurrido.

Su cuerpo momificado podía verse encerrado en una vitrina del museo, bajo un cartel que durante años le ha descrito como "hombre que come a personas", al lado de una siniestra colección de fetos, restos humanos y aberraciones diversas.

En agosto del año 2019, el cuerpo embalsamado de Si Ouey fue retirado del Museo de Medicina Forense Songkran Niyomsane, debido a la discusión de una campaña de activistas humanitarios sobre su posible inocencia. En julio de 2020, sus restos fueron incinerados en el templo Wat Bang Phraek Tai, justo en frente de la prisión central de Bang Kwang, en la provincia de Nonthaburi, en Bangkok. Hoy en día, se acepta generalmente que las acusaciones de canibalismo contra Si Ouey eran falsas.